28 de noviembre de 2011

"Las canciones de amor de antes, aunque la niña mala diga que el amor no existe"



La niña mala dijo alguna vez, frente a mí: “el amor no existe”; y tranquilamente continuó sorbiendo su infusión… Miré su hermoso rostro y le respondí que “sin tus virtudes y tus defectos no serías mi musa ni te querría como eres”. De pronto, todo giró sobre otro tema.

Suena mi móvil y detrás de la llamada, un frío dígito de nueve caracteres (es que se dice así), nace una voz femenina que me suelta: “oye, amigo, dime dos o tres canciones de esas que hacen historia, de amor”. Me quedo frío y entonces le digo, “pero es que la niña mala dice que el amor no existe”. “Déjate de gilipolleces de escritor novel y suelta algo, que tengo que escribir un artículo importante para ya” (ya se sabe, esas perentorias necesidades de los gacetilleros intrépidos y jovencísimos). Entonces hago memoria (dos o tres años más de memoria que los demás, aclararé el próximo 12 de diciembre).

Allá por el mil novecientos noventa y pico, cuando yo era un inadaptable adolescente, como todos los adolescentes inadaptables de toda la vida, de la época que sean; entonces, digo, cayó en mis manos un cassette (soy de aquellos, así es la vida: enrollaba las cintas con un lápiz), de canciones clásicas… Sapore di sale, de Gino Paoli; Una lacrima sul viso, de Bobby Solo; Il mondo, de Jimmy Fontana (¡menudo vozarrón!: “Il moooooodooooo"…) y… bueno, aquel My Way de Franki Sinatra. Entonces sí, entonces el amor existía, eran María o Ana o Teresa o quien quisiera que poblara los pasillos del Instituto Beatriz Galindo.

Es cierto que el tiempo pasa y el mundo sigue girando y uno adopta a la niña mala para que sea protagonista de un poema o de un relato; uno cree que tal actriz es un portento de la interpretación (Celia, un suponer...); uno mira por la calle unos ojos llenos de hermosura. Pero, definitivamente, se baila con Don Omar y su Danza Kuduro (que se lo digan a mi amiga Encarni que incluso la adoptó conmigo como himno oficial del verano).

Y es que el mundo (y nosotros con él) hemos cambiado. Nosotros, los de antes, ya no somos los mismos.

25 de noviembre de 2011

Reflexión sobre la Violencia de Género desde el punto de vista psicológico




Sin ocupar tu aire, respiraré por ti (Ella Baila Sola)

Hay una forma de violencia de la que apenas se habla o sobre la cual se pasa de puntillas: la violencia verbal o violencia psicológica. Muchos hombres, con sus palabras, con sus actitudes verbales, con sus ironías (especialmente ironías en público), con sus gritos y sus manos a medio levantar, menosprecian y humillan a la otra persona. Por desgracia, prestamos más atención a la violencia física (que aparece en los medios de comunicación) que a la psicológica, que mina tanto o más, que desgasta y que derrumba a la persona cada día, poco a poco.

En la actualidad he podido observar cómo se está volviendo a usos amorosos que eran habituales a inicios del siglo XX, pero que mirados con la perspectiva de nuestros días y la modernidad consecuente suponen un retroceso significativo en la mentalidad de los jóvenes; es decir, he percibido una regresión generacional hacia cómo actuaban nuestros abuelos. Esto se traduce en algunas actitudes que se vislumbran de la siguiente forma:

1.- Se cuestiona la forma de vestir y de actuar de la pareja en sociedad; a veces, incluso, se hace ver a esta las cosas que no gustan en público, menospreciando delante de gente a la mujer: se suele hacer con ironía, con palabras hirientes pulcramente escogidas, o montando un ‘pollo’ (v. gr. ‘escenita’) en la que sale triunfante el hombre dominante sobre la mujer equilibrada. Tengo que añadir que esto es fruto de un complejo, inseguridad o trauma.

2.- Se registra el teléfono móvil. El individuo toma el aparato celular y revisa las llamadas, los sms, los textos recibidos, las fotos…, violando de esta suerte la intimidad de la pareja. A veces, la pareja se ve cohibida y no suele responder con normalidad esas llamadas o mensajes para evitar el doloroso trance de la ‘escenita’ que le producirá dolor por encima de cualquier otro síntoma.

