
(Quede claro, a priori, que a Mar Saura, si pudiera, la elegiría amiga).
Los días van pasando e incluso las semanas y, por añadidura, los lustros y, cada cosa, para lo bueno y para lo malo, se va poniendo en su sitio. Y dice el adagio popular que los amigos los elige uno y los enemigos te vienen solos. Me cuesta hacer comprender a quienes preguntan (indiscretamente) que entre la lista de amigos que me precio de tener gente totalmente distinta a mi: gente que va por libre, intelectuales de izquierdas, poetas de derechas, ateos colaboracionistas, católicos practicantes, mujeres fatales (rubias, morenas, sonrientes, con mala leche...), agricultores con sabiduría ancestral... y a la gente que me cae mal ni la nombro. A las personas que no lo entienden y piensan que la independencia y la libertad de uno está en la capacidad de ser sociable, en la máxima universal de que lo primero son las personas y luego las ideas y las formas de vida, el único mensaje que se les puede enviar es la indiferencia.
Me pongo a escribir y me surgen varias cosas: Sabina Casarova como personaje de un cuento ambientado en los años '40; una crítica literaria sobre el último libro de Julio Llamazares para Literaturas.com (http://www.literaturas.com/); un post que no pienso escribir sobre las idioteces de un columnista de un diario infumable; Mamen y su mundo perruno y Susanna, la desaparecida eterna (a estas dos también estoy por introducirlas en el relato anterior junto a Sabina); que es mejor largarse a ver el fútbol que hoy promete (y voy contracorriente); que estoy harto de política y que hay que ver lo monísima que está Mar Saura en la foto de arriba. Pues eso.
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