17 de mayo de 2026

Biografía de Enrique Tierno Galván (1918-1986)

 


Esta biografía se adentra en todas las facetas de Enrique Tierno Galván (1918-1986), desde la lucha antifranquista o el exilio en Estados Unidos hasta su etapa como alcalde de Madrid (1979-1986), pasando por su participación en los movimientos de oposición democrática contra la dictadura. Y, del mismo modo, en este libro se reconstruye la trayectoria de los partidos políticos que fundó el viejo profesor: el Partido Socialista del Interior (1968-1974) y el Partido Socialista Popular (1974-1978).

Este ensayo traza también un amplio estudio de la trayectoria vital del denominado «alcalde de la Movida», adentrándose tanto en su familia y vida personal como en su faceta de ensayista o de líder del PSP, sin dejar de lado el análisis de sus desencuentros con Rodolfo Llopis, su expulsión del PSOE en 1965, el fracaso electoral del PSP en las elecciones generales del 15 de junio de 1977 o la unidad del tiernismo con el PSOE en 1978.

Francisco José Peña Rodríguez ha reconstruido asimismo las realizaciones de los gobiernos municipales de Tierno Galván y de Juan Barranco en Madrid durante la década de 1980, así como ha dedicado un capítulo a un gran número de militantes del PSP y de colaboradores del viejo profesor, tanto en sus partidos políticos como en el Ayuntamiento de Madrid. Para ello, el autor ha recurrido a una abundante bibliografía, incluyendo fuentes primarias y entrevistas a antiguos afiliados del PSP y exconcejales del Ayuntamiento de Madrid.

La nueva biografía de Enrique Tierno Galván ve la luz cuando se cumplen cuarenta años de su fallecimiento ejerciendo el cargo de alcalde de Madrid y sirve para actualizar su figura de incansable luchador por la democracia y como modernizador de la ciudad de Madrid desde su llegada a la alcaldía de la capital.

Además, este ensayo sobre uno de los más populares protagonistas de la transición cita a cerca de dos centenares de protagonistas de la Historia de España entre 1918 y 1991 y cuenta con un prólogo de Juan Barranco, alcalde de Madrid entre 1986 y 1989.

7 de febrero de 2026

La mujer de la mesa de al lado

En aquella oficina compartíamos mesa los dos y, aunque la redacción del periódico no era gran cosa, publicábamos noticias interesantes, e incluso alguna vez dimos la primicia de algo con escaso recorrido. Confieso que hacíamos una buena pareja, profesionalmente al menos, pero nuestras formas de ser, y sobre todo de actuar, eran bien distintas. No sé si sentí algo por ella, ahora creo que sí, pero opté por no confesarlo. Sé que mi mirada dice mucho más que mis palabras. Casi siempre nos hablábamos poco; nos comunicábamos escasamente, reduciendo el contacto a mirarnos fijamente. Únicamente cuando hacíamos trabajo de campo conectábamos bien. La admiraba, sí, pero entre ella y yo habitaba un abismo enorme, pues nos separaban la edad, las lecturas, ciertos gustos y no sé qué cosas más. La vez que publicamos el "Caso Smith" -el fingido incendio de unas oficinas con la finalidad de ocultar pruebas de un crimen a puntos de prescribir- fue cuando estuve más a punto de confesarle mis sentimientos... pero no lo hice. Ni siquiera el valor que da una copa me facilitó la causa. Cuando tres años después el periódico comenzó con sus problemas económicos, yo mismo corté con ellos, decidido a abandonar el país y regresar a Europa. A ella no se lo dije, no le avisé, no supe hacer lo correcto. Probablemente el miedo escénico a que ella me pidiera que me quedase allí me hizo dejar una escueta nota sobre su mesa, justo la tarde anterior a tomar mi vuelo en el JFK de Nueva York. Ahora estoy aquí, sentado en otro escritorio, algún tiempo después, introduciendo su nombre en un buscador cualquiera...

