
El año pasado pasé -invitado por mis amigos- el verano en el pueblecito de Allbar, en Castilandia del Sur, y allí fue donde conocí a aquellas comadres insoportables; niñatas de veinte años, semi analfabetas, demasiado flipadas de sí mismas, creyendo ser hermosas e interesantes para la Humanidad entera. Pienso en una cuyo cuerpo era superlativo, nariz aguileña adornada con gafacas tipo mosca; una preciosa ni-ni que no había leído en su vida más que algún titular de revista rosa, pero se desenvolvía por el Paseo de la Alameda como si se tratara de la mujer más excepcional del planeta: miraba por encima del hombro creyéndose la reina de Saba. Iba generalmente con dos amigas: una rubia atrevida -digo atrevida porque se presentaba a sí misma como la beldad más excepcional de la comarca de Whitout- que apenas podía utilizar diariamente treinta o cuarenta vocablos distintos, repitiendo cada cinco minutos palabras carentes de sentido. La otra acompañante, una chica desvencijada, con pantalones bombachos, se apreciaba a sí misma como la "más mejor", redundando absurdamente en su belleza, que tapaba sin duda con potingues y afeites de botica, pese a su corta edad.
Y digo esto porque un día llegó por el lugar mi amigo el señor duque de Allbar, que venía a pasar la canícula sahariana en su pueblo natal. El muchacho, estudiante de economía en Oxford, residente en invierno en la capital de Castilandia del Norte, adinerado y de porte excelente, tenía la costumbre de llamarme por las tardes, con la finalidad de establecer interesantes conversaciones -a veces metafísicas- y pasear por la Alameda, núcleo de vida social del pueblo. Días había que se nos unían el vicario, el maestro y el aprendiz de botica, e incluso jugábamos al póquer.
De tal suerte que el señor duque se nos enamoró de una de aquellas ni-ni, indudable dama de Allbar enamorada de sí misma, a pesar del andar caballuno y la sonrisa mediocre. Le envió varias notas, intentó coincidir con ella en los mismos antros -pubs y botellones les llaman allí- e incluso se declaró literalmente: en persona y por sms. Y no hubo nada. Parece ser, según nos comentó una criada de la posada, que lo despreció claramente. Le resultaba aburrido:
- Y además -dijo- no es extranjero.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada