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30 de septiembre de 2013

"In Sabi's day"


To Sabi in her birthday

Uno no está allí; al fin y al cabo ella es una protagonista de cuento, un personaje de mi ficción, que habita la realidad de las calles de Praga, a miles de millas de este punto de Castilla. Algunas de mis historias llevan el eco de sus pasos, por la ciudad del Moldava, que miraron los ojos de Kafka y sufrieron las carreras de Václav Havel. Dicen las musas que hoy es el cumpleaños de esa muchacha de ojos azules a la que tan bien sienta mirar a la cámara: la estrella de un arte que no es el mío, pero que con el mío es el arte del siglo XXI. Un autor no debe soplar las velas de la tarta de su personaje; un autor no debe marcar los pasos -hoy- de la muchacha que habitará sus cuentos, que paseará las calles de Praga o bajará a algún bar americano -ella no bebe, dice, entonces a bailar-. Ojalá esta noche los sueños le regalen mi presencia creadora, con una frase que le diga que "mis palabras sobre ti, Sabi, son eternas".
 
© Image by Model Mayhem

28 de septiembre de 2012

"Lo que nunca cambia"



Uno vive de una forma; a veces la vida lo cambia; incluso en muchos casos le da golpes, lo cambia, le hace perder y ganar -esto último poco, of course- pero hay cosas que no cambian nunca. Mi ideología puede variar dependiendo de lo sinvergüenzas que sean los dirigentes; el café puedo mezclarlo con leche, o con coñac, o tomarlo solo; puedo vivir aquí o allá, en un apartamento pequeño y alquilado en Brooklyn o en un gran piso de Manhattan; no me importa viajar en mi propio y destartalado coche o en avión o en tren, es igual; ahora puedo leer Historia o novela, es lo mismo, uno disfruta según el estilo de Philip Kerr o de Mario Vargas Llosa. Puedo salir de casa a las ocho o a las diez o irme a la cama temprano o de madrugada; puedo dejar de beber whisky o tomar tequila, por ejemplo, si estoy en un congreso en México. Pero lo que nunca cambia, indudablemente, invariablemente, son los azules ojos de Sabina. Ni Sabina en sí; ella nunca cambia: si uno se enamora de un mito, al menos un mito no le romperá el corazón.  

23 de septiembre de 2012

"En un pub de Praga"


Si uno quiere recrear un espacio lo mejor es viajar al propio lugar. Eso hice yo cuando me plantearon participar en un coloquio sobre novela ambientada en Praga. Lo malo de esos congresos es que a veces duran demasiado, son largos y hay diversos temas de los que no te puedes escapar; yo, para eso, soy diestro: aprovecho el descuido de los que te toman el nombre y salgo a airearme. Eso hice aquella vez en Praga y se me hizo la noche entre el cementerio judío y la casa de Kafka... Haciéndome entender en inglés entré en un pub y, al fondo, estaba la muchacha de esta historia. Es una mujer demasiado hermosa y siempre sonriente, aunque lo que más me llama la atención de ella son sus profundos ojos azules, su mirada airosa. Una vez me dijeron que lo mejor que le puede pasar a alguien es enamorarse de un mito, porque así nunca te hará daño. Cuando quise reaccionar ante el whisky on the rocks me sobrevino un atisbo de lucidez: era sin duda Sabina. ¿Qué hace uno cuando conoce a un mito? ¿Saludas? ¿Pones esa cara de estúpido que ponemos todos en situaciones extrañas? Hay veces en que uno daría lo que fuese por conocer al mito al que admira y yo, aquella noche de Praga, me bloqueé y acabé hablando con una chica danesa, también de mi congreso, sobre novela checa... pero no dejé de mirar a Sabina, ni un momento, para no olvidar nunca su rostro.