4 de julio de 2025

La vida pende de un torcido estambre

 


Mi vuelo, si todo iba bien, saldría del Aeropuerto JFK a las doce en punto. Allí, en aquel apartamento ajado del West Village, ya no quedaba nada que me recordara, pues todo había quedado embalado en cajas de cartón de la compañía de mudanzas. Nada, casi nada, era ya mío, salvo algunas novelas de tapas desgastadas de la Generación Beat. Todo había acabado gracias a una frase de Mr. Wilson: "sus servicios no nos son necesarios, así que puede usted recoger sus cosas". Sí, la cagué en un balance y no hubo una segunda oportunidad ni tampoco otra opción de permanecer en la gran ciudad. Lo mejor, como indicaba el billete de vuelo de mi bolsillo, era poner tierra de por medio... salvo que se produjese la llamada. Sí, una llamada. Corre por ahí una frase que dice que, a veces, el silencio ya es una respuesta. Así era ella. En ese momento, con el taxi esperando en la puerta, lo único que yo quería era que sonase el teléfono de nuestro apartamento; que ella me pidiese permanecer en Nueva York e intentarlo de nuevo. Una segunda oportunidad de esas que solo unos poco privilegiados tienen de vez en cuando. Cogí la maleta, miré alrededor y recordé el final del poema "La llamada", de Gerardo Diego -que la IA de Google desconoce-: "la vida pende de un torcido estambre". Así son las cosas. Cuando mi taxi ya iba camino del aeropuerto alguien que vive al final del pasillo de mi vieja casa del West Village oyó desde mi antiguo apartamento la insistencia del rugir de un teléfono. 

18 de mayo de 2025

Dos cuadernos de tapas de hule

Cuando Mike Donovan, mi antiguo casero parlanchín, abrió de nuevo la puerta de mi anterior apartamento de la Calle 42 me vinieron de golpe multitud de recuerdos. En aquel tiempo yo tenía un trabajo del tres al cuarto como ayudante de bibliotecario y, por las noches, ordenaba los estantes de una librería de viejo de Union Square, además de poner cubos para que las goteras de los días de lluvia no hicieran daño a los volúmenes. Aquella vivienda la compartía con una chica canadiense que estudiaba física y que, además, bailaba ballet en no sé bien dónde. Nuestra relación era solo económica, pues yo apenas pasaba tiempo allí, salvo el tiempo justo para dormir, o cocinar los domingos; eso sí, un día al mes recogía su parte y se la daba al casero. Incluso durante un tiempo se vino a vivir con nosotros un tipo de la India que vendía comida rápida por Brooklyn, pero ahora mismo ya ni recuerdo su nombre. En esta ocasión me acerqué al lugar porque había dejado olvidado en un altillo mi bate de béisbol y lo necesitaba para un partido benéfico en Queens. En aquellas dos cajas había de todo, especialmente objetos que le pertenecieron a ella, que sin duda debió residir allí dos o tres años más que yo. Según Mike, la chica dejó pagada su última mensualidad, se fue una mañana de la pandemia y nada más se supo... Cogí también dos cuadernos de tapas de hule que ella había anotado con asuntos suyos, pues mi curiosidad no me permitió quedarme sin saber aquello que había ido escribiendo con letra menuda y firme. También había unas fotos de ella, posiblemente de algún verano ya lejano, ya que no era fácil reconocerla. Al leer aquellos dietarios se me presentó una mujer de ficción -pues ya digo que apenas hablé con ella-, pero muy interesante, de tal modo que me prometí que algún día la buscaría para devolvérselos, no sin antes escribir una novela con su historia. 

