20 de junio de 2011

"Personajes para una boda"



Hace un mes estuve de boda; se casaban mis amigos John y Mary. Confieso ser reacio a asistir a esos eventos, en los que la alegría desbordante del nuevo enlace -marriage, en inglés- facilita que algún invitado algo beodo pierda los papeles o la compostura, según sea el caso -e incluso se den en él ambos estados-, y monte un circo. Pero claro, se casaban John y Mary, dos estupendos antiguos compañeros de Facultad, cuando desarrollaba mi doctorado en Yale. Además, tampoco tenía que hacer nada mejor ese día, así que me armé de valor, me puse un traje algo raído ya por los múltiples eventos a los que había asistido -y las diversas manchas que hubieron de sacarle en la lavandería- y acudí al jardín de la preciosa casa que tienen en Brooklyne, Massachussets: su nidito de amor.


En esos saraos -como los denominamos en España- siempre hay gente típica y constatable: la tía del novio, que cuando va beoda baila con todos los jóvenes; la abuela viuda que se acuerda del abuelo muerto hace décadas y no para de llorar; el tío gracioso que cuenta chistes sin gracia; la tía abuela que te pregunta si tienes novia y cuándo te vas a casar y te pone cara circunstancial cuando le dices que estás soltero -single, en inglés-; el primo que ha bebido demasiado y babosea a las invitadas más jóvenes; está, del mismo modo, el amigo que ha engordado y ha ganado libras de peso; la invitada con un vestido risible y pamela gigante; los señores que nada saben de conjuntar las corbatas; el primo lejano que come por tres y la pija que apenas prueba bocado porque está haciendo dieta; etc. Un variopinto conjunto de seres humanos repetibles en cada una de las bodas a las que he asistido; una fauna realmente notable.


¡Ah!; y se me olvidaba el preguntón:

- ¿Y tú por quíen vienes, por el novio o por la novia?