21 de octubre de 2008

Saber ignorar...


Es imprescindible saber elegir con quién desayunar; con quien beber y con quién tomar una copa... ya lo he venido escribiendo todos estos últimos días... pero también es necesario saber a quien ignorar... sí, saber a quién ignorar o de quien pasar. La gente tiene por costumbre aceptar o rechazar amistades con la misma facilidad con la que se entra o se sale de Facebook o de Tuenti. Pero la amistad, como el amor, es cosa de dos, y hay que saber luchar y apechugar con ello. Dice Gracia Iglesias que la amistad es algo difícil y que cuanto más das luego más dura es la caída; y tiene toda la razón. Siempre he considerado a la amistad como un sentimiento, una hilazón al otro más fuerte que el propio amor, pero también la caída es dura. Tanta gente que pasa por tu vida y en un momento determinado se va sin decir adiós, cerrando la puerta atrás sin justificación alguna. Por ello, cuando suena el móvil o cuando se produce una comunicación extemporánea con alguien hay que saber a quien ignorar. Por ejemplo, Ana Such y Analía Polanco son dos amigas de El Corte a las que me gusta saludar todos los días; me apetece hablar con ellas e incluso bromear... otra veces, hay personas a las que me apetece ignorar. No quiero llegar a la necesidad de tener que exclamar ‘¡Gilipollas!’ después de una llamada, pero me apetece ignorar a una determinada persona... quizá sea porque se lo merece; quizá sea porque soy injusto, no lo sé, pero hay que saber teñir un tupido velo de silencio entre otra personas y tú. No todo el mundo te aporta algo positivo en la vida y no por rechazarlo eres injusto; incluso haces una obra de caridad cristiana si lo ignoras, además de mantener tu mente sana. Hay que escoger con quién te vas a tomar una copa, con quién desayunas y a quién le regalas las chocolatinas que ponen con el café de la mañana (eso va por ti, Ana, que ya te las doy de dos en dos...) y, por ello, por salud mental, es necesario tener claro a quién ignorar y por qué ignorar... es cuestión de decisión y yo estoy decidido desde hoy a aportar algo a los demás y a que los demás me aporten a mi.

18 de octubre de 2008

Saber hablar, saber callar...



Saber hablar es tan importante como saber callar. Hoy me he dado cuenta de que mucha gente desaparece de la vida de otra persona por no hablar, pero por eso no hay que dar por hecho que se sepa saber callar. Hay mucha gente que desaparece de los lugares en los que habita en el más absoluto de los silencios, teniendo esto por bueno, pero si ese más absoluto de los silencios no se produce después de un acertado comentario, pues no hemos hecho nada. Cada día que pasa saber hablar no es saber expresarse; saber expresar las ideas y opiniones que tiene cada uno, sino que saber hablar cada día se ha convertido en un ejercicio de gritos y de llevar la razón sin dejar que el otro se exprese. Es como una nueva máxima: ‘vivimos en democracia, luego te dejo que opines pero se hace lo que me dé a mí la gana’. Esto es, la democracia orgánica de Francisco Franco. Por mi actual trabajo veo cómo hablo a la gente que no escucha y luego toma la decisión en función de su opinión personal, no según el criterio que yo le haya marcado; algo que, por cierto, evitaré con los alumnos pues para mi el lenguaje da autonomía pero es instrumento de comunicación, no de enfrentamiento como hacen los partidos políticos nacionalista. Pero... ¿qué quiere decir hoy Francisco? Dos cosas. La primera es que la gente toma decisiones sin hablar con los demás; se evita la comunicación y el arte del silencio se convierte en un dardo envenenado para tomar decisiones.... La segunda cosa es que no sabemos comunicarnos. Ayer leí un pequeño debate sobre los judíos españoles expulsados de España en 1492. Alguien opinó pero a la contrarréplica de la administradora del Blog el opinante siguió en sus trece: o sea, que pasó olímpicamente de enjuiciar la opinión verbal de la administradora. Ahí es donde toma conciencia el no saber cómo comunicarse o dar la razón al silencio. Sigo pensando, ante las ausencia, que hay que saber hablar pero también hay que saber callar.