 

31 de diciembre de 2024

La década del cambio en España (1979-1989)

 


La década del cambio en España (1979-1989) traza una visión de la España de los años ochenta tomando Madrid como epicentro de la explicación de numerosos acontecimientos políticos (la victoria electoral de Felipe González, la entrada de España en la OTAN y la UE, la consolidación del PP como alternativa, el regreso de Adolfo Suárez con el CDS, las mociones de censura de 1989…), sociales (el terrorismo, el SIDA, la drogadicción, el paro…) y culturales (la movida, el fútbol, el cine, la literatura, el teatro…). En las páginas de este ensayo ameno y divulgativo se citan más de dos centenares de protagonistas de aquella década, denominada por Francisco Umbral como «la década roja». A los líderes madrileños Joaquín Leguina y Juan Barranco se suman otros protagonistas como José Mª Álvarez del Manzano, Alberto Ruiz-Gallardón, Enrique Tierno Galván, Felipe González, Manuel Fraga, Adolfo Suárez, José Mª Aznar, José Bono, Antonio Hernández Mancha, Esperanza Aguirre, Mario Conde, Florentino Pérez, Jesús Gil, Ramón Mendoza, Pilar Miró, José Luis Garci, Pedro Almodóvar, Luis Alberto de Cuenca, Almudena Guzmán, Juan Madrid o Almudena Grandes, entre otros. El libro, que además alude a acontecimientos internacionales, cuenta con prólogos del exalcalde de Madrid, Juan Barranco, y del catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Castilla-La Mancha, Manuel Ortiz Heras.


Algunas referencias sobre este libro han sido publicadas por Cuadernos Republicanos (Núm. 116, pág. 103)Periodista DigitalEl Confidencial DigitalMajadahonda MagazinOviedo DiarioCómoMadrid DiarioDigital SevillaCrónica 7Diario MallorcaMálaga 24 horasDigital ConfidencialPalencia 24 horas o El Mundo Empresa, entre otros medios. El diario albaceteño La Tribuna de Albacete publicó una entrevista con el autor en octubre de 2024, así como Radio Eiberoamérica. El libro se puede adquirir en Librería Herso (Albacete)Popular Libros (Albacete)Troa (Madrid)Juan Rulfo (Madrid), FNAC, Casa del Libro, El Corte Inglés, Amazon, La Hoja (Tobarra), Libros (Hellín), Librería Circus (Albacete) y en la web de la editorial Cuadernos del Laberinto


21 de abril de 2024

Olvidadas despedidas


Cuando abrí la caja de la mudanza y la dejé sobre la mesa de mi nuevo despacho de trabajo no di crédito a los recuerdos que se agolpaban en su interior. Ahora no estoy absolutamente seguro, pero debían ser cosas de mi estancia en Praga, cuando fui enviado allí como corresponsal. Saqué una fotografía suelta, perdida entre las páginas de un libro, probablemente realizada por mí mismo con mi cámara de entonces: en ella salía una chica sonriente tomando un café en un lugar bastante elegante. Aunque Don Quijote le dijese a Sancho que el tiempo nos concede dulces salidas a muchas amargas situaciones, el tiempo realmente termina borrando elementos de nuestra memoria. Cuando volví a mirar la fotografía fui consciente también de que algunas despedidas son definitivas, porque ciertas situaciones, y con ellas algunas personas, son solo momentáneas. Cuando conoces a alguien, o incluso cuando te identificas plenamente con otra persona -incluido el plano amoroso-, no siempre existe la perfección ni la eternidad, y algunas veces estamos condenados a acompañarnos poco tiempo; quizás intenso, sí, como parece decir la sonrisa de la mujer de la fotografía. Luego la vida te lleva por mil caminos llenos de baches y tortuosos resaltos. De fondo oigo sonar el teléfono y es cuando me pregunto dónde estará ella en este momento, cuál será ahora su conversación y cómo habrá cambiado su sonrisa... Pero, sobre todo, me pregunto qué pensará ella cuando alguna vez se encuentre con esa otra fotografía, en la que salgo yo. 

