
No hay nada cerrado en esta vida, por mucho que la cultura nos haga estar apegados a la tierra, a la gente, al perro, al gato o a las cosas inmediatas que nos rodean; y si, encima, no eres de esos que te apegas a lo insignificante, al qué dirán (los otros) y al esto es así o de esta otra forma, llega un día en que te levantas... Dijo un tipo de esos que piensan bien que la suerte te espera allí donde uno vayas a buscarla. Y Frank es uno de esos... uno de esos hombres de acción cuya acción es, simplemente, saber moverse. Y no le va mal.
Pongamos que Frank es uno de esos tipos que provienen de uno de esos otros países en los que reina "el qué dirán", la maledicencia, el paletismo traducido a una mala televisión llena de torpes encumbrados a la máxima expresión que nos adiestran... y en el que el esfuerzo pesonal e intelectual se valora para lo mismo que sirve el papel higiénico. Por eso, aquella mañana cuando despertó de la nebulosa en que se veía atenazado, decidió probar suerte... descartó de antemano Italia o Grecia, no sabe por qué -yo, sí-.
Y entonces recordó que su prima María vive en Nueva York.
(Para Arturo Pérez Reverte, que sí habla alto y claro).
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada