
Aquella mirada de juventud era viva; la belleza era la referencia del alma; su cuerpo y su mente se convirtieron en su mejor carta de presentación... el mundo sonreía en cada esquina y la gente parecía magnetizada por sus ojos, o por su sonrisa o, como en muchos otros momentos, tan sólo por el magnetismo de sus palabras. Pasaron aquellas décadas infames e insinuantes; llenas de gloria. Le turbó la madurez, ser adulta, ser ella. Y cuando levantó el teléfono que tanto le había sido servido como ayuda, una operadora le dijo “el número al que usted llama no corresponde a ningún abonado”. Lo siento, lo siento mucho. No hay segundas oportunidades, le comunicó la vida.
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