12 de enero de 2024

Fantasmas del pasado


Esa noche el coche decidió dejarme tirado en mitad de la España vaciada. Confieso que la nieve había hecho acto de presencia y la carretera nacional resultaba intransitable, por eso durante veinte kilómetros quise apurar hasta la capital, pero acabé optando por refugiarme en algún sitio mínimamente habitado. Aquel bar en mitad del pueblo, justo debajo de la pensión, tenía a esa hora intempestiva varias mesas ocupadas: un matrimonio con su nieta, tomando algo; cuatro paisanos echando un partida de cartas, ajenos a la tormenta. Al fondo, una mujer joven leyendo un libro. La dueña del sitio pronunció algo por cortesía mientras me ponía un café con leche y un bocadillo de alguna cosa poco susceptible de cocinarse con lentitud; al fondo, la televisión resaltaba la DANA (antes llamada "gota fría") y avisaba del próximo derby del siglo. Aposentado en la barra, miraba de soslayo el periódico provincial cuando caí en la identidad de la mujer solitaria: una ex de quien no tenía noticias en muchos años. Claro que, ahora, llevaba un corte de pelo distinto y más favorecedor, vestía con mucha más elegancia y, además, disimulaba con acierto no haberme visto. Pensé acercarme, saludar y decirle alguna gilipollez típica de estas situaciones tan embarazosas, pero decidí no hacerlo. Al final, mientras buscaba los cinco con ochenta de la consumición -porque el bizum sin internet no funciona- me dije a mí mismo que la vida, sin algunas personas que conocimos y ya olvidamos, sería exactamente la misma actualmente. Y salí a la noche de nevada. 

24 de octubre de 2023

Agua pasada no mueve molino

 


Cuando entré en el bar de la estación de Nueva York mi intención no era otra que tomarme uno de esos cafés aguados e interminables de los americanos, refugiarme allí después de haberme calado con la lluvia otoñal neoyorkina y, a ser posible, leer en paz The Boston Globe. No sé si el azar existe o no, tampoco estoy convencido de que las coincidencias existan, pero al fondo de la barra, debajo de uno de esos horribles gorros de lana contra el frío, estaba ella. Sofía y yo habíamos compartido algo más que estudios varios años, lustros atrás. Más tarde, algo impensable -o quizás sí y yo no lo intuí- nos hizo distanciarnos, hasta el punto de que hoy no tengo un teléfono suyo. Además, algún episodio esporádico con una de sus mejores amigas terminó por enturbiarlo todo... El caso es que ahora ella estaba allí, mientras en mi bolsillo el billete me señalaba un tren hacia Boston en cuarenta y cinco minutos. Cuando Mery, la camarera cuyo nombre supe por la placa cosida al bolsillo, me puso el café pensé en acercarme y hablar con ella. Total, el tiempo, según dicen los que lo pierden, lo aminora todo. Confieso haber pensado en ese instante tres o cuatro cosas con las que iniciar el contacto, aunque tampoco estoy seguro de que ella se hubiera fijado en mi presencia allí. Pagué en efectivo el dólar y setenta centavos del café y, cuando iba a coger mi maletín, giré sobre mí mismo, salí discretamente del local y escribí a mi compañera de despacho "Mañana te llevo las cookies de Murphy's que tanto te gustan",  y terminé con ese emoticono tan útil del beso con un corazón rojo. 

9 de julio de 2023

Una escena bajo la canícula

 

