
“Mal de amores” para un filólogo es, sencillamente, el desamor: estar enamorado de alguien que no te corresponde o que te correspondió y cuyo sentimiento se ha extinguido. Para un psicólogo el mal de amores es un estado emocional a través del cual al no ser correspondido se produce cierto despecho que va acompañado de malestar sicológico y físico. En cualquier caso todo el mundo sabe de qué estoy hablado, ¿o acaso no lo ha sufrido?
Cuando uno entra en un Instituto el principal problema de un adolescente, por encima de la falta de entendimiento generacional, es el ‘mal de amores’. El centro vital de un joven es la atracción física y emotiva hacia otra persona, llegando incluso a proyectar tal actitud hacia personajes conocidos del cine, la televisión, el deporte, etc. Lo malo comienza cuando al no saber encauzar esos estados -muchas veces carenciales- se producen desarreglos en el orden físico y en el mental, conllevando principalmente una abrupta falta de rendimiento y de atención en el estudio y el aprendizaje adyacente en la propia vida cotidiana. Y más rebeldía, no lo olvidemos.
Por otro lado, los adultos, pese a experimentados (¿Realmente lo estamos? ¿Realmente aprendemos de los desamores anteriores?), siempre sacamos el yo herido cuando la persona por la que se siente uno atraído no corresponde, nos parece caer de nuevo en la misma piedra, como si el mundo fuese cíclico. Otras veces, bien distinto, es la capacidad de paciencia en la convivencia diaria la que lleva a las parejas a romper una relación tras de un tiempo de unión, pero aquí ya no hay ‘mal de amores’, sino otros temas conexos que no vienen al caso.
Escribo esto porque en tiempos de crisis, social y económica al menos, un agente que fomenta problemas de salud y de falta de atención es el amor, entendido en el aspecto del ‘mal de amores’ que, en mi opinión, fue extraordinariamente descrito por Gustavo Adolfo Bécquer en sus Rimas. Por tanto, las caras de pena, de hastío, la dependencia del móvil o del ordenador; la necesidad de una comunicación mediata e inmediata que no necesariamente se tiene o se debe producir, etc.
¿Hay soluciones? Generalmente la madurez, pero… ¿cuándo madura un adolescente? ¿Cuándo ha madurado realmente un adulto? ¿Cuándo ha aprendido uno de sus propios errores? No, no hay medicación ni alcohol ni actitudes que no sean la estricta madurez que sepa combinar una vida diaria ordenada con el conocimiento social de mucha otra gente. Por eso lo pasamos mal, y ahora en crisis, aún más.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada