13 de octubre de 2013

"Lluvia ácida"


A los que disteis la vida por nosotros, fueseis quienes fueseis.
 
Un domingo cualquiera de un momento cualquiera de tu vida, en el que te levantas con cierto dolor de cabeza habitual en la gente de Letras. Digamos eso y punto. Aún resuenan ecos de la conversación de la cena de anoche, en aquel ruidoso lugar... y cómo todos hablamos de todo. Tú, que te levantas además con música de fondo (Eurodance, dicen en Youtube, que no es otra cosa que recordar aquellos noventa en los que fuiste joven, sin que eso suponga que ahora no lo seas) y sonríes recordando la sarta de tonterías que todos hicimos y dijimos ayer. Tú también, para qué vas a mentir. La anécdota americana de las naranjas le saca un sonrisa a todo el mundo y eso que es intensamente cierta. Te sientes realmente tranquilo e incluso recuerdas que tienes que preparar una copia de tu Programación Didáctica para dejársela... La música pasa de un tema a otro que despiertan en ti el recuerdo de cuando eras eternamente inmaduro. De repente caes en la cuenta de que a Esther -que es historiadora aunque se quite importancia- le hablaste de lo injustas que fueron las muertes de tanta gente en los años de plomo (tú pensabas en cierto matrimonio) y de otros temas transversales. Hay quien piensa y lo flipas que-tú-eres-el-que-más-sabe-de-la-guerra-en-T. No caíste, amigo, en que hoy se desataría ese debate de nuevo; el ruido y la furia; la lluvia ácida de la guerra... Las redes echan chispas y el Telediario también, según el canal. De repente, te entra un bajón inmenso. ¡Con lo que nos reímos anoche intentado averiguar si la calle subía o bajaba! Menos mal que Esther ha elegido otra guerra más lejana, porque esta... Yo me pongo una peli porque mis ojos no toleran esta lluvia ácida.

10 de octubre de 2013

"Pasar en silencio"


No soporto ese silencio al que sometes; no me gusta que pases, que entres o que salgas de puntillas; no hace gracia que no suene el whatsaap con tus palabras; se añora una sonrisa, oír de tu voz con un acento nuevo; quiero que me leas siempre... Ese ir y venir de puntillas: apareciste y será por algo; no me gusta nada a medias -ni casi lleno ni casi vacío, el vaso-. Se trata de la vida, anótalo; y caminar de puntillas duele tanto como una oscura indiferencia... ¿Te vale?  

8 de octubre de 2013

"Oscura indiferencia"


Sí, esa oscura indiferencia. Como la de la gente que camina por la calle; como la de la masa que ni siente ni padece ante los recortes; como la de esa persona que jamás te escribe un mensaje motu proprio; como la del paso del tiempo, que quita importancia a lo que tú sí le das y le da la misma importancia a lo que te parecía superfluo; como la del conductor que se salta un semáforo y cuando casi se choca contigo te saca el dedo en señal de desafío; como la de los mil libros que aún no has leído; como la de tu mejor amiga que un día dejó de hablarte y nunca más supiste; como la de los políticos cuando joden a los ciudadanos; como la del amor que nunca llega o la del que se fue y te dejó atrás; como la de los días inciertos que hacen de tu vida la nada, por ahora; como la del sufrimiento de miles de niños a los que jamás prestamos atención; como la de dar más importancia a la televisión que a hablar; como la de la soledad de tomar un café en un lugar extraño más solo que la una; como la indiferencia de una vida sin acción. Es, sí, esa oscura indiferencia.

