12 de noviembre de 2008

Observaciones de otoño


Cuando volvía a casa esta mañana, después de la obligada visita a Starbucks, había una chica apoyada en el ventanal de un Banco mandando un sms; ha cruzado la mirada con una chica asiática que llevaba una botella de suavizante para la ropa y conmigo, al que ha mirado con firmeza para devolverme la mirada que le he echado. Iban dos ejecutivas del edificio Beatriz por la calle hablando a gritos mientras otra fumaba en la puerta, que ya es un dolor tener que bajar en el ascensor varias plantas para echar un pitillo de cinco minutos; y ojo, que estas son de las que recuperan trabajo atrasado por la noche, no como Galina, que si está por la noche es porque tiene guardia y se convierte en vampiresa. Si no mirara, inspirado por ‘Manhattan transfer’ de John Dos Passos o por ‘La colmena’ de Cela, no podría contar estas historias de otoño. En los hombres no me fijo porque no me da la real gana, que para eso Madrid es una ciudad con mayor población censada femenina y, también, porque por eso la calle de Ortega y Gasset es una milla de oro: por todas esas chicas que saben cómo mirar y cómo pasear por sus amplias aceras. El otoño es una buena estación porque la gente pulula por la calle buscando algo, mientras que el preterido verano las chicas están veraneando en Ibiza, por lo menos las niñas pijas del barrio de Salamanca. Los días que voy a trabajar por la mañana, veo una muchacha hermosísima que cruza la plaza del marqués de Salamanca, el dueño del barrio el siglo XIX, y que anda a pasos agigantados y con prisas, como si se hubiera levantado tarde y llegara más tarde aún a la oficina. A esa hora las trabajadoras de una agencia de viajes están fumando en la puerta el que será el segundo pitillo del día, mientras Pilar, imagino, se tomará un café calentito antes de ir a su función social. Lo que no es otoñal es el uniforme de las chicas de la agencia de viajes de El Corte Inglés. Argeme (ese es su nombre, por la patrona de Coria) es una chica bastante mona, que viste informal pero a la que le queda todo muy bien; pues no, el verde botella ese no le sienta bien. En fin, que al centro comercial llega la Navidad después del verano, sin otoño; hay que joderse.

8 comentarios:

J dijo...

La metáfora de colmena es de lo más acertada. Desde la novela de Cela y sus veladas alusiones a determinados comportamientos sociales no muy bien vistos a mediados del siglo pasado, parece que poco ha cambiado. Individuos bullendo por calles y bares, conjuntos simples que se vuelven comunes o disconjuntos, condicionados a menudo por circunstancias ajenas a nuestro control dibujando una tómbola de vidas cruzadas como las de Robert Altman. Tienes la cualidad de saber observar, y te felicito por ello. Un saludo.

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

Muchas gracias!!!

Tanais dijo...

Jo tu eres de los mios, no me pierdo detalles, y además me encanta imagi8nar a donde irán, q piensan...bufff, cosas así...

Lo de la navidad en el centro comencial es flipante...cada año antes...q hay crisis!!!! jejejejejejee

Me parto porque Despe ha hecho un mail q hiciste tu...jajajajajajajaja

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

¿Ha hecho un mail? ¿Con qué texto? Mejor... Jejeje... quiero verlo, envíamelo...

Miguel A. dijo...

Hoy he visto en el instituto una obra sobre la Generación del 27 acojonante. Muy divertida, representando a algunos miembros.

Un saludo

pilar dijo...

Lo leo y parece que sea yo la que observa a esas personas. Creo que a todos nos gusta imaginar la vida de otras personas, cómo seran sus vidas y sus trabajos??, qué comeran,a qué hora??, de qué hablaran??, cómo se comportan con sus amigos??, en qué estaran pensando??... Y podría seguir...

Un beso!!

Galina dijo...

Cela "plagió" la Colmena de Manhatan Transfer.. :))
Entrecomillo plagió porque en realidad no fue así pero lo que sí está claro es que la leyó antes de escribir La Colmena y que no fue el "descubridor", como se decía, de una nueva forma de narrar una historia o una serie de historias entrelazadas como es el caso.
Y no soy ninguna vampiresa. Cuando estoy de noche fuera, en mi trabajo, es porque hay cosas que no descansan, como por el contrario sí lo hace la Banca con tan nefastos resultados fruto de ese tipo de relajamientos, y los turnos son de ocho horas (flexibles).

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

Galina: Tranquila, lo de vampiresa va con cariño, ya lo sabes. Mis jornadas son de seis horas... Tienes razón, Cela leyó a Dos Passos y copió el estilo behaviorista o colmena... Besos