21 de julio de 2012

"Una mujer de otro lugar"


¿Qué hay de ella en mí? ¿Cuándo fue que la conocí? Cuando viajé a Praga aquella vez, hacia 2002, aún nunca había oído hablar de ella, de Sabi, nunca. Es posible que en el tranvía o en el metro; quizás en un café o en la acera de una de las calles de Malá Straná me cruzase con ella; es posible que mis subconsciente la retuviese -porque ella es hermosa- y hasta hoy no haya caído en la cuenta lo mucho que me inspira. Ese rostro suyo de niña buena -¿lo es o no lo es?- y todas esas cosas que esconde detrás del look. Debe ser un auténtico demonio, en el buen sentido, con aspecto de hermosa mujer. Dijo una vez uno que si el demonio existe debe tener rostro de mujer -y lo dijo vaya usted a saber por qué- y yo creo que en Praga no hay demonios: para eso ya estuvieron bajo la bota nazi y bajo el zapato soviético. Ella, sencillamente ella, tiene esa personalidad que recorre las páginas de algunos de mis cuentos: es cierto que le atribuyo cualidades que aún hoy le desconozco, la moldeo a mi gusto, la hago hermosa y dulce, la construyo a mi saber leal... Creo una Sabi distinta, de otro mundo, el mundo de un cuento. Porque es, sencillamente, una mujer de otro lugar. 

5 de junio de 2012

Un mito


Si te enamoras alguna vez de un mito, al menos no te romperá el corazón. 

24 de abril de 2012

"S., un mito"


Fue a primera vista (que la descubrí, hace un número de años que no recuerdo), sin darme cuenta mi mirada se cruzó con ella, con su forma de actuar y de caminar; con su forma de decir y con todo aquello que la rodea. Fue después cuando descubrí su cuerpo (sus piernas, sobre todo sus piernas) y su ingenio; mucho después, en las calles de Praga, detrás de Wencelao, en la plaza de Carlos, en aquel edificio que parece que golpea el viento, junto a un puente. Tiene unos espléndidos ojos azules y una sonrisa tierna. No deja de ser un mito, aunque hoy, que no son los tiempos de Strindberg, uno se sitúa más cerca de un mito que en cualquier otro tiempo. Merece la pena seguir sus pasos, puesto que un mito jamás decepciona.

27 de diciembre de 2011

"Lo que pienso de ella"



Esta tarde he ido a la compra, como algunas tardes; tardes de esas extrañas en que tardo un tiempo incesante en comprar cuatro tonterías; generalmente se trata de reponer la nevera, buscar algún libro a pesar de que tengo miles a medio leer y otros cientos por empezar. Tardes en las que el café que uno se toma es largo, mientras ojeo la prensa fijándome en noticias absurdas (“Un perro ha mordido a su dueño en Burgos”, “Una señora lega toda la herencia a su serpiente pitón”, cosas de esas, en esa línea: las que anoto en la Moleskine verde). También me paro en el horóscopo: “Su pareja le es fiel, descuide”, te sueltan dos días después que has salido de casa con la maleta porque la susodicha (o susodicho) te ha puesto los cuernos con no sabes muy bien quién y dónde. Bueno, otras veces es peor, porque cuando discutes con la mujer que te gusta (si la hay, of course) te señala: “Todo va viento en popa en tu relación”.

En fin, que al ir a la compra me he encontrado por la calle a Fulanita de Tal y a Menganita de Cual y claro ya que uno iba sin prisa aunque sin pausa, me he parado a hablar. “Sí, claro, como esos mensajes del Facebook para ella”, dice una; “claro, claro, no lo dudes: no te esfuerzas en olvidarla”, añade otra. Y obvio, pienso en si es que se me nota demasiado nítidamente en la cara lo que pienso y lo que siento. Empiezo a pensar que sí. Ya no ha sido lo mismo el resto de la tarde: que si me equivoco en el peso de las gambas, o en el del jamón (¿qué hago yo con medio kilo?) o compro manzanas como para hacer sidra en vez de sobremesa. Me aturdo, lo sé. Y me pregunto… ¿qué sabrán estas? ¿Me leerán el pensamiento? Y claro, voy a pagar y me dice la cajera: “Señor, que se deja los cincuenta euros de vueltas”. ¡Menuda está la cosa para dejarse los cincuenta pavos!

