27 de mayo de 2010

26 de mayo de 2010

Más sobre Lengua

“Perder la cabeza” es una expresión que viene a decir dos cosas: 1) que alguien, por despiste, descuido o desinterés, ejercita poco la memoria y, por tanto, va a perder capacidad memorística y 2) que alguien, a sabiendas (y con buenas dosis de irreflexividad), admira o idolatra a otra persona (amor, líder, héroe, etc) ensalzando sus virtudes y rebajando a una mínima expresión sus defectos. La Lengua Española, a pesar de los muchos avatares y contaminaciones procedentes de otras lenguas, es rica en este tipo de expresiones de doble sentido. El otro día, escribiendo el “abstract” en inglés de un artículo mío, no caí en la cuenta de que “golpe de Estado” no existe como tal expresión en la lengua de Shakespeare, sino que se sustituye por la expresión francesa “coup d'état”. Esa es la riqueza de nuestra Lengua y una de las circunstancias de su crecimiento en número de hablantes.


Es muy posible que, ayer, hablando sobre las lenguas de España y la “normalización lingüística” que ejercitan las CCAA, pecase de injusto en la valoración de los años de humos que vivieron el gallego, el catalán y el vasco. Es preciso que aclare que, efectivamente, institucionalmente hubo un férreo control censor sobre el uso normativo de la lengua y con más mecanismos en el caso de la Literatura (y a pesar de la creación de revistas, periódicos e instituciones como la Academia Gallega, para el caso galaico), que perjudicó un uso normal de esa lengua especialmente en los núcleos urbanos más castellanohablantes. No obstante, la tesis que sostuve o quise enunciar es aquella que incide en que las lenguas romances (o no) cooficiales en España no murieron gracias a que se siguieron hablando (sobre todo en el medio rural, pesquero, etc) contra corriente. Y que, por ello, más que una normalización férrea (gramática, ortografía, etc.) también debería realizarse una normalización académica (asunción de nuevos términos, etc) que permita que esas tres lenguas se conviertan en elementos comunicativos preferidos por los hablantes, más que sugeridos por los mismos.

25 de mayo de 2010

¿Normalización Lingüística?


Entiendo por “normalización lingüística” que, en determinadas regiones, no sólo españolas sino también del resto del mundo, un hablante pueda desarrollar, con la misma destreza comunicativa, una absoluta competencia lingüística en dos lenguas. Esto mismo se denomina, comúnmente, bilingüismo, y yo creo que enriquece al hablante, por lo que siempre he defendido el bilingüismo español-inglés en aquellos centros educativos que existen en regiones con una única lengua oficial. Lo peor de ello es que en España hace ya demasiado tiempo que la lengua se ha convertido en arma política, bagaje indispensable entre próceres enconados que quieren marcar como diferenciador algo que, en realidad, aglutina o debe aglutinar. Es decir, que los políticos, en lugar de fomentar la cultura la censuran.

En tres regiones españolas (Galicia, País Vasco y Cataluña) la unificación peninsular bajo el reinado de los Reyes Católicos y, en 1713, tras la Guerra de Sucesión la subida al trono de la dinastía Borbón, el uso de la lengua propia de allí se vio menoscabado, pero nunca eliminado. Sencillamente, si hubiera sido eliminado habría desaparecido esa lengua y, sin embargo, han llegado hasta nuestros días con un interesante desarrollo y escasa contaminación procedente de otras lenguas (aunque sí del castellano). Lo que sí que cercenaron aquellas autoridades fue la plasmación de esas lenguas en obras literarias y, sin embargo, considero que la recepción castellana de las obras de escritores castellano-parlantes como Lope de Vega, Góngora, Quevedo o Cervantes hubiera ensombrecido cualquier obra española en otra lengua. De todos modos, salvo el caso de la lengua vasca, en las otras dos hay una rica literatura, salvo en el periodo comprendido entre los siglos XVI y XVIII.

