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31 de diciembre de 2024

La década del cambio en España (1979-1989)

 


La década del cambio en España (1979-1989) traza una visión de la España de los años ochenta tomando Madrid como epicentro de la explicación de numerosos acontecimientos políticos (la victoria electoral de Felipe González, la entrada de España en la OTAN y la UE, la consolidación del PP como alternativa, el regreso de Adolfo Suárez con el CDS, las mociones de censura de 1989…), sociales (el terrorismo, el SIDA, la drogadicción, el paro…) y culturales (la movida, el fútbol, el cine, la literatura, el teatro…). En las páginas de este ensayo ameno y divulgativo se citan más de dos centenares de protagonistas de aquella década, denominada por Francisco Umbral como «la década roja». A los líderes madrileños Joaquín Leguina y Juan Barranco se suman otros protagonistas como José Mª Álvarez del Manzano, Alberto Ruiz-Gallardón, Enrique Tierno Galván, Felipe González, Manuel Fraga, Adolfo Suárez, José Mª Aznar, José Bono, Antonio Hernández Mancha, Esperanza Aguirre, Mario Conde, Florentino Pérez, Jesús Gil, Ramón Mendoza, Pilar Miró, José Luis Garci, Pedro Almodóvar, Luis Alberto de Cuenca, Almudena Guzmán, Juan Madrid o Almudena Grandes, entre otros. El libro, que además alude a acontecimientos internacionales, cuenta con prólogos del exalcalde de Madrid, Juan Barranco, y del catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Castilla-La Mancha, Manuel Ortiz Heras.


Algunas referencias sobre este libro han sido publicadas por Cuadernos Republicanos (Núm. 116, pág. 103)Periodista DigitalEl Confidencial DigitalMajadahonda MagazinOviedo DiarioCómoMadrid DiarioDigital SevillaCrónica 7Diario MallorcaMálaga 24 horasDigital ConfidencialPalencia 24 horas o El Mundo Empresa, entre otros medios. El diario albaceteño La Tribuna de Albacete publicó una entrevista con el autor en octubre de 2024, así como Radio Eiberoamérica. El libro se puede adquirir en Librería Herso (Albacete)Popular Libros (Albacete)Troa (Madrid)Juan Rulfo (Madrid), FNAC, Casa del Libro, El Corte Inglés, Amazon, La Hoja (Tobarra), Libros (Hellín), Librería Circus (Albacete) y en la web de la editorial Cuadernos del Laberinto


17 de febrero de 2011

Alborajico o la despoblación




El lugar que se ve en las fotografía es Alborajico, una aldea abandonada del municipio de Tobarra, en Albacete (en el INE ya no es contemplado); el topónimo proviene del árabe y en las cercanías hay un eremitorio, posiblemente ibérico, aunque personalmente es algo que tengo poco estudiado. Esta aldea tuvo población hasta la década de 1970 y en ella vivió parte de mi familia antepasada, al menos entre el siglo XIX (posiblemente incluso antes) y los años ’30 del siglo XX.

Es un ejemplo de despoblación. Los censos de inicios del siglo XX daban a este centro de población entre doscientos y cuatrocientos habitantes, que se hacinaban en las pocas casas que había, tal como denotan las fotografías. Los varios flujos migratorios que se produjeron entre esta parte de La Mancha y el Levante español a inicios del siglo XX y durante el “desarrollismo” de los sesenta, apuntillaron estos núcleos poblacionales dedicados casi en exclusiva al pastoreo y la labor agrícola.

Cuando escribo esto recuerdo la magnífica novela de Julio Llamazares, La lluvia amarilla, o El disputado voto del señor Cayo, de Miguel Delibes.

15 de diciembre de 2010

Defensa del español


Pues sí, a mí, simplemente me da igual si los políticos del pasado -Siglo de Oro y mucho después- se comportaron autoritariamente con otras lenguas también de España o del extranjero: simplemente enjuicio el presente y la libertad de expresarse en cualquier lengua; además, que apuesto en firme por el bilingüismo. Yo defiendo el español que es, entre otras muchas cosas positivas, el idioma que hoy hablan 500 millones de hablantes. Soy, de profesión, filólogo, es decir, que mi vocación es la Lengua Española y toda la Literatura que conlleva, desde Jorge Manrique y el marqués de Santillana hasta Lauren Mendinueta, pasando por Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Calderón, García Lorca y Mario Vargas Llosa, entre otros miles. Si hay políticos que se confunden (ya sabemos que lo normal en los políticos de hoy es su nula cultura e ínfimo nivel intelectual) y hacen uso de los idiomas como arma arrojadiza política, allá ellos y nosotros con nuestra parte de culpa por perseverar en votarles y prestarles atención... Lo que no puedo soportar es que para defender tesis o posturas, insisto que fundamentalmente excluyentes, se insulte o se menosprecie la Lengua Española (dice la RAE que es Lengua Castellana en el contexto nacional; es decir, al hablar de Lengua Catalana, Lengua Gallega y Lengua Vasca y yo estoy de acuerdo en eso) y cuando un Premio Nobel de Literatura, de habla hispana y pluma en español, se pronuncia, está demás que haya pseudo-intelectuales (que dicen ellos que lo son, que habría que mirar si realmente hacen uso del intelecto cuando no se separan del ‘statu quo’ establecido ni saben hablar correctamente...) y politiquillos que lo ataquen. Se viene y se va con que un intelectual no puede opinar si defiende la unidad de España y el uso del español; en este punto recuerdo al sarcástico Fernando Vizcaíno Casas cuando decía que “fascista es aquel que llama fascista a otro”.

A lo que voy... La riqueza que tiene la cultura española en nuestros días es la diversidad lingüística y las diferentes modalidades de idiolecto que, incluso, se hablan bajo el mapa de uso de una misma lengua. Reconozco que, además de ser filólogo sobre la Lengua Española, he contraído el interés por leer autores en gallego, por ejemplo la poesía de Yolanda Castaño y algunas cosas de Manuel Rivas y me he infringido a mí mismo el esfuerzo por aprender, siendo consciente que nunca llegaré a dominar el gallego porque soy negado para los idiomas. Y sé, eso sí, que mucha otra gente que vive, por ejemplo, en Madrid, lee directamente en catalán siendo castellano-parlantes. Entonces... ¿por qué esto? Muchos días pienso que se vive muy bien de la polémica...