
Sobran políticos y faltan jóvenes trabajando.
La Economía lo domina todo hoy y los economistas, sin pizca de sensibilidad social (menos que una almeja, anoto), tienen que sacar a Europa (y a España, ¡madre mía!) de la crisis: con la salvedad de que no lo van a hacer. Cuando en un mundo más o menos globalizado como el nuestro existe además del tema monetario una crisis social y ética, no son los insensibles banqueros, los rectos tecnócratas, los economistas… los que nos deben guiar, deben ser los humanistas.
Una legión de jóvenes españoles (los mejor preparados de la historia: sólida formación, idiomas, viajados y todo eso) está en el paro, mientras una legión de politiquillos del tres al cuarto pueblan las bancadas de los parlamentos nacionales y regionales al precio de un suculento sueldo, tarjeta de crédito de la institución más móvil pagado sin tope, sin control y sin vergüenza. Eso es inmoral; y lo debe arreglar y limar las diferencias alguien que tenga moral, pero… ¿quién? No podemos tener a los mejores médicos, a los mejores profesores, a los mejores científicos, a los mejores trabajadores sociales, a los mejores psicólogos en el paro (adornando los salones de sus casas) y a los más limitados e ineptos realizando leyes y legislando “contra”. Cada recorte que no afecte a las prebendas de los políticos es una falta de respeto al ciudadano, a los jóvenes y a España con toda su carga histórica.
Me da vergüenza que muchos de mi generación (cuando no tenga que hacerlo yo también inmediatamente) tengan que ir a buscar la oportunidad que les debe la vida al extranjero (EE.UU., Reino Unido, Alemania) y que sean allí los primeros: grandes profesores, grandes investigadores de la ciencia y de la tecnología, grandes médicos; mientras que aquí nos quedamos los protestones, teniendo que ver en la tele a una cohorte de mediocres de mierda pidiéndonos que nos apretemos el cinturón (salvo que ellos no; ellos son los dirigentes, los que deben cobrar un 50% más que cualquier profesional apto porque así lo deciden los acuerdos parlamentarios a los que llegan, en eso sí, con los de los bancos de enfrente), que de la crisis se sale si nos jodemos los mismos de siempre: la misma clase media que sufrió la Crisis del Petróleo de los años ’70, los que ya vivimos la crisis de 1980, los que nos apretamos el cinturón cuando vinieron mal dadas en los ’90.
Si los mejores estamos desaprovechados; si somos una generación que vive peor que la anterior (por vez primera en la Historia de la Humanidad), creo que tenemos derecho a exigir que los de la economía, los de las entrevistas en la prensa, los de la tele faltándonos al respeto, todo ellos, sean decentes: tengan la formación mínima para ser electos, que se lean algo más que los titulares de prensa, que no cobren pensión vitalicia por fastidiarnos el porvenir, que sean sustentables en los tribunales sus meteduras de pata y de mano, etc. A ver cuando sale uno a decir esto en lugar de a fastidiarnos más cada día que pasa.
Una legión de jóvenes españoles (los mejor preparados de la historia: sólida formación, idiomas, viajados y todo eso) está en el paro, mientras una legión de politiquillos del tres al cuarto pueblan las bancadas de los parlamentos nacionales y regionales al precio de un suculento sueldo, tarjeta de crédito de la institución más móvil pagado sin tope, sin control y sin vergüenza. Eso es inmoral; y lo debe arreglar y limar las diferencias alguien que tenga moral, pero… ¿quién? No podemos tener a los mejores médicos, a los mejores profesores, a los mejores científicos, a los mejores trabajadores sociales, a los mejores psicólogos en el paro (adornando los salones de sus casas) y a los más limitados e ineptos realizando leyes y legislando “contra”. Cada recorte que no afecte a las prebendas de los políticos es una falta de respeto al ciudadano, a los jóvenes y a España con toda su carga histórica.
Me da vergüenza que muchos de mi generación (cuando no tenga que hacerlo yo también inmediatamente) tengan que ir a buscar la oportunidad que les debe la vida al extranjero (EE.UU., Reino Unido, Alemania) y que sean allí los primeros: grandes profesores, grandes investigadores de la ciencia y de la tecnología, grandes médicos; mientras que aquí nos quedamos los protestones, teniendo que ver en la tele a una cohorte de mediocres de mierda pidiéndonos que nos apretemos el cinturón (salvo que ellos no; ellos son los dirigentes, los que deben cobrar un 50% más que cualquier profesional apto porque así lo deciden los acuerdos parlamentarios a los que llegan, en eso sí, con los de los bancos de enfrente), que de la crisis se sale si nos jodemos los mismos de siempre: la misma clase media que sufrió la Crisis del Petróleo de los años ’70, los que ya vivimos la crisis de 1980, los que nos apretamos el cinturón cuando vinieron mal dadas en los ’90.
Si los mejores estamos desaprovechados; si somos una generación que vive peor que la anterior (por vez primera en la Historia de la Humanidad), creo que tenemos derecho a exigir que los de la economía, los de las entrevistas en la prensa, los de la tele faltándonos al respeto, todo ellos, sean decentes: tengan la formación mínima para ser electos, que se lean algo más que los titulares de prensa, que no cobren pensión vitalicia por fastidiarnos el porvenir, que sean sustentables en los tribunales sus meteduras de pata y de mano, etc. A ver cuando sale uno a decir esto en lugar de a fastidiarnos más cada día que pasa.
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