3 de julio de 2010

Without fear nor hope


La gente quiere que seas como ellos establecen y ellos serán como ellos quieren ser. Es un juego fatal... Al final, tú estás sujeto a acabar en el foso romano de los leones, no habrá piedad contigo... ellos son siempre ellos. Si tu esquema no es el que esperan, estarás sentenciado. Ni siquiera podrás defenderte: estarás inmerso en un juicio sumarísimo. Final.

A ella le dirán que jamás vuelva a dirigirte la palabra y ella debe obedecer.

Está claro... (¿de verdad ella está de acuerdo?)

No hay independencia: la gente no quiere rebelarse e instituir la LIBERTAD. La gente únicamente gravita en torno al interés de un pedazo de pan misericorde.

En el fondo la vida es un cúmulo de cosas que debes introducir en la minipimer (¿por qué se llama así?) y debes tomar después en papilla para digerirla de la mejor manera posible. En definitiva, hay que estar preparado para cualquier despropósito.

(Cuando llega el verano y el calor aprieta sé que debo huir, porque de lo contrario me pongo de mal humor. Últimamente he tenido que oír comentarios de todo tipo que buscaban, eminentemente, minar la credibilidad o destruir cualquier buen propósito inicial. Es decir, la gente se afana en destruir algo porque sí, sin parar a pensar. Es un deporte muy español, claro. Hemos asistido a muchas polémicas y a muchos intentos de destrucción masiva de la gente, desde Cela a Yolanda Castaño. Nadie).

No hay miedo, por supuesto (el único miedo razonable al que no hay que tener miedo es el miedo al miedo mismo -Adolfo Suárez).

Anoche, en el antro aquel, esa chica, con la tonalidad de piel que el Sol facilita, sirvió de ayuda... Hay que tener fe... normalmente la puerta que se cierra lo hace para no que hay corriente con la que se abre.