28 de junio de 2009

¿Queda literatura de humor?



Ya no sé si queda literatura de humor en la tradición literaria española. El gran escritor, dramaturgo, personaje de la literatura de humor en España fue don Enrique Jardiel Poncela. Muchas horas de lectura y de risas mirando fijamente las hojas de sus libros, recordando los pavimentos risueños de “Usted tiene ojos de mujer fatal” o de “Las cinco advertencias de Satanás”. No era disparate; era la vanguardia del humor poco entendida por dos regímenes políticos tan dispares como la República y la Dictadura. Jardiel Poncela falleció sólo, arruinado, olvidado por muchos a los que había hecho grandes dándoles la oportunidad de participar como actores en sus obras o como empresarios que las llevaran a las tablas. No todos: Gustavo Pérez Puig y Fernando Fernán Gómez estuvieron con él hasta las últimas, quizás porque ambos fueron los más agradecidos con los que el maestro se cruzó. Debería nacer para la literatura alguien que continúe con su estela. Una de sus grandes obras fue “Eloisa está debajo de un almendro”, donde escribió: “Mariana más que una muchacha, era una combinación química, y Edgardo tenía la misma distinción innata que Mariana y Clotilde, y es preciso dudar que un príncipe de la sangre bordase a mano con mayor altivez; Micaela se expresaba como si se hallase colocada a mil doscientos metros sobre el nivel del mar”.



Yo trabajé en la obra de Fernando Vizcaíno Casas en mi tesina doctoral. Su autobiográfica y nada humorística novela, “Zona roja”, compartió análisis de la guerra civil con Juan Iturralde y Joaquín Leguina. Durante muchos años leí sus obras; todas llenas de una sátira y un humor heredero de los de Jardiel Poncela, de Tono, de Miguel Mihura, de Edgar Neville. Su pecado original fue ser conservador, que la intelectualidad lo identificara con el franquismo, aunque quien lo conoció jamás ha podido probar que fuera un radical o un extremista, era un señor con gran sentido del humor. “Las autonosuyas”, por ejemplo, te permite carcajearte cada dos página o ver que de verdad la gente se cambia políticamente de chaqueta a la mínima, como en “...Y al tercer año resucitó”. Me apliqué el cuento y deduje que uno puede cambiar de ideas, pero no de bandera. Ahora no sé si queda alguno que se dedique al humor, pero debería haberlo. En uno de sus libros de anécdotas, con fino humor cuenta: “El abogado ha recomendado a su cliente que niegue todas las preguntas que se le hagan cuando preste confesión judicial. Comienza interrogando el magistrado con las llamadas generales de la ley:

-¿Se llama usted Everildo Pomares Paceiro?
- No, señor

3 comentarios:

Apát Lajos dijo...

Sí,AQUÍ, sobre todo en los comentarios.

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

Gracias por la sugerencia... Me alegra volver a saber de ti. Un abrazo.

Lisarda dijo...

Francisco, genial que recuerdes al gran Jardiel Poncela!A los 20 años, con un grupete de amigos con los que nos juntábamos a tomar vino, había un buen trecho de la charla dedicado al maestro y a comentar sus irreverencias.
¿Un satélite de JP no sería Alvaro de Laiglesia? (Salvando las distancias)