El otro día, leyendo algunos poemas de Silvia Plath y de Anne Sexton, dos magníficas poetas norteamericanas del siglo XX, me acordé de algunas otras mujeres de vida compleja, confusa y difícil -generalmente famosas, pero no es la norma. A algunas las he conocido y con la misma intensidad las he perdido voluntariamente: la gente ni puede ni debe nutrirse del dolor, de la confusión o del bombardeo continuo del “atormentamiento” en el que vive la otra parte. Mi ego me lo impide...

Estando a ello, me vino a la mente la actriz (y ahora roquera) Juliette Lewis. Cuando actuó en “El cabo del miedo” y más tarde en una película innombrable (cuyo título nunca acierto a recordar) en la que interpretaba a una joven ejecutiva amenazada por sus vecinos, era una norteamericana deliciosa. Una actriz prometedora, con inconmensurable talento. Luego... “fuese y no vino”.
Hay gente olvidada, como aquella compañera de Instituto modelo de la que, después de COU, jamás supe. O esa otra que después de contar su mal rollo marital desaparece y deja tanta paz como gloria le deseo. Incluso aquella persona que, más allá de una copa y un baile... nada...
Hace ya algún tiempo conocí una mujer fatal, morena de mirada intrigante, de la que alguna vez he hablado y a la que no entiendo; lo intento, me esfuerzo pero... ¡Con lo que yo he aprendido en los manuales!
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