
A veces pienso cómo será esa persona dentro de unos años, cuando el paso fatigoso e implacable del tiempo se ciña sobre nosotros, molestando esta asquerosa juventud que gozamos; este aliento con el que vivimos, mezcla de energía y tensión arterial que nos somete. Lo pienso y no soy capaz de imaginarme ese futuro, de tal modo que la memoria me impide recordar aquellos momentos que reconocí en mi infancia o aquellas caras que viví una vez y ahora son un anónimo gesto en un asiento del metro, donde dormitan infinidad de personas que van a trabajar o donde leen algún best-seller aquellas otras que sólo tienen un minuto de remanso en el trayecto entre estación y estación. Quizás lo útil sea retener en la retina la imagen insoslayable de la juventud de hoy, para luego no lamentarnos de que una de las jugadas de la vida es que los años y los días transcurren lentamente, pero de forma implacable. ¿Qué será de nosotros dentro de quince años? ¿Qué será de ese rostro joven, de esos labios tersos, de la palabra no meditada dentro de una década? Dicen que el tiempo y el silencio ponen a todos en su sitio, pero en muchas ocasiones el tiempo es muy lento y el silencio es puro grito. No sé. Ojala esté mejor esa persona que lleva unos días de bajón; ojala se pase pronto la crisis; ojala la Literatura no se extinga. Ojala.
1 comentarios:
Ojalá dentro de 15 minutos o dentro de 15 años no tengamos mucho de qué arrepentirnos.
Ojalá esa persona que dices, se sienta mejor. Un abrazo.
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