
Todos los días igual; todas las semanas la misma rutina; siempre, siempre la misma mierda de vida. Cada cierto tiempo los mismos reproches, las mismas malas leches, las mismas caras de insensatez. Me voy encerrando -yo, un tipo que aún ha de darlo todo, todo lo mejor...- en mí mismo, mecánicamente; de casa al trabajo, metro, el café en el mismo bareto de mierda; el puñetero y parcial periódico gratuito de todos los días; la misma tartera con la misma tortilla fría y seca. Los mismos papeluchos: subvenciones, fotocopias, gritos, sms de móviles, llamadas de gente acojonada ante el futuro. ¡Un día salgo loco!
Hay quien echa pestes de los Unites porque queda guay decirlo: sí, bajo el modelo del paro vivimos mejor -'por las narices', como diría el portero del cuarenta de Velázquez-... Juro que un día lo dejo todo y me subo a un vuelo de Iberia rumbo a Nueva York y me instalo en Brooklyn o en Manhattan... en Queens no ni en el Bronx tampoco; igual un apartamento en el Village si es tranquila la calle. Primero curro en una librería o algo así y luego doy unas clases de español... y cuando tenga pasta aplico en un College. Y a vivir... y a dejar atrás la misma monotonía de siempre: que no te reconozcan, que no te valoren si no eres hijo-primo-hermano o 'lameculos de...' sino que digan "este tío vale" y te den lo que te mereces y que una tipa te quiera por lo que eres y no por lo que aparentas, que suele ser que tienes un carro estupendo que vale un pastón y que no puedes pagar... ¡Joder, las letras! "Me voy, sabes, mañana en lugar de ir al Sturbucks me subo en el avión".
-¿Por qué no lo hago? Porque en el fondo quiero a esta tía que me trata como una mierda; joder, que la quiero y no se entera que si no cojo el puto vuelo a Manhattan es por ella.
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