Menos mal que llego a casa y veo esa foto de Sabina delante del metro (de Praga, supongo: yo es que cuando estuve allí usé el tranvía), con esos ojazos azules y me digo: sólo faltaba que Sabina también lo supiera, porque cara de lista tiene y sabe un montón de idiomas.

(©Foto: Libor Spacek)

26 de diciembre de 2011

"Una musa y otros personajes de la Historia"




Cuando llegué a la redacción me pidieron que escribiera algo sobre el mundo choni, aunque, francamente, conozco tanta gente choni que lo más apetecible era cambiar de tema; y eso que la noche anterior había soñado con una choni que conozco y todavía estoy por establecer si fue un sueño o si una pesadilla… Uno se recluye detrás de la pantalla del ordenador, atiza el machete contra algún tema, bajo la batuta de que la cosa es del cuarto poder… y ande yo caliente…

Decía Picasso que si las musas existen (y yo creo que sí, ¿por qué se iban a inventar algo así los antiguos griegos?) te deben visitar mientras trabajs. Bueno, la mía vaya usted a saber por dónde anda estos días de Navidad (y lo de visitarme, en fin, dejémoslo), además de que muchas veces me queda la duda acerca de si es tal musa o no lo es, porque hay que ver cómo es de rara, a la variedad me remito. Pero voy a lo que me pasó ayer, al cuento.

Entonces llega el director y me dice que en la Tercera (¡madre mía la tercera!) publique algo el día de Navidad. Y pienso en los plastas de la Historia, esos que nos han amargado los estudios: Aristóteles (venga a soltar el rollo… ¿es que no tenía vida social este muchacho?), Shakespeare (matando a todo el mundo en sus tragedias: siempre he creído que llevaba comisión de la funeraria), Mendel (con los guisantes verdes y guisantes amarillos… mola más la Teoría Simpson: aquella por la cual las chicas son monas e inteligentes y los varones de la misma estirpe tontos y feos), Pavlov (¡no me digáis que no era un poco capullo haciendo maldades a los perros!), Napoleón (con lo feo que era), Gorvachov y Reagan (misil para acá misil para allá) y así unos cuantos… Y que no se me olvide el tipo que se inventó la regla de tres simple, que siempre suma, por muy bueno que seas, 99,98%... la cuestión es quedarse con el cambio.

Y lo que nos queda… En fin, voy a poner una foto de Sabina que hay que ver lo mona que sale en esta… y ya de paso le mando mis mejores deseos hasta la República Checa, por si no le ha llegado mi mail o no ha leído mi mensaje del Facebook.

13 de agosto de 2011

"Fábula de Sabina"



Para Belén.




Nunca, hasta hoy, imaginé que necesitaba escribir una fábula, con moraleja.


La primera vez que oí hablar de Sabina yo era mucho más joven, un irreverente joven, y ella me pareció la mujer más hermosa del mundo. Lo prometo; y ni siquiera sabía que era checa, que era modelo ni que tenía una página web. No sabía nada de ella, hasta que la encontré por la red solamente teniendo como dato la hermosura de su rostro. Nunca se sabe de dónde nace la musa de un escritor. Sabina nació de la nada.


¿Cuántas veces hemos dejado de dormir bien por amor? ¿Cuántas veces he visto sufrir por amor? ¿Cuántos corazones han sido rotos -incluyendo el mío- por amor? Cuando esto escribo, cuánta gente anda sufriendo de amor... y, sin embargo, no existe una fábula para curar el desamor. Yo sí la tengo.


Belén me preguntó hace unos días si alguna vez me había enamorado de un mito. Lo pensé un rato y le respondí que sí, de Sandra Bullock, cuando era adolescente sin experiencia de nada y no había oído hablar ni de Sabina ni conocía a...


