20 de marzo de 2010

¿Quién es Ella?


¿Quién es Ella? Esa es una pregunta que me hace alguna gente con oportuna puntualidad. Por otro lado, también es algo que yo, habitualmente, repaso en mi mente. Yo también quisiera saber cómo es, en la realidad, esa persona a quien destino algunos de estos post envenenados de irrealidad y de cruel impostura. Ahora es el mejor momento: cuando más desconozco a las mujeres y cuando más me apetece saber de ellas. Es como si la prohibición literaria de abordarlas me llevara a escribir sobre ellas. Procuro acercarme a ellas con precaución, como Sherlock Holmes, para no verme atacado por su cruel mordedura. La verdad es que lo que menos me importa es cumplir las normas: me interesa mucho romper lo que se ha creado para ser roto.

Mira que es difícil muchas ocasiones hilar una buen post. Uno puede escribir una carta, aderezada de señales de humo, a una mujer con ojos de mujer fatal y recibir un sin fin de preguntas acerca de Ella, sin tener en cuenta que aquellos que nos dedicamos a las letras por devoción profesional cargamos muchas veces las cosas de un irreal idealismo. El caso es que hay varias mujeres con mirada turbadora y sonrisa arrebatadora que a uno lo allanan con señales de humo. Y no siempre se tiene que andar enamorado: una cosa es el amor (que posiblemente no exista) y otra la pasión, el deseo o la imperiosa necesidad de relación social.

Hay quien habita al Norte, muy al Norte. O al otro lado del Océano Atlántico. También quien habita frente a mi casa, con sonrisa de mujer fatal. Por otro lado hay quien habita al otro lado del hilo del teléfono, al otro lado de la pantalla de mi portátil. Luego está quien se distingue por sus ojos de mujer fatal. Incluso creo recordar que hay quien habita lejos, a unos trescientos kilómetros, y quien habita con otros habitantes. O la habitante enmascarada por una sonrisa... Uff!!!

Pudiera ser una muchacha de Massachussets o de Madrid. Podría ser una chica de mi pueblo o que habite en el Nueva York de La Mancha; incluso podría ser una ciudadana de Buenos Aires o quizás el sueño de todas ellas; no lo sé cierto o, si lo sé, guardaré la última carta en la manga para ganar la partida.

Tampoco yo sé decir lo necesario en el momento oportuno.

¡Ah! Hoy recomiendo leer a Blas de Otero.