15 de septiembre de 2010

Trasgresión



(En la foto, la actriz Irene Visedo)

Parece ser que todo deben ser normas, sobre todo si las has de cumplir tú y los demás saben, desde el principio, que deben incumplirlas: se te exigirá lo que los demás (especialmente quienes invocan las normas) no harán. Para ello está la trasgresión. Sí, sencillamente la trasgresión. Mientras uno no atente gravemente contra nada, la trasgresión le permite salir airoso de las situaciones. Hay normas de obligado cumplimiento (morales y sociales) y hay normas que se pueden romper, o lo que es lo mismo, se deben romper...



(En esta otra, Miriam Sánchez)

Cuando yo pienso algo, hay quien pensará (generalmente por llevar la contraria y tocar las narices) que estoy equivocado y, como no lo estoy, la trasgresión está en ignorar la opinión del otro o mandarlo lejos... (ya saben donde). Así de sencillo. Se ha convertido en norma llevar la contraria u opinar en los bares sobre todo y defenderlo a gritos, máxime cuando el que habla está perfectamente seguro de que lo que dice es hablar por hablar pues no es “competente” en ello. Menos mal que en el diccionario se incluyó la palabra transgresión.