
Mira tú por dónde. España es un país envidioso y traicionero… y moroso; y lo digo porque soy español y no renuncio a serlo, sino todo lo contrario, pero es que esto es así. En tiempos de nuestros Austrias esto era el caos; sí, mucha grandeza y todo lo que tú quieras, pero tener de cliente al Rey era estar abocado al impago. Los Fugger sabrán cuánto oro y plata de América les llegó por los intereses de los préstamos. Mucho honor ser proveedor del Rey y luego si se descuidaban caían los buitres del la burocracia “por la gracia del Rey” y te llevaban a la trena. ¡Con un par! ¡Que se lo digan al recaudador Miguel de Cervantes y Saavedra! Ya lo decía yo cuando era profesor de Historia de Madrid: “Estas piedras del Palacio Real aún se deben y no las iba a pagar Isabel II durante la ampliación que hizo, porque estaba tiesa y tuvo que vender las tierras que han dado origen al barrio de Salamanca para pagar sus lujos”. O que le digan al general Spínola, que murió “pobre y sin honor” encima. Hay que joderse. Por eso en nuestros días todo el mundo se asusta: el Ayuntamiento tal, no paga; la comunidad cual, tampoco paga; fulanito se lleva tanto y menganito, después de pasar una temporada a la sombra, sale, lo cuenta y no devuelve la pasta. Igualito, igualito que entonces. El Conde Duque de Olivares intentó meter mano y poner orden en la Hacienda y en la Unidad Nacional: leyenda negra al canto y desterrado a Loeches. Su sucesor en el cargo años más tarde, don Juan José de Austria, hermano de Calitos II “el hechizado”: primer ministro, pone orden, y… ¡va y se muere en menos de años y medio! Es que eso es mala suerte, ¿o no? A Felipe V, que era un Borbón pijo criado en Versalles, pero el Versalles bueno de Luis XIV (su abuelo), vino y no le gustó el Alcázar de los Austrias y le dio por encargar ¡3 palacios, nada menos! (Madrid, Aranjuez y La Granja), que son los que se deben; y digo yo que los sucesores de los canteros de piedra de Colmenar deberían presentarse ante Patrimonio y poner el facturón encima de la mesa. Contaba ayer Arturo Pérez Reverte, refiriéndose a la dichosa España, que un naviero que trabajaba para el rey Felipe IV ni cobró ni le metieron al hijo (era una promesa… “real”) en la milicia y le dieron unos botes que se hundían para compensar lo que adelantó. Lo que no sé es por qué nos sorprendemos de la que está cayendo si esto viene de antes (como dice el señor alcalde de mi señor pueblo cuando tiene que explicar por qué no paga a los proveedores pero se cobra, puntualmente, su sueldazo). Y, a pesar de esto, los Austrias me caen bien, sobre todo el putañero de Felipe IV, que con la misma urgencia que pecaba necesitaba confesor. ¡País!
2 comentarios:
Que bien te ha salido este post.
Enhorabuena.
Los totalitarios da igual que sean Austrias, socialistas, o populares.
¿Recuerdas que Hayek dedicó su obra maestra a los socialistas de todos los partidos?
Ahora que caigo, ¿No te estarás cayendo del guindo?
Menos mal, que sustos me das.
Hola!!
Interesante el blog con mucha literatura. Nunca es lo mismo leer por la pantalla del pc que con el libro en la mano, pero de vez en cuandome paso por blogs de este tipo para disfrutar de un ratito de lectura.
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Un saludo y hasta pronto.
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