Me gustan las mujeres. Me gustan mucho las mujeres. Siento una pasión desmedida por las mujeres. La inmensa mayoría de mis amistades son mujeres. Creo que comprendo bien y me identifico plenamente con las angustias, alegrías y anhelos de mis amigas. Pero, no obstante, tengo un problema crítico: la inmensa mayoría de las ocasiones de mi vida no entiendo nada sobre las mujeres. Puedo presumir y presumo de haber conocido a lo largo de mi vida (y sobre todo desde mis tiempos de estudiante universitario) a las mujeres más inteligentes, más interesantes y más inquietantes que se pueda conocer y he tenido la fortuna de poder contar entre mis amigas a muchachas españolas, pero también francesas, italianas, norteamericanas, argentinas, peruanas, chilenas… y añado que también a las más hermosas y a las menos hermosas. Mis relaciones con mis amigas no siempre han sido neutras o diáfanas, sino que unas veces han tenido más comicidad y otras han acabado rotas y enterradas: a la complejidad de muchas de ellas se añade mi perfil frío y canalla, que muchas veces (no intencionadamente) hiere y erosiona. Algunas podrían contar en sus haberes que yo me haya declarado, no necesariamente con fortuna; así como muchas han necesitado de mí en momentos clave de su transcurrir vital. Además de ello, como he hablado en otras ocasiones, el cuerpo de mujer me parece la perfección natural (no necesariamente redundante en la perfección milimétrica), y su mente el mecanismo retroactivo más perfecto que exista en el Universo: ¿cuántas veces no me han reprochado algo del pasado que yo ya no recordaba? A pesar de todo ello: cada día parezco un adolescente de nuevas antes ellas. Me sorprendo, me admiro, me impresiono con sus voces o sus cuerpos o sus sonrisas. Da igual que sean muchachas solteras o chicas desconocidas que veo por la calle. Algún día contaré ciertas situaciones peligrosas con varias mujeres casadas: episodios que te suben el ego pero que pueden terminar muy mal. YO NO NECESITO UNA MINISTRA DE IGUALDAD PARA DARME CUENTA DEL IMPORTANTE PAPEL SOCIAL DE LA MUJER NI DE QUE EL MUNDO IRÍA MUCHO MEJOR SI LA INMENSA MAYORÍA DE LOS PUESTOS DE DIRECCIÓN LOS OCUPARAN MUJERES.29 de mayo de 2009
Sobre las mujeres
Me gustan las mujeres. Me gustan mucho las mujeres. Siento una pasión desmedida por las mujeres. La inmensa mayoría de mis amistades son mujeres. Creo que comprendo bien y me identifico plenamente con las angustias, alegrías y anhelos de mis amigas. Pero, no obstante, tengo un problema crítico: la inmensa mayoría de las ocasiones de mi vida no entiendo nada sobre las mujeres. Puedo presumir y presumo de haber conocido a lo largo de mi vida (y sobre todo desde mis tiempos de estudiante universitario) a las mujeres más inteligentes, más interesantes y más inquietantes que se pueda conocer y he tenido la fortuna de poder contar entre mis amigas a muchachas españolas, pero también francesas, italianas, norteamericanas, argentinas, peruanas, chilenas… y añado que también a las más hermosas y a las menos hermosas. Mis relaciones con mis amigas no siempre han sido neutras o diáfanas, sino que unas veces han tenido más comicidad y otras han acabado rotas y enterradas: a la complejidad de muchas de ellas se añade mi perfil frío y canalla, que muchas veces (no intencionadamente) hiere y erosiona. Algunas podrían contar en sus haberes que yo me haya declarado, no necesariamente con fortuna; así como muchas han necesitado de mí en momentos clave de su transcurrir vital. Además de ello, como he hablado en otras ocasiones, el cuerpo de mujer me parece la perfección natural (no necesariamente redundante en la perfección milimétrica), y su mente el mecanismo retroactivo más perfecto que exista en el Universo: ¿cuántas veces no me han reprochado algo del pasado que yo ya no recordaba? A pesar de todo ello: cada día parezco un adolescente de nuevas antes ellas. Me sorprendo, me admiro, me impresiono con sus voces o sus cuerpos o sus sonrisas. Da igual que sean muchachas solteras o chicas desconocidas que veo por la calle. Algún día contaré ciertas situaciones peligrosas con varias mujeres casadas: episodios que te suben el ego pero que pueden terminar muy mal. YO NO NECESITO UNA MINISTRA DE IGUALDAD PARA DARME CUENTA DEL IMPORTANTE PAPEL SOCIAL DE LA MUJER NI DE QUE EL MUNDO IRÍA MUCHO MEJOR SI LA INMENSA MAYORÍA DE LOS PUESTOS DE DIRECCIÓN LOS OCUPARAN MUJERES.
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6 comentarios:
A veces, nuestra forma de ser y la de los demás no son acordes por mucho que nos empeñemos y tarde o temprano surgen desavenencias que llevan a desmontar esa falsa amistad.
Unas veces tenemos la culpa nosotros y otras, esa persona en la que habíamos confiado.
De todas formas, siempre es bueno mirar el por qué de las cosas, por qué suceden y si ha sido cosa nuestra o no, el que al final, una amistad no llegue a buen puerto.
Estoy de acuerdo contigo Francisco, no nos hace falta una ministra de igualdad para decirnos lo que ya sabemos y tenemos claro.
Creo que alguien al nombrarla se ha equivocado de país, pues aquí ya no nos hace falta, salvo alguna excepción que no sepa todavía que todos, ante todo, somos personas con los mismos deberes y derechos.
Un saludo
"...ciertas situaciones peligrosas con varias mujeres casadas..."
En ascuas...
sin contar que nos pueden regañar a su gusto aun cuando no teniamos la intencion de hacer algo malo
Por desgracia, y discrepando de la opinión de Európides, en nuestro país hacen falta varias ministras y algún que otro milagro para hacer ver la igualdad entre hombres y mujeres a muchos hombres (sobre todo en el ámbito doméstico).
Besos
Puedes leer algo más sobre Coco Rocha aquí: http://vancouverlv.blogspot.com/2009/05/celebridades-que-viven-en-vancouver.html
Las mujeres tienen mucho que aportar, lo lamentable es que no se la pueden creer, es triste pensar en ese sentido de inferioridad que esta culturalmente establecido y que no permite una igualdad entre ambos sexos y menos aun respetar las diferencias entre unos y otros.
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