20 de agosto de 2011

"Un cambio de sentido"



En aquel momento, en aquella noche, en la Plaza..., lo vi todo claro: sus ojos dijeron una cosa y sus labios la contraria. Me sentí mal, muy mal, y decidí el cambio de sentido en la marcha, a una velocidad constante.


Lo aprendí así. 2002: Estados Unidos. Una noche similar, con partida de póquer incluida. Apostamos fuerte los mismos cuatro jugadores que todos los viernes por la noche anteriores, durante meses. Era una diversión singular, hasta que empezamos a apostar fuerte. Llegué incluso a perder mi coche, a pesar de ser viejo, costroso: me costó seiscientos dólares en un taller de Lebanon, New Hampshire, pero me funcionaba lo adecuadamente bien como para moverme por el Estado. Si iba a Boston se calentaba, daba miedo. Me retiré de la partida cuando sólo tenía la opción de perderlo todo; me tildaron de cobarde, de poco arriesgado, pero salvé el pellejo. Aquella baraja tenía siete ases... ¿quién sigue jugando cuando sabe que las cartas están marcadas?


Jode mucho tener que cambiar el sentido cuando te das cuenta de que el carril que has elegido es el incorrecto, dado que ya te habías habituado a la monotonía del paisaje... Pero... ¿qué sentido tiene seguir por un camino que no conduce a ninguna parte?