16 de octubre de 2008

Quedar para comer; quedar para desayunar



Considero que quedar para comer tiene algo de reunión social, pero que es íntimo y personal. La gente está acostumbrada a quedar a comer por razones de trabajo, algo que se denomina ‘comida de empresa’, que es tan absurdo como las reuniones de Navidad con los compañeros del trabajo. Quedar para comer debe ser una elección inteligente, libre y que nos permita convertir ese momento de ingestión en un momento de comunicación con el otro o con los otros; comer con quien no eliges es un error, resulta desagradable, a veces tan poco interesante como quedar con alguien sabiendo de antemano que la ‘quedada’ es inútil o insulsa. Me gusta quedar para desayunar, como recomienda mi amigo el filósofo Ángel Gabilondo. Escoger a alguien con quien empezar el día frente a un café, con animada y escogida conversación es una buena manera de hacer vida social. ¿Por qué en ciertos trabajos se impone la comida de empresa? Intentan mezclar lo personal con lo mercantil buscando la comicidad necesaria para formalizar el negocio cuando la ingestión de un alimento, por necesidad fisiológica, es tan importante e íntimo y personal como ir al baño (y que se me disculpe la manera de señalar). Yo rehúyo las comidas con quien no elijo, aunque quede tildado de antisocial o de raro, porque me gusta elegir comensales, mesa, mantel, conversación y, si se tercia, pagar la cuenta porque elijo invitar sin necesidad de tener que justificar ‘gastos de representación’. Pero yendo a lo escrito, quedar para desayunar es una nueva variedad de digestión social más adecuada a nuestro tiempo, aunque rara en España. Las TV del país nos ponen sus famosos ‘desayunos’ con comentario de actualidad. Cenar; quedar para cenar es algo más íntimo, intelectual y adecuado para el ‘face to face’ con una persona con la que conversar o aclarar una cosa, pero quedar para el desayuno es el momento del día en que la energía te hace más fuerte y te anima a conversar con identidad e interés. Así pues, quedar para desayunar…

13 de octubre de 2008

Lo mal que hablan los políticos: lapsus lingüístico


Ayer escuché a un Consejero de una Comunidad Autónoma (de la que da igual el nombre y el color político) que estaba contento de que la ‘mujer se haya incorporado con fuerza a la Guardia Civil’. Yo no entendí bien eso de ‘con fuerza’. Puedo llegar a comprender y a defender con todos los argumentos de Ley del mundo que la mujer se incorpore ‘por derecho propio’ al Cuerpo de la Guardia Civil, pero la expresión, a parte de incorrecta en mi opinión filológica, demuestra la poca capacidad expresiva del barbado Consejero. De esta forma habrá que aceptar lo de Guardia ‘Civila’, para apartar el genérico del camino lingüístico y acercarlo al nivel de la calle. Las mujeres que pertenecen a la Guardia Civil lo hacen ‘por mérito’, ‘por capacidad’ y ‘por reflejo de la sociedad’, en la que el 50% de la población es femenina. Por tanto la Guardia Civil y el Ejército deben ser mixtos. ‘Con fuerza’ debe hacer referencia en la mente del mencionado Consejero a la incorporación ‘en gran número’ de la mujer a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Bibiana Aidó tuvo un lapsus con aquello de las ‘miembras’ que José Bono ha subsanado al retirar tal expresión del Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, pero tuvo después, en rara connivencia con el Partido Popular, el acierto de hacer retirar aquel nefasto y machista anuncio de las ‘croquetas de mi Mari’. La ‘fuerza’ de una abigarrada costumbre hace que todavía parezca normal que en nuestra sociedad la mujer deba estar ‘por derecho natural’ en la cocina, cuando ese ‘derecho natural’ la debe poner en la Guardia Civil, por ejemplo. Con esto voy a que posiblemente el ya susodicho Consejero esté acostumbrado a la figura clásica de la mujer ‘en la casa y con la pata quebrada’ y no supo cómo expresar que en el día de las Fuerzas Armadas la mujer, afortunadamente, se ‘ha incorporado en gran número y por reflejo social al Benemérito Instituto’. Lenguaje político.