El coche me avisa de que el calor también le afecta, por eso decido parar en un pueblo diminuto, junto a la carretera nacional que me lleva a una capital de provincias castellana. La vida se ha detenido aquí, bajo un sol abrasador; las terrazas se encuentran desiertas a esa hora, aún temprana. Aparco lo mejor que sé y puedo, obligado a no taponar un vado estrecho, y decido tomar un refresco, porque me esperan en la innominada ciudad a la hora de la siesta, para mediar en una herencia que tiene pinta de acabar mal. El mesonero es un tipo cabreado, que golpea con mala leche una máquina de café que debe llevar allí desde Alfonso XIII, por lo menos. Me pone un brebaje oscuro con hielo y un vaso de agua; cuando me siento observo al fondo a una mujer joven leyendo. Lo extraño es que esté leyendo, ajena a cualquier dispositivo electrónico, como se dice ahora. "Es la maestra", me dice una señora que juega al julepe con unas amigas. "Gracias", le respondo, pero no le añado que me ha leído la curiosidad del pensamiento. Así, desde lejos, creo que lee Trilogía de Madrid, de Umbral. Su presencia le da cierta vida a la escena: una taberna prácticamente vacía y asolada por el bochorno del verano. "Es que da clases de repaso la muchacha", añade una señora de gris, junto a la de antes. La miro con cara de póquer, pero la dama entrada en años continúa: "¿Es usted de la policía?". Cuando quiero decirle que no, ella añade: "Vendrá usted por el robo del códice de la Iglesia". Me quedo patidifuso y para quitármela de encima decido cortar por lo sano: "No, señora, soy el novio de la maestra, pero estamos peleados". Cuando su rictus de asombro aún no había digerido la respuesta, ya estaba yo subiendo al coche... 

10 de abril de 2023

Palabras de Silvia

 


Silvia Company de Castro se dio a conocer en 2019 con un excelente poema premiado en el Certamen Internacional de Poesía ‘Yolanda Sáenz de Tejada’ (El Bonillo, Albacete), cuando aún vivía en Londres y despuntaba tímidamente con composiciones breves, intensas y conectadas con las fórmulas estéticas de nuestros días. Ahora Cuadernos del Laberinto apuesta por ella con Todo lo que perdí mientras te buscaba, una ópera prima trazada en un estilo directo conectado directamente con la poesía urbana de los ochenta, aquella que se daba cita en los cafés literarios del Madrid de Tierno Galván y Juan Barranco. Recoge ahora sesenta y dos poemas más o menos breves, teñidos de verbalismo directo y de un yo plenamente subjetivo que conecta su lado más personal con el lector, atrayéndolo a través de experiencias compartidas, seguramente. La autora introduce a veces giros anglosajones (no en vano habla tres idiomas), pero traslada a un perfecto castellano esos amores-desamores, trufados de desazones, fallos y aciertos vitales que configuran no solo esta obra, sino el día a día de quien se acerque a leerlo. Tiene, además, ecos del haiku o de poemas post-it (esos que uno deja sobre la nevera para que lo lea el otro), de la poesía urbana (insisto) y de los motivos poéticos que busca el lector actual en una mujer cosmopolita, intelectual y joven como Silvia. Quizás nadie eche en falta cuestiones de hoy ni se extrañe que algunas composiciones, como la 40, sean tan breves, intensas e implacables cuando leemos: “Cuanto más cerca te tengo/más lejos me siento”. Indudablemente estamos ante palabras que perdurarán, como este libro tan novedoso y elegante.


5 de marzo de 2023

La huida


Carolina Gutiérrez, alias la Espabilá, se casó con Tiburcio el viejo por su dinero. Eso lo sabía todo el mundo en el pueblo; el tipo estaba forrado hasta los dientes, pero simpático no era. Y guapo menos, aunque vino de Suiza con una maleta repleta de acciones y billetes, según dijo su difunta primera mujer. Una tarde, en la taberna de Juancho, me dijo Anselmo el pintor que la muchacha iba a coger la pasta y a largarse, porque todos sabíamos que el Viejo tenía dinero por encima de los dos o tres millones. "Como en las bodas de Camacho, pero con dinero", dijo exactamente el Pintor, muy leído el hombre. A mí me daba igual, porque yo ya no estaba enamorado de ella, pero normal no era: ¡si se llevaban unos treinta años! El día de la boda ella llegó tarde, se casó y en un momento del banquete en que dijo que iba al baño, metió el dinero en una maleta y se fugó con Vicentito, el hijo del veterinario, vago pero gracioso. Como no volvía, Tiburcio se barruntó el asunto y telefoneó a la Benemérita de Burgos. Los demás seguimos comiendo y bebiendo, como si nada, porque una boda así no se repite en años... La Guardia Civil les dio el alto en Aranda de Duero, pues iban a Santander y luego a Francia. Como el muchacho era un poco valentón, se enzarzó a tiros con los guardias, mientras que ella se subió a un Pegaso y huyó. Vicentito murió de las heridas, unos días después. Todos pensamos que lo engañó, pues ya nos decía su abuela que muy despierto no era. Claro que el padre de la Espabilá, tan bruto y dictador, le dio pie a la hija para coger el dinero y largarse. De esto hemos estado hablando en el pueblo dos o tres años, hasta que una tarde la vimos aparecer, sin un duro y sin delito, pues se había casado en gananciales. 

