Es muy importante saber leer, no únicamente leer. Cuando iba a la Facultad solía leer alrededor de 125 libros al año y unos 50 artículos científicos de Literatura e Historia. Después, el ritmo ha ido bajando, lógica y razonablemente: aquello no era normal, era demasiada hiperactividad. Por aquellas calendas podía meterme en las meninges un libro en una tarde: ejemplo, “¿Quién mató a Palomino Molero?”, novela de Mario Vargas Llosa que me capucé entre pecho y espalda una tarde de un aburrido sábado en que no hice planes. Era muy metódico: leía algo y al concluirlo continuaba con otra lectura distinta. Ese magnífico poso me ha permitido tener en mente, sobre todo en tiempos de oposiciones, el resumen de muchas novelas importantes de la Historia de la Literatura Española. Reconozco que mi amigo Antonio, o Miguel García-Posada, o Luis Alberto de Cuenca, entre otros, tienen lecturas más sólidas y profundas que yo. Hoy suelo hacer lectura simultáneas: mezclo Historia con Literatura y Crítica Literaria. Por ejemplo, ahora estoy leyendo “El enfermo de El Pardo”, del doctor Palma Gámiz, sobre la muerte de Francisco Franco; “Contra natura”, de Álvaro Pombo; y “Rusia y sus imperios”, de Jean Meyer. Los sábados compruebo lo que escriben los colegas de “ABCD” (allí descubrí a Izaskun Gracia, por ejemplo) y a fin de mes leo lo que más me interesa (Historia Contemporánea) de la revista “La Aventura de la Historia”. Pero soy ‘caótico Paco’. La lectura literaria, e incluso la lectura crítica literaria, se debe hacer por placer; hay que tomarse su tiempo y saborear la literatura que nos viene al caso. Hace unas semanas tuve un problema en la web de mi amiga la poeta Lauren Mendinueta: puse en práctica esa aberración intelectual que se denomina científicamente ‘lectura rápida’. Capté la esencia del artículo pero me pasó desapercibida una frase que me recriminó con malos modos otro lector que tuvo que ser censurado porque Ella entendió que no fue justo conmigo. La lectura rápida en un niño es condenarlo a que evapore de su entendimiento la esencia del discurso, como lo es de igual modo para el adulto. Si uno se lee cinco libros al año y los saborea y los asimila habrá hecho un excelente trabajo intelectual. Leer es tan necesario como comer o como respirar; culturizarse y contrastar puntos de vista diferentes es lo más hermoso que nos puede pasar y es el trabajo mejor invertido de nuestra vida. Hay que ser constantes y consecuentes en ello. Y por eso hay que palpar bien la esencia de un artículo o de una novela para poder responder ante la emoción (en pro o en contra) que despierta en el lector. Es necesario, tanto como leer, “saber leer”, “saber cómo leer”, en definitiva, captar la esencia y la estética y eso es consustancial a todo lector.14 de marzo de 2009
Leer, pero sobre todo, saber leer
Es muy importante saber leer, no únicamente leer. Cuando iba a la Facultad solía leer alrededor de 125 libros al año y unos 50 artículos científicos de Literatura e Historia. Después, el ritmo ha ido bajando, lógica y razonablemente: aquello no era normal, era demasiada hiperactividad. Por aquellas calendas podía meterme en las meninges un libro en una tarde: ejemplo, “¿Quién mató a Palomino Molero?”, novela de Mario Vargas Llosa que me capucé entre pecho y espalda una tarde de un aburrido sábado en que no hice planes. Era muy metódico: leía algo y al concluirlo continuaba con otra lectura distinta. Ese magnífico poso me ha permitido tener en mente, sobre todo en tiempos de oposiciones, el resumen de muchas novelas importantes de la Historia de la Literatura Española. Reconozco que mi amigo Antonio, o Miguel García-Posada, o Luis Alberto de Cuenca, entre otros, tienen lecturas más sólidas y profundas que yo. Hoy suelo hacer lectura simultáneas: mezclo Historia con Literatura y Crítica Literaria. Por ejemplo, ahora estoy leyendo “El enfermo de El Pardo”, del doctor Palma Gámiz, sobre la muerte de Francisco Franco; “Contra natura”, de Álvaro Pombo; y “Rusia y sus imperios”, de Jean Meyer. Los sábados compruebo lo que escriben los colegas de “ABCD” (allí descubrí a Izaskun Gracia, por ejemplo) y a fin de mes leo lo que más me interesa (Historia Contemporánea) de la revista “La Aventura de la Historia”. Pero soy ‘caótico Paco’. La lectura literaria, e incluso la lectura crítica literaria, se debe hacer por placer; hay que tomarse su tiempo y saborear la literatura que nos viene al caso. Hace unas semanas tuve un problema en la web de mi amiga la poeta Lauren Mendinueta: puse en práctica esa aberración intelectual que se denomina científicamente ‘lectura rápida’. Capté la esencia del artículo pero me pasó desapercibida una frase que me recriminó con malos modos otro lector que tuvo que ser censurado porque Ella entendió que no fue justo conmigo. La lectura rápida en un niño es condenarlo a que evapore de su entendimiento la esencia del discurso, como lo es de igual modo para el adulto. Si uno se lee cinco libros al año y los saborea y los asimila habrá hecho un excelente trabajo intelectual. Leer es tan necesario como comer o como respirar; culturizarse y contrastar puntos de vista diferentes es lo más hermoso que nos puede pasar y es el trabajo mejor invertido de nuestra vida. Hay que ser constantes y consecuentes en ello. Y por eso hay que palpar bien la esencia de un artículo o de una novela para poder responder ante la emoción (en pro o en contra) que despierta en el lector. Es necesario, tanto como leer, “saber leer”, “saber cómo leer”, en definitiva, captar la esencia y la estética y eso es consustancial a todo lector.
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3 comentarios:
Pues no estoy totalmente de acuerdo contigo. Depende.
El saborear la lectura de algo interesante, o que en principio pueda serlo si, pero de algo que haya escrito algún zascandil, o lamelibranquio... pues no.
Que quieres que te diga.
Un abrazo.
Bueno, hay algo más importante que leer y saber leer y es que aquél que lee lo que lee, le guste leer y, aún más que lo anterior, es que al que le guste leer, le guste leer lo que lee.
Por demás, satisfaciendo eso, saber leer y leer no son muy importantes.
Yo voto por la lectura pausada, quedándose uno con la esencia de lo que lee, eso sí, si te gusta el libro. Obviamente hay otro tipo de artículos o información que requiere ser leída más rápido. No creo que leyendo 125 libros al año te quedases con la esencia... Yo, en cuanto acabo uno, me gusta darle vueltas un tiempo antes de empezar con otro, pensar sobre ello. Porque sé que en cuanto empiece con otro ya no pensaré más en el anterior y es una lástima.
Pero totalmente de acuerdo en que hay que culturizarse.
Besos
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