20 de febrero de 2009

Se ha ido la pequeñita sunshine

Se ha ido la ‘pequeñita sunshine’. Lo cierto es que la costumbre de verla todos los días, de saludarla y escuchar el dulce acento que se ha traído de Asturias e, incluso, disfrutar de su sonrisa picaruela cuando le regalaba las chocolatinas que le compraba en Starbucks y que provocaban la envidia de todas las demás, se me va a representar un poco dura, caótica diría yo, ahora que se ha ido. Supongo que será chungo que la vea cotidianamente si la mandan a cualquier centro alejado del centro, valga la redundancia, pero seguiré escribiéndole poemas que ella se harta de pedirme y que yo no quiero que vea, porque la poesía es un poco realidad, otro poco deseo y una migaja de fantasía metafórica que quizá la pequeña sunshine entienda y me critique. ¡Uff! Esa pequeña de veinte años es un cielo con mayúsculas, como cuando se enfada conmigo porque no me impongo (“¿Y tú por qué tienes que aguantar eso?”, me decía) y me ponía cara seria y yo me sonrojaba y me callaba; que lo diga Sonia que era la que nos aguantaba todas las mañanas despotricar de jefes y algún que otro compañero nada compañero. Hace unos minutos se me ha acercado para darme un abrazo, con ojillos casi de llanto porque lo cierto es que otra cosa no tendremos, pero sentido del humor… y me ha prometido que el Tuenti nos seguirá uniendo y que el café que me debe vendrá con tostada. Pero lo cierto es que la voy a echar mucho de menos… La pequeñita sunshine se llama, en realidad, Analía, y es de Oviedo.