
Llego a casa, cansado del ejercicio; enciendo la luz y pongo Enya como música de fondo: Only Time me sigue conmoviendo, a pesar de haber vivido muchas cosas desde la primera vez que lo escuché, en un destartalado apartamento de un pueblo perdido de New Hampshire. No recuerdo cuanto me costó, pero sé que lo adquirí con alguno de mis primeros sueldos. Hubo un tiempo, incluso, en que me sabía alguna canción de memoria.
Entro a mi despacho, dispuesto a no responder llamadas ni correo alguno. Hoy la tarde es para mí, solo para mí; y entonces reparo en el álbum de fotos que tengo detrás de mí. Realmente son tres, cada uno con una temática distinta: "Mis alumnos y yo", con fotos de actividades, de clase, artísticas -de esas que usamos para hacer trabajos-; "Mis viajes", con retratos de todos los lugares a los que he ido y con las personas que he conocido. El último es una miscelánea de mil cosas, con fotos de todo el mundo, de la Universidad; de algunas de aquellas mujeres vividas que retraté en aquel poemario que guardo en un cajón, todo ello.
Reconozco que ha pasado el tiempo, como cuando hace unos días recordaba alguien del Facebook que hicimos un concierto en el patio del Instituto, un concierto de rock que nos salió genial y disfrutamos un montón. Fotos con aquella gente de la que hoy ya no sé nada, incluso hay quien aparece en las instantáneas y cuando la veo por la calle ya no saluda -cosas del paso del tiempo, me digo mientras me asombro-. Denise me mandó las de cuando formamos aquel extraño grupo de Erasmus en Madrid y los que no éramos extranjeros hacíamos de guía: Federica, una alemana muy rubia que me pidió los Poemas para Julia de Goytisolo; Denise que no paraba de reír y Cristina -se esfumó- que me aconsejaba sobre el menú diario en el Pabellón B. Paso las hojas y Teresa y yo estamos en Toledo, con mil americanos, y reconozco que su sonrisa del otro día otoñal madrileño sigue siendo la misma: por detrás dice 2001. ¡Uf!, diez años, ¡cuánto hemos cambiado, Teresa, y parece que fue ayer!
Sigue sonando Enya, que es una cantante maravillosa. Sólo mi Tesis y ella saben los ratos que hemos pasado solos juntos. Fotos domésticas, en una aparezco cocinando, creo que en casa de una amigo (Miguel) en la sierra al Norte de Madrid, también hace ocho o diez años. Después de ese tiempo me he tomado pocas, o casi ninguna, y muchas no me gustan. Aunque reconozco que las del viaje de fin de curso con los cachorros del curso 2009-2010 son inmensas.
Si me paro a pensar, la mayoría tienen que ver con la Educación Pública; con alguna faceta universitaria o de Instituto. Miro el disco de Enya y se me aparece mi calle americana totalmente nevada, el Cd en la mano; llego a casa y lo introduzco en el reproductor. Suena y miro hacia el White River. Dejo la situación y vuelvo al presente; entonces me oigo decir:
-¡La madre que los parió!
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