3.- El chico tiene permiso (psicológico y social) para hacer cuanto le venga en gana en sociedad; la chica, por el contrario, debe recibir ese permiso (por ejemplo: salir con las amigas, asistir a una cena navideña,…) y si no lo obtiene debe renunciar en aras de la relación (que se esgrimirá como un todo por encima del cual están ambos) a la independencia que se tiene como ser humano, se esté emparejado o no.

4.- El individuo está autorizado para interactuar con otros de su especie; la chica no, la chica debe reprimirse de hablar con el sexo opuesto, por ejemplo. Y si lo hace debe estar presente su pareja, que supervisa la conversación.

5.- Los celos. Nadie ha descrito aún los celos como “la falta de respeto del individuo hacia la pareja”, es decir, la duda ofende y sobre todo ofende a quien se quiere, puesto que se pone en duda el respeto, la lealtad y la confianza. Los celos se usan como arma arrojadiza. Generalmente el maltratador es un celoso compulsivo, teniendo los celos como la actitud que desencadena los cuatro puntos anteriores que he descrito. Añado que desde el punto de vista psicológico los celos son un problema, pero no todos los celosos son maltratadores.

Parece absurdo que de esto se esté hablando en pleno siglo XXI, pero es así. Indiscutiblemente en los institutos hay un poso de este tipo de actuaciones que son fácilmente modificables mediante la educación y el fomento de la igualdad a través de tareas y actividades conducentes a establecer la normalidad de la convivencia. Lo peor en todo ello es la falta de solidez en la educación de casa y la mala imagen que se desarrolla por la televisión (eso que denominamos “telebasura”) en la que las mujeres se presentan casi como objetos y prácticamente como ‘algo’ sexual y los hombres como ‘macho dominante’.

Hoy, Día Internacional Contra la Violencia de Género, no sólo debemos educar en valores sino también reflexionar sobre el estado de cosas en nuestra sociedad y cómo combatir de forma efectiva esa lacra que nos sitúa más cerca de la Edad Media que del siglo XXI.

(Hoy, como se ha escrito, se celebra el Día Contra la Violencia de Género).

24 de noviembre de 2011

"Los malos pasos de un perdedor"


Si sientes con intensidad, lo llevarás hasta la eternidad (anónimo).

Aunque a la gente le gusten las historias con final feliz yo me considero un perdedor; y que nadie me niegue que la sociedad en la que vivimos está llena de perdedores, de mujeres fatales, de niñas malas y todo eso. Así que cuando de sobremesa pasan todas esas películas pastosas y pasteleras de amor, cambio de canal y me trago las de guerra: esas en las que los nazis son malísimos y mis admirados yanquis buenísimos.

Mi primera mujer me dejó en un aeropuerto, en Praga, después de haber vivido un puente intenso en esa maravillosa ciudad, lugar en el que vive la bellísima Sabina Casarova, una estupendo modelo checa. Yo entonces trabajaba en una petroquímica radicada en Yanquilandia y tenía que viajar frecuentemente al Este. Y aunque nadie me crea, mi segunda mujer me dejó después de regresar de un viaje que hicimos juntos a Buenos Aires. En la ciudad porteña tuve la ocasión de vivir un amor posible-imposible con una morocha maravillosamente linda, pero claro, con la parienta presente quién es el guapo que se lanza… Y la tipa va y me deja, con dos churumbeles y la hipoteca y se va a vivir a una comuna hippy de Ibiza. ¡La madre que la parió! Cosas de la vida. Y no recuerdo más amantes porque van a tener que tirar de kleenex para sonarse los mocos y las lagrimillas, pero por en medio hubo una poeta, mujer fatal. Cosas de los antihéroes.

El otro día vi un reportaje en la televisión en el que hablaban de la nueva literatura y todos esos temas que se tratan hoy y me pregunté dónde se refleja lo que pasa, lo que acontece en nuestros días… nada. Que no me vengan con santos griales y templarios y zarandajas de esas. Que salgan a la calle y vean los rostros de antihéroe de quienes pueblan el metro, el autobús, las calles… los ojos de deuda de quienes lloran por amor, de quienes no llegan a fin de mes. Eso sí es novela.