28 de noviembre de 2022

De Alfonso XIII a Tierno Galván. Estampas del siglo XX español


La monografía De Alfonso XIII a Tierno Galván. Estampas del siglo XX español está ya a la venta; previamente obtuvo el III Premio Internacional Cuadernos del Laberinto de Historia (2022). El jurado acordó por unanimidad premiarlo, seleccionándolo de entre un total de 43 originales recibidos de 8 países. El libro aporta un retrato de la Historia del siglo XX a través del perfil de algunos de sus protagonistas más trascendentales, desde el “rey político” Alfonso XIII hasta el “viejo profesor” Tierno Galván. A partir de una visión documentada y creo que con un estilo ameno, en él se repasan las actuaciones y anécdotas de los jefes de Estado y de Gobierno más conocidos de España, Estados Unidos o Portugal. En sus seis capítulos aparecen las complejas relaciones personales de Alfonso XIII con el líder conservador Antonio Maura, la formación académica del general Franco y de Antonio de Oliveira Salazar y el mítico carisma del alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván. Entre sus páginas se analizan acontecimientos cruciales para España como la oposición antifranquista, los proyectos de transición a la democracia diseñados por fuerzas políticas del interior y del exilio o el trascendental apoyo para España de los presidentes republicanos de EE.UU. Junto a Eisenhower, Nixon o Ford se dan cita otros protagonistas de la Historia como Ramón Serrano Suñer, Alfredo Kindelán, Dionisio Ridruejo, José Luis Álvarez, Joaquín Leguina o Ramón Tamames. Lo puedes encontrar en las librerías de Tobarra (Albacete); Librería Libros, de Hellín; Papelería Castillo, de Almansa; Librería Circus, Librería Popular y El Corte Inglés de Albacete; Librería NeblíLibrería Antonio MachadoLa CentralPasajes Librería Internacional y FNAC en Madrid; Casa del Libro en varias provincias; Librería Cervantes, en Oviedo; La Librería Ambulante en Sevilla; Puvill Libros en Barcelona; AG Library de Málaga; Babelio, Amazon, etc. 

15 de septiembre de 2022

Buscando a las musas


Amaneciendo, la desierta playa del silencioso pueblo costero recogía la espuma del mar. En mi camino, las huellas de alguien que, muy poco antes, había transitado el mismo borde junto al Mediterráneo, se iban diluyendo, como los recuerdos, como las musas, como aquellos eternos veranos de hace unos años... La inspiración me había abandonado esas semanas, así como aquellas sonrisas que traían, al menos, momentos inevitables en la canícula de los noventa, o quizás de los dos mil, cuando éramos eternamente jóvenes, sin la contaminación ruidosa de estos tiempos inciertos que, cada día, nos traen los diarios. Sea quien fuere mi musa, se fue, atenazando la escritura en soledad silenciosa, en páginas en blanco, en inciertas dudas tachadas con bolígrafo rojo. El mar aprovecha hoy la mañana para lanzar algo de ruido sobre la playa y dos o tres jóvenes se suben a la tabla, buscando la mejor ola para el surf. En el momento de buscar un café abierto, recuerdo cuando tenía varias musas, con las palabras siempre brotando todo tiempo... Igual frente a un café humeante sea el momento de poner orden a las ideas, blanco sobre negro, pues como ha dicho siempre Joaquín Sabina: "mira que las musas no aceptan excusas".

