
España es un país que adolece de muchos defectos, muchos de ellos de siglos. No obstante, tiene algo encomiable: el sistema público educativo y el sistema público sanitario. Ahora, en 2011, ambos sistemas se ven en retroceso por aquello que se viene a denominar ‘recortes’ y que no son más que argumentos para poner en peligro la calidad de la enseñanza y, a medio plazo, harán que los logros que hemos de obtener estén mucho más lejanos.
Yo no defiendo la Educación Pública porque me lo pidan los sindicatos, tampoco respondo a consignas políticas; no soy sospechoso de antisistema ni pertenezco a grupo alguno que no esté dentro de la legislación vigente. Eso sí, siempre he estudiado en instituciones públicas hasta leer mi Tesis Doctoral. Y siempre he sido docente en centros públicos, a excepción de una estadía en 2002 en un College norteamericano. Al contrario que los asesores políticos, yo tengo por costumbre pensar por mí mismo: hasta el momento nadie me ha tenido que imponer posición alguna en casi ningún aspecto cotidiano.
Tampoco con esto pretendo ni quiero mover el voto de nadie en las próximas elecciones: allá cada cual con su conciencia electoral. Pero de lo que sí que voy a hablar es de la Educación Pública, que considero un pilar básico e importante de la sociedad española.
En España, desde Isabel II -habrá que recordar a Claudio Moyano- el objetivo social es que todo los niños del país estudien, y para ello era imprescindible institucionalizar la Educación, que pasa por la igualdad: es decir, que todos estudien en las mismas condiciones con las mismas oportunidades y, por ello, habrá que poner los medios al alcance de todos, colegios y profesores también. Durante la monarquía de Alfonso XIII los gobiernos liberales intentaron que parte del monopolio educativo que estaba en manos de instituciones religiosas cesase para ser el Estado el depositario de la Educación. Se creó, por tanto, el Ministerio de Instrucción Pública. Durante la II República se invirtió en la formación del profesorado, intentado que la capacitación de los docentes permitiera una educación más sólida. Por evolución social, bajo la dictadura se crean un gran número de colegios e institutos, se dispara el número de matriculados en las universidades -y de becas- y se crea la ley de 1970 que hablaba de la EGB y el BUP y el COU. Más tarde, con la democracia, al ministro Maravall, socialista, le hicieron una huelga enorme que permitió equiparar el salario del docente. Ahora, dicen los reinos de taifas que son las regiones, tocan los recortes.
Y dice esto de los recortes gente que -confesado en entrevistas- llevan a sus hijos a centros educativos privados, que merecen todo mi respeto en cuanto a libertad de elección pero que, entiendo yo, al ser centros privados está de más que una comunidad autónoma los subvencione. En este sentido, si se requiere que sea así, El Corte Inglés tendrá derecho a subvención pública, y el Real Madrid, y REPSOL. ¿O en una economía de mercado no puede intervenir el Estado en lo privado? Sigo reflexionando, por mí mismo.
Algunos periodistas faranduleros; esto es, aquellos que estudian para luego hacer méritos que los encumbren a los puestos políticos que les apetezca, salen a decir varias perlas como que sin interinos la calidad de enseñanza está garantizada, que los profesores en España no vestimos acorde o que el bilingüismo en España sólo existe en institutos de la Comunidad de Madrid. La respuesta es obvia: el interino es el que garantiza estabilidad metodológica, la vestimenta -basta verla- está en consonancia con cómo visten otros docentes europeos y bilingüismo, que yo sepa, ni es invento de la Comunidad de Madrid ni está desarrollado sólo allí: Andalucía, Castilla-La Mancha, Navarra, etc.
La Educación es una inversión, no un gasto. O como dijo aquel: si no haces colegios hoy, deberás hacer cárceles mañana. Los profesionales de la Educación Pública están titulados y capacitados pedagógicamente; han pasado una o varias oposiciones importantes; dedican más de 37,5 horas semanales a la docencia y formación permanente; gestionan un entramado educativo de calidad, con atenciones a la diversidad, etc., y han dado grandes beneficios a la sociedad. ¿O es que no resulta que los más importantes científicos e intelectuales españoles provienen de la Educación Pública? Y el futuro es la Educación Pública.
No pueden venir a gestionar y a decir lo que se dice quienes no conocen el sistema público educativo; quienes no escuchan a los profesores; quienes tampoco han entendido el sistema educativo privado norteamericano -en el que trabajé y no está organizado como se piensan- y quienes no han pisado en los últimos años los centros públicos españoles.
No, no me gustan esos recortes. Se está yendo demasiado lejos y hay que rectificar mediante negociación. Porque el cinturón no se lo aprietan nuestros próceres: sueldazos de más de 3000 euros, con su VISA y el móvil pagados por las instituciones regionales. Calculo que hacen falta, en tiempos de crisis, unos 50 millones de euros para pagar sueldos de quienes nos piden que nos apretemos el cinturón, que quienes han de educar o atender sanitariamente se queden en casa -si son interinos- que ellos invertirán en asuntos tan poco razonables como gastos de representación y protocolo.