Y quien no se considere antihéroe o el malo de la película es que no ha vivido… así que la próxima vez que salga a la calle y me cruce con la niña mala igual hasta me cambio de acera.

(Para la niña mala, a pesar de todo)
(Y para la propietaria del ordenador en que lo escribí)

23 de noviembre de 2011

"Peatón frente a conductor bajo la lluvia"



Un día de lluvia, tal como el de hoy. Tengo la monótona costumbre de salir a comprar el pan recién hecho y el periódico, esto último indisciplinado (un día El Mundo, otro El País; algún otro ABC; casi nunca ningún otro) y claro, viene de ello el problema.

Tú vas con las bolsas y observas que los conductores te salpican a mala leche; imagino que piensan “jódete capullo y mójate”, y es obvio que yo no tengo la culpa de sus frustraciones. Normalmente suelen circular sin luces, lo que es obligatorio. No respetan las señales de Stop y de Ceda el paso. Cuando salen (y esto es verídico: me sucedió tal que ayer) no tienen la obligatoria costumbre de mirar por los espejos: me barrunto que muchos piensan que los espejos sirven únicamente para mirarse mientras uno se hace la toilette.

Y es más, esas velocidades. En un día soleado y seco los automóviles van por el casco urbano a la velocidad que se denomina “pisando huevos, es decir, mirando hacia las aceras para ver a alguna chati mona (de tal guisa los trompazos, minichoques y demás temas de chapa y pintura); pero, claro, un día lluvioso, a toda pastilla, para mojar al personal y, de paso, frenar de mala manera y estamparse contra otro automóvil (que es, generalmente, el que circula bien).

Si yo fuera Guardia Civil, con la recaudación de un día lluvioso acabaría con el problema de la prima de riesgo.

22 de noviembre de 2011

"Mi cuatro latas"



A veces vivo enternecido; otras, simplemente indignado. Las más, perplejo; incluso otras, absurdamente defraudado. Alegre algún día suelto; y las más noches, adormecido en este mundo en el que únicamente me ha sido fiel mi Renault 4 L. Sí, sí, mi “cuatro latas”: ni mujeres ni amantes ni nadie…

Hay canis y chonis que se compran un carro estupendo, aerodinámico, extravagante (amarillo, rosa, fosforito en cualquiera de sus variantes…); estridente, con una música decibélicamente insoportable. Dice un conocido sicólogo (Juan Simón Freud de las Angustias, natural de Buenos Aires, en la Argentina; sicoanalista de extremada fama e hincha del Boca, para más señas) que el coche es la prolongación del ego o, para el caso de los hombres, de otras cosas… ¿qué cosas? Bueno, no lo sé.

Mi ego debe ser escaso, pequeño, normal porque me conformo con mi Renault 4 Latas. Un coche franchute, con una frenada de miedo; amortiguación de cine (habría que verlo); maletero útil; cuatro marchas (¿para qué más?) y un aire de otra época…

Otra época… Aquellos años… Aquel sol de la infancia, como decía Machado.

21 de noviembre de 2011

"Los vecinos de Juan"



Juan llega cansado todos los días desde hace un año. Ya no se habla con su mujer; incluso algunas noches ni duermen juntos; él lo hace en el sofá, con la televisión de fondo, y como al despertar sobresaltado por la teletienda sufre de pereza y de insomnio, pues no se llega al dormitorio conyugal. Se lo decía la madre “hijo mío esa muchacha no es para ti”, obvio es que no se equivocó doña Ernestina y se debió haber ennoviado con María, la hija del fontanero. Ahora, veinte años después y tres churumbeles mediantes ya es tarde. Fábrica, sueldo, no llegar ni al quince del mes y así las cosas.

Los sábados trabaja medio día, así que pasa por el Bar Casa Juan y se toma dos o tres cervezas con los parroquianos, que tienen soluciones para todo, singularmente para arreglar el país en tres meses. Luego toca paella (eso sí, ha de reconocer que su mujer tiene mano para el arroz) y siesta. Fútbol de pago, que es su único lujo y poco más. Vida monótona sin remisión.