5 de octubre de 2008

El amor como tema de la literatura



El amor es un tema habitual de la literatura. Desde las ‘Serranillas’ del Marqués de Santillana hasta la poesía de Ana Merino o Lauren Mendinueta, pasando por Pedro Salinas, el amor es un tema constante en la literatura. Quizá es ese sentimiento que a los intelectuales, o los que pretendemos serlo, nos invade más tiempo en nuestra existencia, en nuestra capacidad de reflexión y en el ciego entendimiento de la vida. Me gustaría proponer que se conjugue la capacidad de mezclar el amor con la poética literaria; es decir, que un escritor o escritora, o un crítico (que no sea ese señor de la Complutense tan renombrado y tan sinvergüenza), hable de la capacidad de llevar el amor a la literatura. Por estos días yo me debato entre la melancolía y la plenitud filológica, dejando a parte mi faceta política que, en tiempos de crisis, no sirve de nada como la de ningún otro prócer. He empezado a analizar una reciente edición de ‘De los nombres de Cristo’, en esa prosa maravillosa que tiene Fray Luis de León. Algo así echo de menos sobre el amor, un estudio que aglutine la capacidad de amar que tenemos, con las meteduras de pata que lleva aparejado el amor y la capacidad de plasmar ese sentimiento en la página en blanco. ¿Verdaderamente amamos a quien amamos? Una de las más importantes escritoras catalanas del siglo XX, Mercè Rodorera, amó a un hombre casado, sufrió por ello, y por el desamor hacia su marido impuesto por la familia, pero plasmó el amor que sentía hacia Barcelona y hacia otra persona con una intensidad desaforada. Es como el título del poema de Pedro Arturo Estrada (que me llega a través de Lauren Mendinueta), ‘el rostro oscuro del amor’. Y es que yo pienso que el amor, aunque no se crea, tiene un rostro oscuro; un lado vil y egocéntrico; una pura desafección de la amistad y una erosión del alma. Quizá por eso, porque es nocivo a veces y también adictivo, nos llena tanto y lo necesitamos plasmar literariamente. ¿Por qué no lo hace en uno de sus artículos en prensa Fátima Fernández? Ahí queda. La literatura tiene que dar cuenta por qué Dios, la Muerte y el Amor, así, con mayúsculas, es un tema recurrente, igual que en la filosofía. Incluso el desamor, como en Bécquer, es importante motor de páginas de versos. ¿Qué tendrá?

23 de septiembre de 2008

Una frase de Víctor Hugo

"Las revoluciones, como los volcanes, tienen sus días de llamas y sus años de humos".

Víctor Hugo

21 de septiembre de 2008

Poesía peruana actual


La poesía peruana actual tiene voces sumamente interesantes. Mi atención se ha puesto en varios nombres que resultan importantes para la poesía del siglo XXI, en mi opinión. Pero sé que aún quedan muchos otros. Sé que tengo que esforzarme en analizar más poetas y configurar una nómina más extensa y más uniforme. La primera de esas voces es la de la reconocida y asentada Rosana Crisólogo, que actualmente radica en el Norte de Europa. Quizá ella sea la voz de transición entre las poetas que se dieron a conocer en los años noventa y las que despuntan con fuerza rítmica en nuestros días. Tengo que reconocer mi amistad con Andrea Cabel, pero en mi labor filológica no le regalo nada: la crítica tiene que ser aséptica y eso hice con sus buenas actitudes poéticas cuando su libro salió y fue premiado. Alexandra Tenorio y Cecilia Podestá son otras dos voces que merecen la pena. No quiero decir con todo ello que todas, excepto quizá Rosana Crisólogo, estén consolidadas, pues deben darnos muchas páginas poéticas, muchos versos cargados de buenas intenciones y una profunda labor, sino que todavía tienen que trabajar mucho. Rocío Uchofen, además de poeta, es una excelente narradora, afincada en Estados Unidos y con un interesante proyecto, Híbrido Literario, cuya web se puede visitar desde un enlace en mi Blog (miren a la derecha). Queda que Mónica Belevan se lance a enseñarnos lo que únicamente escribe para sí misma. Ya en Los Noveles hemos podido asistir a sus buenas dotes, pero su reticencia al público no nos permite desestimarla como otra de las voces interesantes de la ‘Generación del 2000’. Y Mónica Carrillo, entre otras, cuya hibridez entre el verso y la música universaliza una poesía indigenista renovada en sus versos (léase, por ejemplo, ‘Unícroma’). Una generación controvertida en tanto que son muchos los críticos reticentes a aceptarla como tal, a profundizar en todas las características de una poesía vigente, con vigor y con valentía; es decir, las tres ‘v’. Yo la defiendo y la apadrino. Ahora sé de Pablo Salazar y su ‘Terrado de cuervos’, del que he realizado una reseña aquí hace unos días y al que sabiendo que empieza ahora animo a seguir adelante, y si alguna dificultad se les presenta a todos... ¿Acaso Juan Ramón Jiménez no se pasó la vida entera rescribiendo y corrigiendo? ¿Acaso Gerardo Diego no tocó todas las corrientes literarias? ¿Acaso Dionisio Ridruejo no encontró su ser en el soneto? ¿Acaso debemos separarnos del Pablo Neruda poeta del Pablo Neruda chileno y comunista? Animo a leer en http://www.porta9.com/ la reseña ‘Grito’ de Andrea Cabel: un excelente trabajo sobre la poesía de Pablo Salazar y un exponente de la viveza de la poesía peruana actual.

