
“Las mentiras, como la omisión, tienen un camino muy corto”.
La vida cotidiana te trae, por norma general, sorpresas que te hacen entender cómo son las personas, cómo actúan y hasta dónde llegan; por tanto, puedes evaluar a esa gente. Sí, al final de cada cosa, de cada camino, uno acaba por enterarse de todo y de dónde ha ido una persona, o un grupo de personas, y por lealtad deberían haberte dicho dónde iban, o por lo menos por cortesía, y no lo han hecho (actuando obviamente de tapadillo) sobre todo perteneciendo a un mismo grupo que nos une por algo. Lo malo es que si acudes a un evento donde hay mucha gente es indudable que no pasas desapercibido. Generalmente yo suelo hacer las cosas con luz y taquígrafos y lo que digo, en dónde lo digo y a quién lo digo es por algo: por trasmitir una información, para el que me la oculta sepa que yo la sé y sólo soy tonto en su imaginación, etc., etc., etc. Cada río que se modifica vuelve a su cauce.
Aquí, en este lugar llamado, denominado o intitulado España, no se premia ni el mérito ni el esfuerzo ni la inteligencia. Aquí lo que prima, y pido disculpas a priori, es la mediocridad, que es el elemento intrínseco que se pliega a cualquier adoctrinamiento. Lo que antes decíamos que era independencia de criterio ahora no sirve; es sólo una falacia o una utopía en la que creemos tres, no más. Quizás en el estado norteamericano de Michigan premie el mérito y el esfuerzo, pero aquí no, por eso nos va como nos va y estamos a la cola de casi todo: sólo basta leer la estadísticas de la UE o de la OCDE.
La programación de la televisión, salvo excepciones, es una mierda. Los sindicatos dicen que hay que subir los impuestos: ¡¡¿esos nos representan a los trabajadores?!!
La vida cotidiana te trae, por norma general, sorpresas que te hacen entender cómo son las personas, cómo actúan y hasta dónde llegan; por tanto, puedes evaluar a esa gente. Sí, al final de cada cosa, de cada camino, uno acaba por enterarse de todo y de dónde ha ido una persona, o un grupo de personas, y por lealtad deberían haberte dicho dónde iban, o por lo menos por cortesía, y no lo han hecho (actuando obviamente de tapadillo) sobre todo perteneciendo a un mismo grupo que nos une por algo. Lo malo es que si acudes a un evento donde hay mucha gente es indudable que no pasas desapercibido. Generalmente yo suelo hacer las cosas con luz y taquígrafos y lo que digo, en dónde lo digo y a quién lo digo es por algo: por trasmitir una información, para el que me la oculta sepa que yo la sé y sólo soy tonto en su imaginación, etc., etc., etc. Cada río que se modifica vuelve a su cauce.
Aquí, en este lugar llamado, denominado o intitulado España, no se premia ni el mérito ni el esfuerzo ni la inteligencia. Aquí lo que prima, y pido disculpas a priori, es la mediocridad, que es el elemento intrínseco que se pliega a cualquier adoctrinamiento. Lo que antes decíamos que era independencia de criterio ahora no sirve; es sólo una falacia o una utopía en la que creemos tres, no más. Quizás en el estado norteamericano de Michigan premie el mérito y el esfuerzo, pero aquí no, por eso nos va como nos va y estamos a la cola de casi todo: sólo basta leer la estadísticas de la UE o de la OCDE.
La programación de la televisión, salvo excepciones, es una mierda. Los sindicatos dicen que hay que subir los impuestos: ¡¡¿esos nos representan a los trabajadores?!!
1 comentarios:
Se premia la mediocridad porque las guías que deberían servir de base a la sociedad han sido creadas por y para mediocres. Se alimenta a los mediocres con espectáculos de gladiadores porque son una masa muy ruidosa y hambrienta. No sólo la televisión, todo está contaminado. Yo estoy contaminada. Y terminaremos cediendo a la mediocridad, no hay escapatoria :P
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