10 de junio de 2010

Lo que turba aburre

Yo, la verdad, sigo perdido. La vida está repleta de gente compleja, que es aquella, para mí, con la que nunca sabes acertar, con la que te encadena una duda permanente y continua, que yo resuelvo (o intento resolver) con el aburrimiento. La verdad es que, si una persona me aburre, pierdo el interés.

El otro día, leyendo algunos poemas de Silvia Plath y de Anne Sexton, dos magníficas poetas norteamericanas del siglo XX, me acordé de algunas otras mujeres de vida compleja, confusa y difícil -generalmente famosas, pero no es la norma. A algunas las he conocido y con la misma intensidad las he perdido voluntariamente: la gente ni puede ni debe nutrirse del dolor, de la confusión o del bombardeo continuo del “atormentamiento” en el que vive la otra parte. Mi ego me lo impide...



Estando a ello, me vino a la mente la actriz (y ahora roquera) Juliette Lewis. Cuando actuó en “El cabo del miedo” y más tarde en una película innombrable (cuyo título nunca acierto a recordar) en la que interpretaba a una joven ejecutiva amenazada por sus vecinos, era una norteamericana deliciosa. Una actriz prometedora, con inconmensurable talento. Luego... “fuese y no vino”.

Hay gente olvidada, como aquella compañera de Instituto modelo de la que, después de COU, jamás supe. O esa otra que después de contar su mal rollo marital desaparece y deja tanta paz como gloria le deseo. Incluso aquella persona que, más allá de una copa y un baile... nada...


Hace ya algún tiempo conocí una mujer fatal, morena de mirada intrigante, de la que alguna vez he hablado y a la que no entiendo; lo intento, me esfuerzo pero... ¡Con lo que yo he aprendido en los manuales!