Luego de todo ello vino la Reinaixenca, etc., y hasta nuestros días todo lo sabido... Ahora bien, cuando hablamos de “normalización lingüística” en términos absolutamente políticos veo una falta de conocimiento absoluta: por una lado es obvio que los habitantes de las tres antedichas regiones deben usar con normalidad ambas lenguas y, en caso de duda, la que establece en primer lugar la Norma Fundamental del Estado, que es la Constitución y no un Estatuto. Y ese caso es el español. Por otro lado, el uso va por caminos diferenciados, pues en los últimos diez años el crecimiento de hablantes, según las estadísticas medias, de las tres lenguas cooficiales, ha supuesto un incremento de 250.000 hablantes en cada caso (lento, a pesar de los esfuerzos), mientras que el español, cuya extensión es mayor por obvias razones transoceánicas, ha crecido 100.000.000, pasando de 400 a 500 millones y siendo ya la tercera lengua del mundo en número de hablantes. Es decir, que sustituir el bilingüismo por un aplazamiento no es más que empobrecer al hablante y no ir contra la lengua española, que crece más allá de planteamientos políticos. Cambiar el bilingüismo por la diglosia es un error que puede acabar con la propia lengua, como ya le ocurrió al Latín.

Eso no quita que yo defienda que en los centros educativos deba impartirse gallego, catalán y vasco; incluso no sólo la asignatura bajo ese nombre, sino algunas particulares como geografía de esa comunidad, literatura de esas lenguas, etc. Pero el español, las matemáticas, la física, etc., pueden muy bien impartirse en castellano o a la libre elección del estudiante. Es evidente que si bajo la dictadura no desaparecieron las lenguas cooficiales a pesar de la imposición, tampoco van a crecer ampliamente esas lenguas por mucho que se quiera imponer por decreto lo que el ciudadano debe adoptar de forma voluntaria. Otra cosa es que el ciudadano elija, porque si elige libremente el catalán, por ejemplo, será muy competente hablando en catalán.

23 de mayo de 2010

Tirso de Molina


¿Fue este discípulo de Lope de Vega superior literariamente al maestro?

Ella, esas otras reflexiones y Charlize

Es complicado, sobre todo porque también uno se acaba cansando de esperar una señal, pongamos por caso. No sé si por otros lugares ya ha ocurrido lo mismo: posiblemente sí. Aquí ha llegado la primavera y, con ella, una serie de circunstancias que me tienen un poco absorto, quizás equivocado o confuso, no sé. Por un lado está Ella, es decir, la mujer con ojos de mujer fatal (permítaseme la redundancia) que cada día está más hermosa, por todo lo cuál no sé qué clase de pacto ha realizado con el diablo. Aunque eso sí, cuando tengo la suerte de verla, porque no está archi-ocupada como siempre, habla poco o la noto como con la autoestima baja. Luego hay otras personas pero es mucho lío hablar de todas. Está también el cansino tema de la crisis, que sí, que comparto, pero es que poner en la televisión alguna tertulia y siempre el mismo tema: nos afecta, lo sabemos, somos conscientes de cómo son nuestros políticos pero... ¡esa tortura! Y luego está el calor... ¡madre mía el calor!

(Por cierto, “el cuerpo”, como tal, salvo omisión, es el de Charlize Theron en “Las normas de la casa de la sidra”).

15 de mayo de 2010

Por decir algo...


¿Os habéis dado cuenta de que lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible?

14 de mayo de 2010

Esto ya pasó hace cien años

Esto ya pasó, y si nadie lo cree, que relea a la Generación del 98. Hace unos cien años, más o menos, la crisis pasó de igual forma, al menos así se puede observar en las novelas de Pío Baroja y Azorín. Los años de humos de aquellos días de llamas, como los de hoy, nos trajeron una serie de acontecimientos que espantan: dos guerras mundiales, la caída de un zar, la implantación del totalitarismo soviético, el nazismo y el fascismo, la caída de Alfonso XIII en España, el fracaso de la II República, la guerra civil... los políticos, como ahora, no estuvieron ni acertados ni a la altura de las circunstancias. Pensábamos que las cosas, aún circulares, no se repetían, pero...


