
Está claro que el mundo, hoy, busca imposturas. Necesitamos romper las normas y la irreverencia de decir en la calle lo que en la misma calle es normal. Creo, sinceramente, que hemos de poner final a los discursos encorsetados, a lo políticamente correcto, a lo que vende. Hay que dar paso al sincero frente al acólito, ¿o no? Sobre todo en tanto en cuanto hay cosas que hemos de modificar con la consciencia de que somos una nueva generación en un nuevo momento: no tener miedo del propio miedo.
Si sólo soy yo, un granito de arena del montón,
en un lugar sencillo como la calle
si soy capaz de enamorarme de una mirada
o enloquecer por tu cuerpo;
si sólo soy capaz de reprender a quien se equivoca
tantas veces como pueda rectificar,
o si sólo capaz de defender a la otra mitad
o a la inmensa minoría,
a aquellos que tienen miedo del poderoso...
si no me dan miedo aquellos que no saben hablarme en voz baja,
si sólo soy un labriego en lugar de un príncipe,
o si además de ello soy capaz de pasar desapercibido
entre la multitud
y que en los libros no salga mi nombre;
si mi mano es firme pero te habla a gritos;
si sólo soy capaz de amarte sin decirlo
o si un poema te dice todo cuanto yo aspiro
y si encima vengo y te lo cuento,
entonces esto es el siglo XXI
y no me atenaza miedo
ni la calle...
sólo me turba la esperanza.
Si sólo soy yo, un granito de arena del montón,
en un lugar sencillo como la calle
si soy capaz de enamorarme de una mirada
o enloquecer por tu cuerpo;
si sólo soy capaz de reprender a quien se equivoca
tantas veces como pueda rectificar,
o si sólo capaz de defender a la otra mitad
o a la inmensa minoría,
a aquellos que tienen miedo del poderoso...
si no me dan miedo aquellos que no saben hablarme en voz baja,
si sólo soy un labriego en lugar de un príncipe,
o si además de ello soy capaz de pasar desapercibido
entre la multitud
y que en los libros no salga mi nombre;
si mi mano es firme pero te habla a gritos;
si sólo soy capaz de amarte sin decirlo
o si un poema te dice todo cuanto yo aspiro
y si encima vengo y te lo cuento,
entonces esto es el siglo XXI
y no me atenaza miedo
ni la calle...
sólo me turba la esperanza.
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