30 de septiembre de 2013

"In Sabi's day"


To Sabi in her birthday

Uno no está allí; al fin y al cabo ella es una protagonista de cuento, un personaje de mi ficción, que habita la realidad de las calles de Praga, a miles de millas de este punto de Castilla. Algunas de mis historias llevan el eco de sus pasos, por la ciudad del Moldava, que miraron los ojos de Kafka y sufrieron las carreras de Václav Havel. Dicen las musas que hoy es el cumpleaños de esa muchacha de ojos azules a la que tan bien sienta mirar a la cámara: la estrella de un arte que no es el mío, pero que con el mío es el arte del siglo XXI. Un autor no debe soplar las velas de la tarta de su personaje; un autor no debe marcar los pasos -hoy- de la muchacha que habitará sus cuentos, que paseará las calles de Praga o bajará a algún bar americano -ella no bebe, dice, entonces a bailar-. Ojalá esta noche los sueños le regalen mi presencia creadora, con una frase que le diga que "mis palabras sobre ti, Sabi, son eternas".
 
© Image by Model Mayhem

29 de septiembre de 2013

"Recuérdalo tú, recuérdalo a otros"


A las cinco de la tarde, la maldita hora (en ese caso) taurina. Mientras que muchos corazones suspiraban el amor del verano, mientras las mujeres cantaban cosiendo tras la siesta, mientras el mulero iba a casa deseando dar un beso a su mujer morena, mientras nacían niños entre zozobra, mientras velaban a su muerto aquellas mujeres españolas de negro, mientras en el horizonte se cernían la tensión y el odio... A las cinco de la tarde empezó todo. A gritos, con carreras, soldados a las camionetas, bandos en las paredes... gente que corre más fuerte que nunca a casa con el dolor de no saber dónde estaba el chiquillo o el marido o la mujer que había ido a los ultramarinos... Aquellos ojos que martilleaban las armas; política española que no sirve para hablar... Pasos en los salones... Unos que se alegran y otros que lloran. Sentimientos y después sangre. Aquí no hubo ni paz ni piedad ni perdón... A cal y canto, las casas... Y de noche, el miedo del ascensor que se para en tu piso; el golpe maldito en la puerta. El derecho a todo y  a la nada como diálogo. Sangre que tiñó la tierra baldía (entonces) de España, con el deseo en el corazón de que sus nietos un día vivieran mejor... A las cinco de tarde empezó todo, anunció la muerte de cientos de miles de seres humanos que sentían y que padecían. No caería en vano aquella sangre, siempre que sepamos que un mundo mejor y más libre late en nuestros corazones si sabemos resistir y renunciar al futuro rígido que nos dictan: las cinco de la tarde de los corazones, no las cinco de la tarde de otro espacio. También eran las cinco de la tarde más o menos cuando sonó su teléfono, el de Adolfo, años después: "elevar a categoría de políticamente normal lo que a nivel de calle es, sencillamente, normal". A las cinco de la tarde de una calle cualquiera de España...

25 de septiembre de 2013

"Se busca musa"


A ti, aunque no sepas que eres musa...
Siempre preguntando lo mismo; siempre te lo preguntan, así que debe ir en el manual para periodistas que dan en la Facultad. ¿La musa? Eso y el estereotipo de que todo escritor bebe, fuma y todo eso (debe ser genético o va con la iniciativa). Malditos llamaban a algunos; atormentados, a otros... Tú cuentas historias de perdedores, de fracasados, de tipos que reciben un no por respuesta; o sea, la crisis... Y siempre que escribes tiene que haber algo de real, piensa la gente... Claro que en muchos casos es verdad, ¿por qué no? Lo mejor que conoces es a ti mismo, aunque haya días en que, contigo mismo, ya estás mal y tomas prestada la frase de una jovencísima escritora en ciernes. Lo que jode es la página en blanco, eso sí que jode. ¡Pregúntalo! Tener mil ideas que plasmar y que no te salga la letra... Hay que ser sincero: la musa es esa mujer que tú conoces y que tomas de la realidad, la moldeas, como si tú la hubieras creado ya y no sus padres y la introduces en la historia. Pero como no seas creíble o no tengas la vena para ponerlo todo ahí y que el que lea disfrute, estás jodido, amigo. Eso es lo que debes poner, periodista, y no preguntar siempre qué mujer está detrás de mis historias, porque quizás ni ella misma lo sepa (o yo no quiero que lo sepa): déjala que lo intuya, que disfrute, que lo crea. Si un escritor se enamora de ti, jamás morirás... pero, ¿y si ese amor es tortuoso, imposible, complejo? ¿Qué? Déjate de pamplinas y piensa que hay veces que el pie quebrado te viene con un whisky de más, en plena calle mientras miras un cartelón, en el AVE o mientras conduces y te adelanta un automóvil... o como aquella vez que compraste el periódico y en el reportaje de Ibiza salía de go-gó la tipa más insoportable y anodina de tu clase del Instituto. "Mírala ahí", dijiste y justo entonces fuiste a ver qué ponían en la televisión esa noche. Puede que uno tenga una musa que no va a descubrir, puede que ella nunca muera entre mis letras, pero también puede que pasen años hasta que se sepa quién es.

