9 de febrero de 2010

Algunos trabajos y los últimos días...


Durante un breve paréntesis de tiempo pensé que sí, que las señales encendidas de humo que me llegaron eran evidentes, hasta que recordé aquellas palabras del magistral Sherlock Holmes cuando le indicó al doctor Watson que “allí donde hay humo es que antes hubo un fuego”. No hubo fuego, puesto que las señales indias de humo siempre se transmitieron con los rescoldos, nunca con la viveza de una llama. “Las revoluciones, como los volcanes, tienen sus días de llamas y sus años de humos”, diría más tarde Víctor Hugo. No hago mas que recordar aquella mirada, aquellas manos, aquel gesto de aquellos labios, aquellas intensas palabras... y me parece todo irreal, quizás única y puramente irreal, o no, pero de esto último yo jamás he sabido darme cuenta.

Me han llegado algunos correos electrónicos, incluso de más allá del Atlántico, preguntando si estoy triste o me ocurre algo. La respuesta es... “No”, “sencillamente, no”. Posiblemente esté mejor que nunca, pero he dedicado las últimas semanas a construir (¿idílica y literariamente?) un mito y a deconstruir otro; y eso, aunque no se entienda, lleva mucho tiempo, mucho esfuerzo y una ingente capacidad de adaptación y de mentalización.

Y luego está todo lo demás: los días, los sueños, la autovía, el cuentakilómetros, el cuentarevoluciones por minuto, el paisaje, la evidencia... todo eso.