
“A veces tiene que aparecer lo peor para que salga lo mejor”
Miente. No sé qué necesidad tiene de mentir; es demasiado joven para ello, no tiene justificación, pero lo hizo: mintió descaradamente. Su mirada tierna no desprende el resquicio de la mentira, o quizás mira para encontrar en los ojos de enfrente la huella de haber sido descubierta. Unas veces la sonrisa se dibuja tenue y otras la misma sonrisa, teñida de mirada es más cercana. En cualquier caso la verdad espera a la vuelta de la esquina. Quizá el próximo sábado, en el mismo sitio, como siempre.
Critican. Sí, los que viven a cientos de kilómetros; los que se fían de las informaciones del paranoie con manía persecutoria; los que no tienen pruebas ni pueden aportar argumentos en contra. Los que no aportan alternativas. Los que declarando ante un juicio no podrían jurar imparcialidad ni decir la verdad. No, no porque sean malas personas (que son gente válida), sino porque se dejan llevar: esa es la pobreza de su autoestima. A otros los condenarían, recibirían una llamada de advertencia, les cercenarían la libertad de expresión. Ellos critican y caen en gracia. Típico de España.
Soledad. ¿Cuántas personas viven en la inmensa soledad de la gran ciudad? Hoy, un nuevo caso anónimo. Lo sé por una asistente de Farmacia. Los Servicios Sociales (de todas las instituciones: mucha culpa para demasiados) fallan: primero el sueldazo del director, después los medios. La gran ciudad se traga la soledad del anciano, que sufre, llora y padece en soledad, sin un oído presto, sin la compañía que sus arrugas necesitan.
¿Y si probamos a cambiar las cosas? Empezando por los políticos...
Miente. No sé qué necesidad tiene de mentir; es demasiado joven para ello, no tiene justificación, pero lo hizo: mintió descaradamente. Su mirada tierna no desprende el resquicio de la mentira, o quizás mira para encontrar en los ojos de enfrente la huella de haber sido descubierta. Unas veces la sonrisa se dibuja tenue y otras la misma sonrisa, teñida de mirada es más cercana. En cualquier caso la verdad espera a la vuelta de la esquina. Quizá el próximo sábado, en el mismo sitio, como siempre.
Critican. Sí, los que viven a cientos de kilómetros; los que se fían de las informaciones del paranoie con manía persecutoria; los que no tienen pruebas ni pueden aportar argumentos en contra. Los que no aportan alternativas. Los que declarando ante un juicio no podrían jurar imparcialidad ni decir la verdad. No, no porque sean malas personas (que son gente válida), sino porque se dejan llevar: esa es la pobreza de su autoestima. A otros los condenarían, recibirían una llamada de advertencia, les cercenarían la libertad de expresión. Ellos critican y caen en gracia. Típico de España.
Soledad. ¿Cuántas personas viven en la inmensa soledad de la gran ciudad? Hoy, un nuevo caso anónimo. Lo sé por una asistente de Farmacia. Los Servicios Sociales (de todas las instituciones: mucha culpa para demasiados) fallan: primero el sueldazo del director, después los medios. La gran ciudad se traga la soledad del anciano, que sufre, llora y padece en soledad, sin un oído presto, sin la compañía que sus arrugas necesitan.
¿Y si probamos a cambiar las cosas? Empezando por los políticos...
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