Pero… ahí está la choni de la vecina, una rubia de bote con dieciséis piercing esparcidos por toda la cara que saluda, todo hay que decirlo, pero que cuando viene su cani en el coche blanco a toda pastilla la música se enteran hasta en el Elíseo de París. Una vez quiso protestar, pero su mujer se mostró reacia (no hay más que señalar que el 20-N fue ella quien le preparó el voto; ¡menudo genio!) y es que el cani tiene pinta de entreverado. Ya se sabe que la camiseta de tirantes les da mucha autoestima.

Cada sábado la misma música del mismo grupo mismamente asqueroso… las canciones de amor pastoso y merengón, el cani saltando en el asiento; la choni que se sube y mientras se morrean un rato la música sigue. Así que, de seguir así, el próximo fin de semana les tira una botella vacía de J&B en el parabrisas, para que espabilen.

13 de noviembre de 2011

Nota a los lectores



Durante algunas jornadas este Blog permanecerá estático. He de tomar un respiro y concluir otras asuntos. Invito a todos a (re)leer los cuentos que se han publicado recientemente. Volveré muy pronto.


FJPR

11 de noviembre de 2011

"Belleza"



La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora.


(José Ortega y Gasset)

9 de noviembre de 2011

"La niña mala"



Hace un tiempo que la niña mala habita mi casa; que su veneno se extiende por mi alma. Y esta mañana he decidido hacer una terapia intensiva: contar la historia de la niña mala. ¿Acaso no tenemos todos alguna vez a alguien malvado en nuestra vida? Yo la tomo como es, ni más ni menos, con sus ratos de amor y sus ratos de odio; con sus pisadas de esquiva protagonista de cómic, años sesenta. Protagonista de cine. Cuando un escritor quiere hacer de algo historia o deshacerse de un demonio, lo pone por escrito. Y a mí el destino me hizo cruzarme con la niña mala.

Yo no me quejo. Yo no suplico ni implico ni compro ni vendo. Sólo digo que es la niña mala: ese veneno que lo impregna todo: los sueños, los cuentos, las historias, los poemas… Y cuando el veneno atenaza, sólo vale el antídoto
.


(Fragmento).

8 de noviembre de 2011

"Antes que el diablo sepa que has muerto"



Lo dijo Jack el otro día: “procura hacer todo el bien que puedas antes de que te visite el demonio”. Eso, así, en un bar del Medio Oeste, huyendo de la policía y sin rumbo acertado, te hace pensar; reflexionas de golpe sobre todo aquello que dejas detrás, en California. Pedí otro bourbon y seguí escuchando.

“Mi hija no me ha visto desde el 74. Fue la última vez que las visité en Palm Springs aunque más tarde se han mudado varias veces”, decía inexpresivo mientras sorbía un brebaje que haría estremecer los cimientos del Chrysler Building. “Las espío siempre que puedo, aunque la temporada que vivieron en Nueva York salí por piernas delante de la policía metropolitana”, añadía, ignorando mi presencia. Le servía de terapia.

“Se ha casado, tiene hijos, se graduó… todo lo que hace una joven como ella y yo no estaba allí; yo, amigo, soy un delincuente, un ladrón de bancos venido a menos; una suerte de gilipollas que no sirve para nada”, continuaba explicando. Yo sabía que era su interlocutor, pero él no pensaba en mí, era su interior el que hablaba…

“Déjalo, Mike, déjalo. Coge la vida ahora, búscate una chica, un trabajo, una casa; ten hijos… Antes que el diablo sepa que has muerto”.

7 de noviembre de 2011

"The final countdown"



A veces pienso que por mucho que uno viva con una persona y pretenda conocerla, la realidad lo transforma todo. Hay días como hoy en que necesito de su comprensión, algo de mimo, sentirla cerca, su apoyo moral al menos; pero no es así, nunca ha sido así, o si ella lo ha pretendido no me he dado cuenta… sencillamente creemos que nos conocemos pero no, realmente no.

