28 de septiembre de 2011

"Una muchacha judía"




Millones de corazones tienen sentimientos; otros pocos son de autenticos hijos de Satanás cuyo único plan es satisfacer su propio ego. ¡Cómo no me voy a conmover con el dolor! Si a uno le cuentan una historia de guerra, de la maldita guerra civil, por ejemplo, ¿cómo no se va a conmover contra el abuso? Una vez, siendo joven e insensible, tuve el primer atisbo de rebeldía, mi cabeza dio mil vueltas, me dije que ninguna idea ni ninguna persona está totalmente acertada. Desde entonces actúo con total libertad para decirle a cada cual lo que es, lo mismo da que sea una mujer hermosa que sea un sinverguenza que ha timado a algún cliente.




Me habían pintado a los judíos como demonios. Ya se sabe, aquel contubernio judeomasónico que estaba detrás de lo malo y lo bueno es fruto de este o aquella. Y ya se sabe que Isabel la Católica no se equivocaba jamás... Todas esas verdades absurdas y totalitarias que te meten en la cabeza ciertos periódicos y ciertos libros, insistentemente, machaconamente. Todos esos que se pirran por el pensamiento único, porque como borregos vayamos detrás, sin pensar, sin decir nada -¡Ah!, el miedo a decir-. El puño cerrado o la mano abierta, sin término medio como meter la mano en el bolsillo.




Llegué aquel día a la Universidad, con el tiempo pegado pues el tren se retrasó más de la cuenta en Chamartín, vaya usted a saber por qué. Entré en el aula, con los nuevos estudiantes americanos sentados en orden, muy suyos. Tomé asiento, en donde me correspondía, junto a una chica alta -más alta que yo-, espigada, cabello castaño, sonriente. De esa belleza que empapa a un joven que no ha dejado de valorar el mundo en la incierta medida de la adolescencia. En el breve descanso hablé con ella y fue entonces cuando de modo natural me dijo, creo que en referencia a la Navidad, "yo soy judía".




Pues vaya, pensé, los judíos no son como había pensado. Y sus chicas son monas y visten normalmente. ¿Y qué pasa si uno ama a una mujer judía? Nada, dice la filosofía; amar correctamente es actuar sin cordura.




Ese día rompí los estereotipos. Así que reconozco que ser independiente, ser claro, no es un gran estado, pero duermes genial e incluso sueñas con una hermosa mujer judía.