7 de enero de 2011

Amores de urgencia


Es un verso. "Amores de urgencia" es un verso de un poema que he leído recientemente y cuyo autor no recuerdo, de tal modo que si lee esto que lo diga, que manifieste la posesión intelectual del verso que no he robado, simplemente he parafraseado. Tampoco es que se halle en mí la emergencia del amor (suponiendo que el amor exista, que me caben certeras dudas), pero sí que me viene a la mente la urgencia con la que vivimos muchos actos que significamos como de amor y que vaya usted a saber bien qué sentimiento o pulsión nos atenaza cuando pensamos en ello. A mí me vienen a la mente varios nombres de varias mujeres que han pasado por mi vida; es decir, mujeres vividas de una u otra manera y que han dejado huella por lo malísimas que eran o por lo contrario, ni lo recuerdo ni me paro a pensarlo tampoco. Simplemente consumimos mucho tiempo de nuestas agotables vidas en pasarlo francamente mal (y quien diga lo contario miente) por algún sujeto (¿existe la palabra sujeta para adecuarla al lenguaje político?, suponiendo que los políticos sepan usar el lenguaje, que esa es otra...) que jamás va a volver a intervenir ni para bien ni para mal en nuestra vida. Dicen por ahí (hay estadísticas para todo) que a lo largo de nuestra compleja y apretada vida conocemos a unos setecientos individuos, de los cuales solemos rodearnos habitualmente de unos setenta o por ahí... bien, pues le damos importancia a los amores de urgencia. A la mirada de urgencia que solemos usar para hacernos creer a nosotros mismos que quien no merece la pena es el ombligo del mundo (y todos deberíasmos saber que el ombligo del mundo es Paris Hilton) deberíamos ponerle gafas. No existen los amores de urgencia y si existen deberíamos cambiarlos por fraternidad, ya que los romanos, que inventaron la palabra, no se equivocaban tanto.