
La plaza de toros estaba a reventar, como se suele decir. Arriba, en lo alto, además de los periodistas había varias pancartas que jaleaban al líder y a su partido. Más adelante, en las gradas, miles de personas. La megafonía ponía el pegadizo himno del partido. Era la hora y, según las últimas encuestas, el líder podía ganar o, en el peor de los casos, influir en la formación del próximo gobierno.
En las gradas, parados y estudiantes sin futuro; amas de casa expertas en llegar más allá del día quince del mes; intelectuales, profesionales de la educación y de la sanidad. Algún que otro escritor y uno o dos actores de renombre. Habla un speaker con voz de radio… Anuncia que va a hablar el señor Suárez. Joven, guapo, bien vestido, sonriente, besucón… sale a la palestra y dice “prometimos e hicimos… y ahora haremos”.
De pronto, suena el despertador y dice la radio que el déficit va ya por el 8% y los parados pasan de los cinco millones. Y tú te cagas en todo lo que se mueve…
En las gradas, parados y estudiantes sin futuro; amas de casa expertas en llegar más allá del día quince del mes; intelectuales, profesionales de la educación y de la sanidad. Algún que otro escritor y uno o dos actores de renombre. Habla un speaker con voz de radio… Anuncia que va a hablar el señor Suárez. Joven, guapo, bien vestido, sonriente, besucón… sale a la palestra y dice “prometimos e hicimos… y ahora haremos”.
De pronto, suena el despertador y dice la radio que el déficit va ya por el 8% y los parados pasan de los cinco millones. Y tú te cagas en todo lo que se mueve…
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