
(Para Alexandra Sánchez Peña, pequeña filósofa)
Suena el despertador, con esa horrible música techno de todos los días (que me pregunto por qué no la quito), y el desayuno es raro, monótono, aburrido. Bajo la ducha medito los errores del 2011, todos, absolutamente todos. No hace falta que nadie me avise, que ya sé yo lo que he hecho mal y lo que no. Pero claro, uno se obceca. Vicios de nación, que se decía en la Literatura del siglo XIX.
Y con el muermo y lo de siempre en el coco enciendo el móvil: un sms de esa chica tan simpática y tan magnética, con su tono vital enorme y su espectacular sonrisa. Luego, camino del garaje, bajo las escaleras: en el buzón hay una tarjeta de esa poeta que tanto admiro y que contiene unas palabras que a cualquiera levantan el ánimo. A mi vuelta de hacer varias gestiones salgo a comprar el pan y me encuentro a dos amigas super simpáticas caminando por la calle: parabienes, un par de besos, todo eso. Ya empiezo a preguntar que para qué pensar en quien no se debe.
Hace un rato recibo un mail especial de dos personas que me dejan el ego alto, de esas que de verdad te quieren. Entonces me sale de dentro poner esa canción de moda de Bongo Botrako (Todos los días sale el sol). Con un café en la mano, dos conocidas me invitan a compartir su mesa en La Fuente, el lugar al que voy a diario. Hablo de esto, de aquello, de lo de más allá o de las frases de Alexandra, esa pequeña gran filósofa que escribe su dietario en Facebook.
Y, es que… “Todos los días sale el Sol, chipirón…”.
Y con el muermo y lo de siempre en el coco enciendo el móvil: un sms de esa chica tan simpática y tan magnética, con su tono vital enorme y su espectacular sonrisa. Luego, camino del garaje, bajo las escaleras: en el buzón hay una tarjeta de esa poeta que tanto admiro y que contiene unas palabras que a cualquiera levantan el ánimo. A mi vuelta de hacer varias gestiones salgo a comprar el pan y me encuentro a dos amigas super simpáticas caminando por la calle: parabienes, un par de besos, todo eso. Ya empiezo a preguntar que para qué pensar en quien no se debe.
Hace un rato recibo un mail especial de dos personas que me dejan el ego alto, de esas que de verdad te quieren. Entonces me sale de dentro poner esa canción de moda de Bongo Botrako (Todos los días sale el sol). Con un café en la mano, dos conocidas me invitan a compartir su mesa en La Fuente, el lugar al que voy a diario. Hablo de esto, de aquello, de lo de más allá o de las frases de Alexandra, esa pequeña gran filósofa que escribe su dietario en Facebook.
Y, es que… “Todos los días sale el Sol, chipirón…”.
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