23 de septiembre de 2013

"Malas noticias"



Te has ido, como si el rayo cesase.

Noche abierta y alguien que conoces de aquellos tiempos te pregunta por ella: "¿Conocías a...?", te pregunta. "¡Claro!", dices inmediatamente, "menganita, que trabajaba en tal sección". "Dicen que...". Y, entonces, ¡joder!, que era una vida en flor; una sonrisa que alegraba el día al entrar en aquel sitio en donde el trabajo no era más que estrés y agobio. Y anda que no estaba ella ilusionada con su curro, con su vida personal, con sus planes, con sus sueños... Al otro lado, quien habla (otra buena chica, de fiar, una excelente ex compañera que está tan alucinada como yo), comenta lo que se comenta y yo que empiezo a hundirme (lo que me duele es lo perdidamente joven que era, además de guapa y de competente y de alegre...). ¿Qué mierda pasa que esas vidas en flor se van? Y, ¿qué pasa que a uno le duele tanto la muerte de alguien tan joven, aunque no sea directamente cercano? Hacía tiempo que cuando iba allí, ahora de cliente que mira y no compra (o que compra, eso da igual ya), no la veía ("estaba enferma", resuena en mis oídos lo que se dice ahora) pero jamás pensé que... uno piensa vacaciones, embarazo, gripe... (o hasta una depresión, qué mierda, que de eso se sale...) ¡Pero algo así! En mi ordenador una o dos fotos de ella, de aquella época: sonrisa, mirada cálida, juventud ('divino tesoro', ¿eh Rubén Darío que estás en los cielos?) y... mira. Joder, chica. Muchos más te echaremos de menos, no lo dudes: a los escritores nos cuesta olvidar.

20 de septiembre de 2013

"A medias"


A medias; a media luz; a medio gas; medias verdades... La inquebrantable fórmula de decir sin decir, de mentir sin perder el sueño; de querer quedar bien cuando la vida tiene una sola cara, la que uno descubre cuando ha de elegir entre dos caminos: no hay ni negro ni blanco, en la mitad un gris que no gusta a nadie. ¿Comprometerse? ¿Dar la cara? ¡Uf...! La facilidad de adaptarse a lo políticamente correcto, sí; está mucho mejor quedar bien, por si acaso se necesita esto o lo otro, que ser sincero. Luego la gente dice que admira al sincero, al que va de cara, pero en el fondo lo detesta: es mejor nadar y guardar la ropa. ¡Qué bonito sonreír a todos! A la derecha, a la izquierda; al jefe, al compañero que detestas... quedar bien, a medias, por si acaso. El héroe que sea otro, tú, por si acaso, lamer el culo de todos; tibieza... Que me saque de apuros otro. Mejor no decir, no hablar, no comentar, no quedar, no comprometerse... la mejor tarjeta de crédito para ser inmaculado ante la realidad. Así nos va...