26 de agosto de 2011

"Frente de Madrid"



Cuando los nacionales empezaron a bombardear Madrid y el gobierno se fue a Valencia, yo me quedé en la capital para transmitir ciertos informes al Cuartel General de Burgos. Al principio sentí miedo, puesto que un proyectil mata a otros como te hiere a ti mismo, pero me habitué a ello y salí adelante. Lo teníamos claro: el barrio de Salamanca era zona franca, el resto era susceptible de ser aniquilado. Orden del mando.


En el Paseo de las Delicias aquel día se hizo el caos. Los cascotes inundaban la calzada, en donde se mantenían inertes algúnos cuerpos, que se conservaban macabramente gracias al frío y a la nieve. Los comercios conservaban el genero polvoriento en el escaparate, de antes del asedio. De algunas casa faltaban los más, paseados por las milicias; y los que quedaron quizás perecieron bajo las bombas. Las caras lúgubres y el vestir demasiado ancho: hambre y miseria. Los nacionales en la Casa de Campo. Y yo de paseo, mirando acá y acullá para transmitir desde el piso franco de la calle Serrano.


La miliciana estaba embarazada y se puso de parto allí mismo. Estaba sola, pues acaba de sonar la alarma antibombas. Pude dejarla sola allí, o pegarle un tiro: mira, la guerra es así, o tú o ella. Igual perdonas y después la encuetras empuñando el fusil contra ti. Y luego, mira que traer un crío al mundo así, en guerra y entre escombros. Alguna gente pasaba, corriendo a los refugios, pero dejaron a la muchacha sola. La miraban con miedo y con desprecio. Y los aviones nacionales surcando el aire.


Me agaché y la ayudé a introducirse en un portal. Una mula de carga muerta llevaba sobre sí una manta, que tomé para ponerla entre las piernas de la madre. Busqué agua en el chiscón del portero y le pedí que no dejara de respirar acompasado, pero que mordiera el puño. Debía tener unos dieciséis o diecisiete años. Al poco empezó y terminó todo y le salió de dentro un crío enorme y rubio. La subí a uno de los pisos y la acosté, previa amenaza a la dueña de que en caso de no socorrerla le metería un tiro al día siguiente. Prometí volver más tarde.


Pero tuve que ir a Burgos.