
Fue al salir del Starbucks. En ese momento me dio un-no-sé-qué y tuve la imperativa necesidad de salir corriendo, de gritar mi frustración y romper con todo. Claro, que si uno es un alto ejecutivo de banca, tiene un piso de trescientos metros cuadrados y una mujer rubia natural con cuerpo de gimnasio de tan sólo treinta primaveras, sale directamente en la primera página de los diarios, sustituyendo a cualquier primicia política, como ejemplo de tonto-del-pijo -como dicen en Murcia- susceptible de ser encerrado en la residencia de salud mental de Ciempozuelos.
Ese soy yo.
Llegué a casa algo después de las diez de la mañana, cogí mi pasaporte en regla -reminiscencia de la buena educación de clase media que me dieron mis señores padres- y unos dos mil quinientos euros que tenía en el cajón de mi mesa del estudio y decidí largarme a los Estados Unidos de América. ¿Por qué? Lo mismo me daba que me daba lo mismo: únicamente quería huir de una vida convencional, medida por el reloj de la oficina, el de casa y el de la mujer que quise un día...
Ese soy yo.
Llegué a casa algo después de las diez de la mañana, cogí mi pasaporte en regla -reminiscencia de la buena educación de clase media que me dieron mis señores padres- y unos dos mil quinientos euros que tenía en el cajón de mi mesa del estudio y decidí largarme a los Estados Unidos de América. ¿Por qué? Lo mismo me daba que me daba lo mismo: únicamente quería huir de una vida convencional, medida por el reloj de la oficina, el de casa y el de la mujer que quise un día...

1 comentarios:
Ufffff, pues yo me iría a una playa de arena blanca, donde beber piñas coladas mientras tomo el sol...
Beso!!
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