Cuando Gaby (que es diminutivo de Gabriela) me dijo que cuando volviese de Dublín tenía que irme con ella a buscar suerte a Estados Unidos, sin pensarlo le dije que sí. ¿Para qué me iba a quedar aquí? La soledad es un fundamento de la creatividad, pero cansa; cansa esperar que los demás reaccionen, que los demás aporten algo a tu ego; pero pasa el tiempo… y pasa… y los milagros no son materia común del día a día.

A veces sigo pensando que me dará pena abandonarlo todo: cerrar mi casa, regalar mis plantas, abandonar mis miles de libros; dejar atrás parte de mi yo en el pasado y emprender un futuro distinto. No se puede permanecer estático en el mismo lugar, sobre todo si no hay aliciente alguno para ello. Y mira que esperé que Ella reaccionase, pero no.

Así que voy a preparar algo de comer interiorizando algo más de inglés, que en Yanquilandia se habla mayoritariamente; e iré sumiendo los recuerdos en el olvido, de donde espero que jamás salgan.

5 de noviembre de 2011

"El hombre silencioso"



Nace el día lluvioso y salgo a pasear; botas altas, un paraguas y Merlín, el perro que guarda la casa correteando alrededor. El lugar es sombrío, tenue, incesante. El camino sinuoso, de tierra mojada que deja barro: hay algunas mujeres que vuelven del campo y labriegos que recogen enseres, que suben más tarde al carro municipal. Eso es hoy, un día extraño.

¿De qué huye un hombre silencioso?

Quise perder todo contacto mundano poniendo tierra de por medio. La dejé incluso a ella, allí, perdida en mitad de la civilización absurda y opresiva. Aunque a ratos me arrepiento, pero no daré marcha atrás.

Usted o la nada.

4 de noviembre de 2011

"El voto ahora"



Hubo un tiempo en que ir a votar era un ejercicio práctico. Uno veía la tele, escuchaba los mensajes, incluso iba a los distintos mítines y preguntaba… Luego recibía las papeletas en casa, la preparaba con esmero, tomaba el DNI y se acercaba al Colegio Electoral a depositar el voto. Reconoce que en aquel tiempo era adicto a UCD: esos señores que lo hacían todo rápido, deprisa, casi apresurados; la prensa hablaba de improvisación. Le daban bolígrafos, pegatinas, chapas, mecheros…

Ahora está cansado. Ya no pone la televisión; mucho mitin, poca sustancia. Políticos aficionado, de segunda; sin fuste; sin lecturas pero con buena cartera. Todos son los mejores, sin ejercicios de autocrítica. Los adictos son todos iguales: mítines llenos de gente afín que no te pone en un brete.

“Quererme menos y votadme más”, decía Adolfo Suárez por el 82. Eso le pasa a los buenos, que siempre pierden.

En el bar hay dos o tres paisanos jugando al dominó. Hablan en voz queda, sin apenas interrupción -se oye: “la blanca doble”, y otras más…- y a la televisión no le hacen ni caso. Pide un café bien cargado, porque no ha dormido. Mira los titulares de la prensa, con descuido, encima de la barra. La tele pasa a la publicidad.

Entonces oye la mitad de la frase: “… levantara la cabeza habría menos tontería”.

Él no va tan lejos: “no caerá la breva que volviera tal… con lo preparados que estaban”.

3 de noviembre de 2011

"El ángel enamorado"



Algunas veces quisiera conocer a una persona irreal, estar enamorado, por ejemplo, de alguien que no existe, de alguien a quien yo alimento, únicamente, en mi propio imaginario. Una persona que no me ponga en un brete, que no me haga elegir entre dos opciones, entre ella u otra persona otra cosa otra cuestión. Eso. Y no me vale un mito, no me sirve una actriz una pintora una cantante una escritora, no; únicamente me vale un ser inexistente. Dicen, además, que así la querencia el amor la ternura las caricias las acapara uno mismo, no las comparte y… tampoco existirán los celos: es el final de los celos.

