19 de abril de 2009

Buenos Aires y yo

(En la foto, de izquierda a derecha, los poetas Karina Sacerdote, Héctor Urruspuru y Rolando Revagliatti, junto a mi)

Llegamos a Buenos Aires el domingo 13 y nos alojamos en el Hotel Castelar, que había escogido por mi mi amiga Nuria Jiménez y en el que de octubre de 1933 a marzo de 1934 estuvo alojado Federico García Lorca. A quien primero conocí allí, con la emoción que nos embargaba a los dos fue a Karina Sacerdote; un lujo de persona, la mujer más maravillosa que puede haber en Buenos Aires y en su mundo literario. Nos llevó a comer carne argentina de una extraordinaria calidad (entonces recordé los dos barcos que nos trajo en 1947 Evita Perón cuando en el mundo nos ignoraba y la ONU nos postergó) y nos dimos una estupenda vuelta por la ciudad. Teatros, librerías; ahí tengo el libro de Bioy Casares que tengo que leerme porque le prometí a ella quitarme de encima la manía que le tenía (no se puede ser únicamente borgiano). Al día siguiente fuimos a un recital en el que participaba Rolando Revagliatti y más tarde, en el mismo lugar, se nos unió Héctor Urruspuru, que es un poeta sentido y fabuloso: hacía años que no oía una voz poética, recitando, tan sentida, tan honda... y acabamos en el famoso café Tortoni, justo sentados en el rincón dedicado a Alfonsina Storni y en el que le tomé una foto a Karina para conmemorar la coincidencia. El martes apareció junto a Karina el profesor Ignacio Vázquez, que es, sin duda, el profesor más culto que he conocido: había leído todo, incluso esa literatura del ’14 de segunda línea conformada por Felipe Trigo y otros. Eso sí, le regalé los cuentos de Ignacio Aldecoa, que él no conocía, porque es pecado no haberlo leído. Un amigo más que he traído en el recuerdo. Entré, era obvio, en cientos de librerías... me he traído la poesía de Borges, sí, el amigo de Manuel Machado, el que obtuvo el Cervantes junto a Gerardo Diego. El martes comimos con Juani Roggero que ha publicado un libro original e intenso y que me llamó la atención por sus ojos claros y una cierta timidez que adereza su poesía de intensidad. Bueno, claro, allí por todas partes están Carlos Gardel y Juan Domingo Perón entre otros (qué envidia que no ‘revisan’ su historia -hasta el aeropuerto lleva el nombre de un ministro: Juan Pistarini-). Más tarde conocí a Marcela Collins, la excelente poeta del erotismo y que junto a Ana Merino comienza a despuntar aquello que he bautizado (con éxito y, ahora, orgullo) “Generación Poética del 2000” y el mismo jueves, por San Telmo, apareció Verónica Idiart, una amiga hermosísima de Karina. Sí, claro, traigo miles de hermosos recuerdos y, como pide mi amigo Delfín Córcoles, las pilas cargadas: que en Buenos Aires dices qué ideología tienes y te respetan y te cuidan y te miman igual.

4 comentarios:

Delfin Córcoles dijo...

Ahora solo falta que se note lo de las pilas cargadas.

Saludos.

Isabel dijo...

Qué aventura Francisco, y seguro que te has traído a alguna argentina en el corazón... ja ja. Me alegro de que disfrutaras tanto.
Besos

el maestro del long bow dijo...

... bonita semblanza, foto para el recuerdo sin dudas...
un abrazo.
Urrus.

Rolando Revagliatti dijo...

Bastante "al día" con tu blog, estimado Francisco, llegue aquí, cerca de donde compartimos fotografía, mi saludo más cordial.


http://www.revagliatti.net
http://www.youtube.com/rolandorevagliatti