
La verdad es que todos tenemos días malos; esos que la gente pija dice “días tontos” para distinguirlos de otros, pero la realidad es que deberíamos llamarlos “días en que estoy de mala uva”. Nos pasa, cierto, somos humanos y no podemos abstraernos. A mí, generalmente, los días esos me afectan por la gente, por ese tipo de gente que tiende a amargarte el día con comentarios insulsos o, en su defecto, comentarios hirientes. Vamos, gente criticona que se cree en el horripilante plató del programa “Sálvame” con los horripilantes contertulios, que giran en torno a la mediocridad, la mendicidad, el delito y la chabacanería y que nos hacen tener la peor programación televisiva del mundo occidental.
Menos mal que nos queda la lectura. Me voy a leer próximamente una biografía de Abraham Lincoln, distinta a otra que me leí hace años. Siempre me ha parecido un personaje fascinante, un político íntegro que de la nada consiguió presidir su nación (en muchas cosas ejemplar pese a la propaganda negativa que tiene EE.UU. aquí y que se debe a la desinformación de algunos pocos que se quieren apropiar de la intelectualidad global) que consiguió acabar con la esclavitud y consolidar un país.
Menos mal que nos queda la lectura. Me voy a leer próximamente una biografía de Abraham Lincoln, distinta a otra que me leí hace años. Siempre me ha parecido un personaje fascinante, un político íntegro que de la nada consiguió presidir su nación (en muchas cosas ejemplar pese a la propaganda negativa que tiene EE.UU. aquí y que se debe a la desinformación de algunos pocos que se quieren apropiar de la intelectualidad global) que consiguió acabar con la esclavitud y consolidar un país.
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