18 de febrero de 2010

Sigo siendo un verso libre...


Menuda obviedad, para los que me conocéis bien y me leéis, el título de esta entrada y la fotografía que la ilustra.

La amistad, cuando uno reflexiona sobre los sentimientos en profundidad, es el sentimiento más sincero y más profundo, por encima del amor. Sé que comparto con algunos filósofos esa aserción y, por el contrario, otros discrepan de mí. Lo malo es que muchas veces uno invierte en amistad, por encima de cualquier otra cosa, y la otra parte se confunde o te mete en el mismo saco que la inmensa mayoría. Creo que me sigue pasando a diario, que uno siempre va por libre (tratando de ser intencionadamente un verso libre que siempre diga aquello que hay que decir incluso contra el discurso unitario que se implementa en todas partes y que desgraciadamente nos lleva, cada vez más, a un menor grado de libertad individual) y lo demuestra y le parten la cara por lo que hacen otros.

Ayer hablamos un rato Ana y yo. Mi amiga Ana fue gerente de la campaña de UCD en 1977 y está algo depre por la que se avecina. Yo dije que ya no hay gente como Suárez, y en ello quedamos; que antes se hacía y se decía lo arriesgado, lo que era normal a nivel de calle y ahora se hace y se dice lo que ayude a sobrevivir a unos pocos en detrimento de la mayoría. Yo paso de esto último que para eso me han partido mil veces siete la cara por ser arriesgado, impertinente, incómodo e indócil.

No sé si alguien leerá esto, pero cuando invierto en amistad me sorprende que la gente me meta a mi en el mismo saco que a otros: es decir, crea que yo soy como otros. Sencillamente, cuando alguien se ha equivocado conmigo o me ha atacado, yo no he dejado de lanzar señales de humo a nadie ni he culpado del ataque a quien no es. Si tengo que nadar contracorriente, lo haré; pero lo único que me molesta es que la gente me juzgue injustamente o yo pague los platos rotos de los demás.