
Más tarde, en 1577, sus intentos reformistas de las órdenes monásticas le llevaron a sufrir nueve meses de dura prisión en un convento de Toledo, acusado de apóstata. Allí escribió "Cántico espiritual". En otras poesías se puede llegar a entrever, metafóricamente, el relato que hace de su astuta y sorprendente huida de prisión en la madrugada del 15 de agosto de 1578. Para huir de la prisión conventual toledana contó con las influencias que ejercitó Santa Teresa de Jesús ante la duquesa de Alba. A su huida se refugió en un convento de Jaén y continuó con la reforma carmelita, fundando varios conventos por toda Andalucía. Fue nombrado Vicario Provincial de la Orden de Carmelitas Descalzos, pero siguió con la idea de la reforma, lo que le llevó de nuevo a enfrentamientos con la jerarquía religiosa y a sufrir otra vez prisión en el convento de la Peñuela, en plena Sierra Morena, en dónde dio forma a la escritura de sus principales obras literarias. Cuando por fin es excarcelado y se disponía a cumplir con el destierro a América, murió a los 49 años el 14 de diciembre de 1591. 135 años después fue elevado a la categoría de Santo por la Iglesia Católica.
Recomiendo la novela “El místico”, de Pedro Miguel Lamet (La Esfera, 2009) sobre la vida de San Juan de la Cruz.
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