Una foto


11 de mayo de 2010

Usar a los muertos


Pensar tu nombre ahora
envenena mis sueños.

Luis Cernuda


Hablar del pasado, en mi opinión, no es un ejercicio dramático, siempre que el pasado haya dejado de ser un mero acontecimiento personal para adentrarse en el intelectual mundo de la Historia, que no es mas que la ciencia de contar lo que ya ocurrió tal y como sucedió, sin modificar punto o coma alguno. Lo que pasa es que, al hilo de la Memoria Histórica, los familiares cumplen con aquello que acabo de definir y los políticos y algunos intelectuales (que no ejercitan el intelecto en sí) usan a los muertos como arma arrojadiza.

Ayer quise exponer mi opinión sobre la polémica suscitada por Almudena Grandes con Joaquín Leguina al contestar con un artículo otro artículo previo del ex presidente de la Comunidad de Madrid. Si bien ambos escritores han leído, tengo para mí, la maravillosa novela de Juan Iturralde, “Días de llamas”, no se puede usar como propiedad de uno mismo -tal como hizo la autora de "Las edades de Lulú"- la memoria del excepcional poeta del ’27 Luis Cernuda.

La opinión política, por desgracia, ha condenado en nuestro país a una serie de escritores por haberse postulado por uno u otro bando de la guerra civil. Es el caso de Segundo Serrano Poncela, escritor y filólogo, que murió en el exilio y que no ha cosechado buena prensa por haber sido el ayudante de Santiago Carrillo cuando lo de Paracuellos. Lo supiera o no lo supiera el político comunista en su bunker del barrio de Salamanca, Serrano Poncela puso su firma a aquellos documentos de “puesta en libertad” que llevaron a los presos, entre ellos a Muñoz Seca y a Maeztu, a las fosas de Paracuellos y alrededores. No se recuperó su memoria tras la muerte de Franco pero tampoco se pudo defender cuando su ex jefe le cargó los muertos a él.

Otros dos intelectuales padecieron idénticos olvidos: Dionisio Ridruejo y Mercedes Formica. Como fueron intelectuales cercanos a José Antonio y luego se enfrentaron dialécticamente a Franco, incluso yendo a la cárcel como el soriano, ni fueron estudiados mientras duró el régimen anterior ni después de muerto Franco. O eran opositores conniventes con los rojos o eran fascistas irredentos.

¿Y Ángel María de Lera? Lo mismo: hizo la guerra como anarquista y como le dio por publicar novelas de gran calado intelectual y excepcional prosa bajo el franquismo, o era un rojo o era un colaborador de los fascistas. Lo que escribía ayer que le pasaba a Cela: como ahora ya está muerto pues a quitarle mérito y a decir que se ofreció a los nacionales en 1936, sin recordar lo mucho que hizo por la literatura del exilio a través de “Papeles de Son Armadans”.

Lo peor de apropiarse a los muertos, en este caso escritores, es que unos y otros jamás los han leído ni se han acercado a su biografía ni han intentado comprenderlos, porque de lo contrario no se aherrojaría nadie la capacidad de establecer quien traiciona la memoria de Luis Cernuda.

10 de mayo de 2010

Polémica entre escritores


Dos artículos de Joaquín Leguina y Almudena Grandes en El País.
El pasado día 24 de abril Joaquín Leguina escribió un artículo en EL PAÍS titulado “Enterrar a los muertos” en el que desarrollaba una serie de argumentos que suscriben la inmensa mayoría de los españoles. Allí se basaba en cuatro argumentos sólidos y ponderados, como suele ser habitual en él, para justificar la mesura al hablar de la guerra civil: 1º que la Ley de Amnistía fue un esfuerzo de generosidad por parte de todos y no un paréntesis como quieren establecer muchos; 2º que en los dos bandos hubo canallas que cometieron actos criminales al socaire de ideologías o poderes que no emanaban mas que de sí mismos; 3º que algunos republicanos no deben incluirse dentro del homenaje a la gente de bien (García Atadell, por ejemplo) y 4º que, efectivamente, no todos los votantes y simpatizantes del PP son añorantes del franquismo. Creo que estos argumentos son fácilmente asumibles por cualquier ciudadano español republicano o monárquico, de izquierdas o de derechas. Pero... salió la voz discordante.