16 de septiembre de 2008

Apoyo a Yolanda Castaño


Yolanda Castaño (1977) es una poeta que se dio a conocer a mediados de los años noventa, siendo bastante joven, y que desde entonces ha tenido bastante éxito con sus textos. Por supuesto, algunos de ellos tienen más fuerza expresiva, mayor calado poético que otros, pero su permanente presencia editorial y en diversos recitales del mundo nos la presentan como una de las poetas de este principio del siglo XXI imprescindibles en todo estudio o análisis de la Literatura actual. El esfuerzo lingüístico que representa su texto en gallego y la posterior traducción propia al castellano enriquecen aún más su personal estética. Buscando unos apuntes sobre ella -para añadir a lo mucho que tengo anotado- he descubierto que hace unos largos meses se vio envuelta en una serie de veladas e injustificadas críticas procedentes de concretos sectores intelectuales de Galicia. Ella se vio, injustamente, representada en una caricatura de mal gusto y fue objeto de unos comentarios desafortunados desde diversas webs y blogs gallegos. Yo creía que en el ejercicio de la poesía las críticas le iban a venir necesariamente sobre su trabajo intelectual; no, como siempre en España (y que me perdonen los galleguistas a los que me refiero) se tiene que mezclar lo literario, lo intelectual, lo político e incluso lo más estrictamente personal. Fueron injustos con ella y yo, que personalmente no la conozco, pero que sí la he leído bien (considero) y la he estudiado (con el riesgo que corre el crítico al analizar la obra de un escritor vivo) vengo a solidarizarme con ella. También yo he tenido alguna vez que aguantar los comentarios críticos de profesionales de la Literatura cuestionando lo acertado o no de mi inclusión de Yolanda Castaño en algún artículo o cuando en alguna tertulia la he defendido como la mejor poeta erótica, por ejemplo, de España. En Galicia son más duros con ella. Ayer leí un Blog de una chica gallega que confiesa que pone la televisión para ver a Yolanda y confirmar su ‘odio’ (¡ojo!, escribía eso) por ella. ¿No lo dice todo de la persona que escribe? Cuando yo entré en política me impuse el más estricto respeto a quien no piensa como yo, pero sobre todo el más exquisito respeto por lo personal. Muchos más no lo hacen. Por ello no entiendo la campaña que se emprendió contra Yolanda cuando aceptó la dirección de una Galería de La Coruña. Sé el trasfondo de todo ello, pero no viene aquí al caso. Si lo que yo leí ayer hubiera sido estrictamente literario hoy no me abría lanzado a escribir este post, pero como los ataques iban a lo personal y a lo político he tenido la necesidad de posicionarme en defensa de una de las poetas que tengo bien leída. Incluso yo redacté su entrada en la Wikipedia (como la de Lauren Mendinueta, la de Andrea Cabel, etc.) en castellano antes de que los administradores me censuraran. Vuelvo a ser el verso suelto, el abogado de las causas que no me conciernen de siempre, así que espero que Yolanda al menos se sienta valorada por este crítico tan atípico y tan alejado de los postulados de los galleguistas que tanto se han pasado con ella.