25 de octubre de 2011

"Aquella muchacha"



Aquella mañana, mientras anudaba mis cordones, descubrí la verdad: a veces soy demasiado frío, lo reconozco, pero me han entrenado así para ello.


"Te toca entrar ahí y sacarle algo a esa cabrona", me dijo Mike algo después en el Centro. "¿A quién?, y oye, buenos días tío, que no me dejas ni engullir el café", le respondí con la misma simpatía -entonces se decía de él que estaba divorciándose. Dejé el arma, porque aunque se vea en muchas películas, a la Sala hay que entrar desarmado o algún jodido abogado te mete en un lío: ya se sabe, que si coacción que si amedrentamiento, todo eso.


Jennifer McCain, diecinueve años, pelo castaño, universitaria. En su fraternidad había muerto otra chica el día anterior, cuando Mike y yo andábamos de servicio. Y como los papás de muchas de las niñatas del lugar son congresistas o senadores, nos llamaron a los de la Agencia. Pero cuando llegamos estaban los del sitio, los metomentodos del FBI y nosotros; vaya, que se esfumaron pistas por un tubo. O se hizo adrede o somos tontos, pensé en aquel momento.


"Yo no he hecho nada, no sé por qué me tienen aquí", dice la señorita cuando me ve. Miro el estadillo, con todos sus trapos sucios -en eso el FBI sí funciona bien, mejor que nosotros-. "O sea, que te va la maría, el bourbon y lo tercero; y cuando murió Kelly no recuerdas dónde estabas... ¿no te parece sospechoso, Jenny?", le dije suavemente. Dice el manual que la bordería tiene que empezar a los cinco minutos.


Suena mi móvil. "Tú, que te ha llamado un tía desde España, para hablar no sé qué contigo, de tu pueblo, creo; pero le he dicho que estás ocupado, así que como no confiese la guarra esa no sales de ahí tú tampoco", vuelve a ser simpático Mike, ¿o no? A saber quién sería. Total que, como a duras penas le saqué algo y se echó a llorar, entró la sicóloga, que eso tampoco sale en la tele.


"Bueno, ¿y tú por qué no me pasaste la llamada de España?", le dije a Mike. "Esa no te conviene, te lo digo yo a partir de su voz", añade el gilipollas de Mike. A ver cuándo alguien me dice que la chica en que me he fijado me conviene.

1 comentarios:

Mista Vilteka dijo...

Caramba, ¿y aquélla muchacha era la entrevistada y la que llamaba? Me quedé con la duda si realmente tenía algo qué confesar la pobre o era sólo el desgano y la mala manera la que la haría confesar lo que hiciera falta para llenar los espacios en blanco.

¡Muy entretenido! Saludos.

F.