18 de abril de 2011

Recuerdos de infancia en primavera


Cuando llega la primavera siempre afloran los recuerdos de la infancia, cuando éramos niños y nos preocupaba salir a la calle a jugar, sin miedo; cuando nos inventábamos lo que íbamos a ser de mayor, cuando decíamos que tal o cual compañera de clase iba a ser nuestra novia, cuando los caminos indescifrables de la vida aún no nos habían presentado sus caras, la buena de las sonrisas y la mala de los sinsabores. Además esta primavera, por vez primera desde mi adolescencia, no me voy a ocupar ni preocupar por nada que sea político: sencillamente he realizado un ejercicio de respiración profunda que me lleve a disfrutar de lo humano... y de lo literario, con la fortuna de saberme independiente porque lo aprendí en la Universidad, rodeado de un grupo humano que era genial, de todos aquello que hoy no sé dónde están pero que eran y son los mejores. Sí, los recuerdos de la infancia siempre son los de una abuela que te prepara la merienda que te gusta, limpiar el tambor para la tamborada escolar, no hacer los deberes, querer ser algo que el tiempo te ha mostrado equivocado porque prefieres otra cosa, los amigos de entonces, las riñas de tu madre, el tener que ir a la escuela y no enterarte de nada, las tardes jugando en la calle, que el regalo más preciado fuera la bicicleta; todo eso... Todo eso me viene ahora junto a unos nombres, junto a la certeza de no haberme equivocado al conocer a otra tanta gente... como Mamen o Susanna. Y todas aquellas chicas que cruzaron su mirada en mi camino y que amé u odié o simplemente fueron ellas. Sí, todo eso... Ojalá la música sepa expresar aquello que ahora no puede decir mi lenguaje.