Siempre dije que si los ángeles dejan de ser etéreos, seres que únicamente son sustancia de alma, debían ser mujeres, como en la Edad Media representaban en el teatro al Amor, siempre una delicada dama, muy femenina, perfecta: sin mácula alguna. Pero la censura me dice que no: uno llega un día al periódico, por ejemplo, y lo dice, y el redactor jefe o el director o el metomentodo de turno -que espero que no sea la secretaria, aquella muchacha que una noche me dejó tirado en mitad de la Gran Vía- me quita la cuestión. “No, los ángeles son los ángeles, no elucubres…”.

Siempre he esperado que en mi casa caiga una ángel, una de esas que aparecen en una conocida campaña publicitaria. La espero, la sigo esperando: que suene el timbre y se instale a vivir conmigo, sin más, sin avisar, irrumpiendo en desenfreno. Pero no lo tengo muy claro.

Mientras me conformaré con seguir silenciosamente interesado en una mujer morena que habita mis sueños y pasea mis mismas calles.

2 de noviembre de 2011

Celia Freijeiro




En la antigua Grecia la mímesis era un arte. Bueno, así lo veían ellos, tan filósofos para todo. Y quienes nos hemos deslumbrado siempre por el Teatro, esa leve representación del mundo, hemos creído que el espectáculo supera con mucho a la realidad. La realidad y el deseo se funden, indudablemente, como decía el magnífico poeta que fue Luis Cernuda. A los de la Escuela Española de Filología nos ha espabilado, generación tras generación, don Ramón Menéndez Pidal diciendo con más razón que un Santo que no hay nada sin Lope ni Calderón -y ya que estamos, sin Tirso ni Valle ni García Lorca ni, obviamente, Buero Vallejo-.

Hace tiempo que la interpretación es para mí esa doble cara de la Literatura: poner imagen a las mil palabras. Y España ha dado grandes nombres para la escena. Este 2011 yo he descubierto a Celia Freijeiro a partir de la televisión; aunque, bien es cierto, si una mujer que tiene todas esas capacidades -que desbordan el guión, así opino- y ha sido capaz de interpretar sobre las tablas una obra de la magistral Paloma Pedrero; en fin, una actriz así marca un registro, hace época y tiene futuro. Es fácil: los filólogos, esos desastrados intérpretes de la obra escrita -que somos capaces de disfrutar del libreto-, llevamos a la mente unos actores, quienes pensamos que están capacitados para recoger la esencia de aquello que el dramaturgo ha puesto por escrito.

A veces, incluso, los más arriesgados vamos tan lejos que adaptamos obras literarias a la medida del registro -por lo general aceptable- de un determinado intérprete. Pero eso, sencillamente, lo dejo para otras cosas que no son un Blog.

Celia (o Cecilia) Freijeiro tiene una mirada que dice mucho al texto; gesticula de una forma magistral; juega con la cámara -imagino que en el teatro olvidará que pisa un escenario- y su rostro dice mucho, aporta, completa, complementa, ayuda… Lo cual me alegra. Además porque es una actriz joven, también como todos los que nos movemos ahora después del ’75 y eso significa que es artista del siglo XXI. Y encima le pondría por música Anywhere Is de Enya.

Y, en fin, como tantos de nosotros hizo sus Américas en Estados Unidos, donde se graduó, lo cual curte e imprime carácter y ese acento sureño que no cogimos los que pisamos el Norte. En fin, que a esta gran actriz a la que deseo mucha suerte en adelante, la podemos ver en Homicidios, una serie junto a Eduardo Noriega que es de lo mejorcito que se ha hecho en España últimamente.

1 de noviembre de 2011

"El vino y el agua"



La mejor forma de presentarse a hablar es con un buen vino delante. Sé que en España es común la cerveza, el cerveceo, la espuma sobre el dorado de la cebada. Pero yo no; yo soy de los que prefiere un buen vino y, después, si se tercia, un buen whisky. El vino no se me sube tanto ni me hace especialmente locuaz, pero me permite demostrar a la gente, sobre todo a alguna chica, que soy entendido en algo.

Lo peor es cuando ella, enfrente, en un restaurante in, elegante; bien vestidos los dos, sonrientes, guapos, amables, asquerosamente jóvenes, decide pedir una copa de agua mineral.