20 de abril de 2010

El perfecto loco


Una de los más oscuros asuntos de la Humanidad es entender a la gente, sobre todo a aquella gente que quieres entender; lo malo es que entre fuertes y fronteras no existe un manual de espumas que te ayude a adivinar aquello que necesitas entender, sobre todo lo que dicen unos ojos de mujer fatal, por citar un ejemplo que tenga relación con la imagen de hoy. Esa es la esencia del mundo: la libertad del mundo no la pone la democracia, sino haber nacido. Lo más complejo del Planeta Tierra son sus habitantes, con lo mucho que hay en ellos de convivencia. Por ello, hace mucho tiempo que insistí en no encariñarme mucho con la gente, porque tampoco estoy por la labor de publicar un manual del perfecto loco.

Por mucho que me esfuerzo por entender a muchas mujeres, no logro captar su entendimiento. Del mismo modo que siento miedo cuando la calle opina una cosa y los tertulianos, políticos y palmeros agitan viajas banderas que debimos guardar bajo llave. Es posible que la solución a todo ello esté en volverme profundamente feminista o estrictamente misógino, según el día sea soleado o gris. Y lo otro se resuelve dándole el voto a los perros, que son más inteligentes que muchos tertulianos.