La magnífica (y politizada -lo cual no es impedimento, dicho sea escrito al caso, ni le resta calidad a su literatura) escritora Almudena Grandes, autora entre otros de “Las edades de Lulú”, sale al paso de lo escrito por el ex presidente de la Comunidad de Madrid (en otro artículo titulado “La condición miserable” en EL PAÍS también) hablando acerca de que Leguina era muy dócil cuando ejercía el poder ejecutivo en Madrid y poco más que ha variado su postura en la actualidad. Creo que la escritora no recuerda la indocilidad de aquel líder de la FSM que resultaba una china en el zapato de Felipe González, que siempre hablaba alto y claro (recuerden sus manifestaciones sobre Rodríguez Zapatero) y resultaba incómodo. El caso es que, estando yo en desacuerdo con Almudena Grandes, no voy a entrar en desmentir su postura política aunque sus argumentos no sean elegantes ni hayan sido pensados antes, como sería de esperar en intelectuales. Sí analizaré, por otro lado, la referencia a “Días de Llamas”, la magnífica novela de Juan Iturralde sobre la que hablé en mi Tesina Doctoral que me valió el DEA.

Dice Almudena Grandes que no conoce ningún caso parecido al que plantea el autor salmantino en la figura del protagonista de la novela. ¿Significa eso que la escritora opina que el argumento de la novela es pura ficción? ¿Significa eso que la escritora plantea que todos los que iban a las checas de Madrid si tenían apoyos salían vivos? Creo recordar que con posterioridad a 1937 ocurrieron muertes como la del protagonista de “Días de Llamas” en los dos bandos, por lo que le recomiendo un lectura sosegada de EL PAÍS del 4 de noviembre de 2007.

Ahora bien, aherrojarse el derecho a establecer quien traiciona o no traiciona a Luis Cernuda, acusando a Leguina de haberlo abandonado por aquel título de “Tu nombre envenena mis sueños” me parece fuerte, porque a nadie he escuchado ni leído, últimamente, reconocer a Camilo José Cela el haber hecho uso de “Papeles de Son Armadans” para que se escuchara la voz y se leyera la literatura del exilio en la España franquista. Eso sí, que se ofreció voluntario a los denominados nacionales... Creo que el leer, seguir y aplaudir la Literatura es consustancial al lector, al intelectual, y uno no traiciona, por ejemplo, a Federico García Lorca porque prefiera el creacionismo de Gerardo Diego antes que el surrealismo del granadino.

Cambiar de chaqueta


He perdido el texto del post de hoy; un extraño fallo informático me ha dejado sin la reflexión sobre cambiar de chaqueta y la gente que muda de cara según sople el viento. De tal modo que de todo ello lo único que queda es esta imagen, que además fue ilustración hace poco de una novela.

8 de mayo de 2010

1 de mayo de 2010

Gente "pa tó"


Puede ser que sí o puede ser que no. Se habla del incierto comportamiento, amoral según las críticas, que mantienen ciertas personas de la sociedad para obtener sus logros personales. Considero que como el mundo es variado ocurrirá de todo: gente que obtiene por méritos propios las cosas, sin deber nada a nadie, y gente que utilizará artimañas más o menos conscientemente para llegar hasta donde se propone. En caso es que en los foros de opinión siempre se destaca lo amoral, inmoral o poco ético, según queramos denominarlo, pero es porque se mide desde una óptica que no es la de quien ha actuado, puesto que es este el que debería actuar. Yo conozco o sé de gente de todo tipo y es que ya decía Belmonte, el torero, que “hay gente pa tó”.