28 de agosto de 2011

"Mi perra, entre otros recuerdos"



De pequeño tenía una perra ratera, aunque jamás la vi cazar un ratón. Vivía en la granja de mi abuela (situada, como en el resto del poblado, en la parte trasera de la casa), entre gallinas, conejos y cerdos, estos últimos los seres más estúpidos de aquella granja manchega. Creo que mi perra ha sido hasta hoy la única hembra que me ha entendido, porque de tan vaga únicamente se acercaba a mí y me rechupeteaba hasta la saciedad. Y se murió de vieja, claro, muy vieja, porque comía lo mismo que yo, lo que sobraba de la mesa, no como ahora, con tanta tontería para los perros que yo creo que los están volviendo tontos (y eso que son bastante inteligentes) de tanto bote y granos y chorradas de esas.


Mi abuela guisaba como todas las abuelas, para un regimiento, y, obviamente, siempre sobraba de todo: las gallinas se comían las mondas de sandía; los cerdos se alimentaban, además del pienso, con las mondas de otras frutas que no fuesen sandía (que si no les daba cagalera); y la perra con lo demás: hoy un plato de arroz, mañana lo que sobra de un guiso, pasado mañana con la mitad de una pechuga de pollo a la plancha. ¡Esos sí que eran animales! ¿Alguien vio alguna vez a algún granjero manchego desde Don Quijote maltratar un animal? No.


Ahora se meten en tu casa los de Greenpeace y te sacan la pasta: mi padre era el veterinario de la parte de la granja destinada a los cerdos; él administraba la medicación e inyectaba lo que se aconsejaba por el veterinario. Mucho antes habían hecho eso mis antepasados: muleros, pastores... Ahora te sacan una pasta los veterinarios: mi abuela era iletrada y nada más mirar un animal te decía cuál era su mal y se le daba lo que decía. "Nene, trae manzanilla", o "quítale el agua, que eso es de beber", etc. La España de Felipe II en su esencia de los ochenta.


Lo que nunca perdonaré a mi perra fue lo que descubrí aquella mañana. Me madaron a recoger los huevos que habían puesto las gallinas. Ese día, imagino, el menú sería a base de huevos fritos o cocidos o yo qué sé. La muy perra, nunca mejor dicho, se me adelantó: cuando llegué se había tomado una buena ración de huevos crudos y a mí me dejó sin almuerzo.