22 de noviembre de 2011

"Mi cuatro latas"



A veces vivo enternecido; otras, simplemente indignado. Las más, perplejo; incluso otras, absurdamente defraudado. Alegre algún día suelto; y las más noches, adormecido en este mundo en el que únicamente me ha sido fiel mi Renault 4 L. Sí, sí, mi “cuatro latas”: ni mujeres ni amantes ni nadie…

Hay canis y chonis que se compran un carro estupendo, aerodinámico, extravagante (amarillo, rosa, fosforito en cualquiera de sus variantes…); estridente, con una música decibélicamente insoportable. Dice un conocido sicólogo (Juan Simón Freud de las Angustias, natural de Buenos Aires, en la Argentina; sicoanalista de extremada fama e hincha del Boca, para más señas) que el coche es la prolongación del ego o, para el caso de los hombres, de otras cosas… ¿qué cosas? Bueno, no lo sé.

Mi ego debe ser escaso, pequeño, normal porque me conformo con mi Renault 4 Latas. Un coche franchute, con una frenada de miedo; amortiguación de cine (habría que verlo); maletero útil; cuatro marchas (¿para qué más?) y un aire de otra época…

Otra época… Aquellos años… Aquel sol de la infancia, como decía Machado.