El caso es que si la Fábula de Sabina, como las de Esopo, tiene una moraleja, es sencilla: si te enamoras de un mito, al menos el mito no te hace sufrir.

21 de mayo de 2011

Sabina Casarova, de nuevo




“No es necesario siempre conocer a alguien para comprenderlo”

Muchas veces, cuando las musas nos visitan, somos recurrentes; otras veces, cuando una mujer invade la imaginación, necesariamente ha de ser la protagonista de cuanto se escribe. Ciertamente hoy no sabía acerca de qué escribir, de tal modo que me he vuelto a acordar de Sabina Casarova (ver, otra vez http://www.sabinacasarova.com/), aunque sinceramente, llevo varios días recordando Praga y aquellos estupendos días que pasé en la ciudad de Václav Havel; incluso hoy mismo he vuelto a mirar las fotografías de la ciudad, con los tranvías, el cementerio judío, la Universidad de Carlos, la casa que habitó Franz Kafka, la plaza de Wenceslao, aquel edificio moderno que parecía bailar... la residencia donde vivía mi amiga, que no sé cómo se llamaba o el hotel con forma de pirámide en el que yo me alojaba. Ayer, cuando me referí a ella (cuando ella misma y su elegancia me inspiraron para ‘decir’ algo en este Blog), a Sabina Casarova, no recordé el nombre del fotógrafo que tomó esa instantánea, así que ella aclara en su web que el nombre es Marcelo Aquilio (http://www.aquilio.net/), un fotógrafo que, a simple vista, es un excelente artista.

Pero también es cierto que Sabina me recuerda a alguien que vi hace mucho tiempo, quizás en los últimos años noventa o principios del siglo XXI; alguna otra mujer o ella misma, si es que paseando por Praga me la encontré alguna vez. Me inspira su forma de mirar a la cara, de ‘decir’ con el gesto, de seguir (como la Gioconda) al espectador de la imagen. Es, indudablemente, una gran modelo y eso se aprecia. Es joven y eso me gusta, su nombre no es rimbombante, y eso está genial porque es tiempo de que seamos protagonistas de las cosas cuantos nacimos hace treinta o treinta y cinco años... Por eso escribo sobre ella. Y le agradezco que sea tan amable, algo que habla muy bien acerca de ella.

20 de mayo de 2011

Sabina Casarova




Moverse mucho por el mundo intelectual; por el cine (en todos los sentidos y en todos sus subgéneros) y por la red, te hace reparar en algún personaje que te llama la atención por algo significativo; en las cualidades que desarrolla, sobre todo en lo que denominamos Arte y que tiene multitud de expresiones. Este ha sido, para mí, el caso de la modelo y actriz checa Sabina Casarova (Praga, 1981), quien se puede contemplar en la fotografía que ilustra este post y que he tomado de Hlavni Mesto Praha (-que creo es- una guía de viaje). A Sabina la vi por primera vez en algunas magníficas fotografías como modelo (ver su web personal: http://www.sabinacasarova.com/). No sólo hay que fijarse en la belleza que posee la modelo, sino lo magníficas que son las fotografías, cargadas de aspectos que ‘dicen’ algo y que ‘sugieren’ muchas cosas; ‘inspiran’, sobre todo, llevando a Sabina a ser un personaje de novela o de poema y, del mismo modo, hacia el cosmopolitismo, hacia nuevos nombres que no son los de siempre y los que dicen la prensa y las revistas del mundo rosa. Sabina inspira al escritor: ¿qué habría escrito de ella Franz Kafka? Tenía, sin duda, que escribir un post así para hablar ya de algún nuevo nombre en alguna nueva faceta y no me ha importado en absoluto irme a la República Checa, país que visité, como decía hace algunos días, en 2002. (Alguien me tildará de algo, pero yo tengo mi discurso y mi expresión y hablo de aquello que aprecio, que me inspira y que libremente elijo). Pues eso, Sabina Casarova.