24 de noviembre de 2011

"Los malos pasos de un perdedor"


Si sientes con intensidad, lo llevarás hasta la eternidad (anónimo).

Aunque a la gente le gusten las historias con final feliz yo me considero un perdedor; y que nadie me niegue que la sociedad en la que vivimos está llena de perdedores, de mujeres fatales, de niñas malas y todo eso. Así que cuando de sobremesa pasan todas esas películas pastosas y pasteleras de amor, cambio de canal y me trago las de guerra: esas en las que los nazis son malísimos y mis admirados yanquis buenísimos.

Mi primera mujer me dejó en un aeropuerto, en Praga, después de haber vivido un puente intenso en esa maravillosa ciudad, lugar en el que vive la bellísima Sabina Casarova, una estupendo modelo checa. Yo entonces trabajaba en una petroquímica radicada en Yanquilandia y tenía que viajar frecuentemente al Este. Y aunque nadie me crea, mi segunda mujer me dejó después de regresar de un viaje que hicimos juntos a Buenos Aires. En la ciudad porteña tuve la ocasión de vivir un amor posible-imposible con una morocha maravillosamente linda, pero claro, con la parienta presente quién es el guapo que se lanza… Y la tipa va y me deja, con dos churumbeles y la hipoteca y se va a vivir a una comuna hippy de Ibiza. ¡La madre que la parió! Cosas de la vida. Y no recuerdo más amantes porque van a tener que tirar de kleenex para sonarse los mocos y las lagrimillas, pero por en medio hubo una poeta, mujer fatal. Cosas de los antihéroes.

El otro día vi un reportaje en la televisión en el que hablaban de la nueva literatura y todos esos temas que se tratan hoy y me pregunté dónde se refleja lo que pasa, lo que acontece en nuestros días… nada. Que no me vengan con santos griales y templarios y zarandajas de esas. Que salgan a la calle y vean los rostros de antihéroe de quienes pueblan el metro, el autobús, las calles… los ojos de deuda de quienes lloran por amor, de quienes no llegan a fin de mes. Eso sí es novela.

Y quien no se considere antihéroe o el malo de la película es que no ha vivido… así que la próxima vez que salga a la calle y me cruce con la niña mala igual hasta me cambio de acera.

(Para la niña mala, a pesar de todo)
(Y para la propietaria del ordenador en que lo escribí)