8 de mayo de 2022

Cualquier tiempo pasado...


Me queda algún tiempo en la ciudad antes de tomar el tren y esta tarde he decidido pasear por los lugares en donde tomábamos unas cañas cuando fuimos universitarios. Encuentro el barrio algo cambiado; recordaba la plaza de Santa Bárbara o la calle San Mateo, incluso Hortaleza y Bárbara de Braganza, de otro modo: con pintas absolutamente del siglo XIX. Reconozco que me sigue resultando graciosa la placa de la "Casa de tócame Roque", entre Barquillo y Belén. Entro en un sitio al que íbamos, o era más o menos por ahí, pero ahora es otra historia: ni rastro de las consumiciones baratas ni de las chicas de letras o de los alumnos de económicas, siempre endomingados, con gomina ellos y tacones ellas. Nunca comprendí de dónde sacaban el tiempo, pues me recuerdo a mí mismo corriendo por los pasillos de las estaciones de cercanías, o de la Facultad. Me viene a la mente, como de golpe, tanta gente y tanta anécdota que parece una eternidad, aunque no lo sea del todo. Ahora, en este bar bullicioso, no atino a comprender cómo podía comunicarme con la gente, cómo pude hablar de libros con mis compañeras, cómo poníamos verde a tal o cual que sabe Dios dónde estarán hoy... Tantas horas de proyectos; tantos sábados sin un duro en el bolsillo; tantos amores no declarados; tantas noches caminando bajo otro Madrid... Cuando pago a la simpática camarera, que no se sabe mi nombre -al contrario que entonces-, empiezo a pensar que no me arrepiento de ese tiempo sin móviles ni Wikipedia ni cursos de digitalización; quizás me arrepiento ahora de lo que no me atreví a decir, porque éramos eternamente jóvenes y creíamos que la vida era un momento eterno... 

24 de abril de 2022

La chica del premio

 

 
Algunas veces pensamos cómo será el momento en que nos reencontraremos con nuestros demonios personales, pero ese día te sorprende siempre sin avisar. Aquella misma mañana los demás miembros del jurado calificador del premio de investigación más importante del Ministerio decidieron que, dado mi desparpajo verbal, yo sería el presidente. Cuando la entrevista a los candidatos hacía aproximadamente quince años que no sabía nada de ella; de hecho, habíamos acabado mal, sin hablarnos siquiera después de la intensidad de los años universitarios. Confieso que estaba enamorado de ella y si no lo dije a tiempo fue porque al mismo tiempo lo estaba de otra persona. Allí estaba ella, en mitad del aula magna, con todos sus méritos, su elegancia natural, su forma de gesticular... Cuando leí su nombre y mi voz le volvió a la memoria fue cuando se quedó completamente blanca, pero pronto prosiguió su explicación con titubeante solvencia. El resto del jurado le hizo preguntas, yo sin embargo me abstuve, pero le hubiera preguntado por su silencio, algo fuera de lugar. Finalmente, la premiamos. Al día siguiente me marchaba a mi pequeña ciudad de provincia y se me avisó de que en la cafetería del hotel me esperaban; bajé y en la mesa del fondo estaba ella, asiendo una copa de vino tinto. Me invitó a sentarme, me dio las gracias -quizás porque me imaginó quitándole su premio- y me pidió una copa, que rechacé inmediatamente: "señorita, usted ha sido la mejor y lo positivo de esto es que yo no la conozco de nada". Salí sin girarme.

24 de marzo de 2022

Le atendió...


En aquel momento y en aquella ciudad escribía de noche; cada día acudía al Murphy's pasadas las once post meridiem, pretendiendo acabar allí mi primera novela. Atendía la mesa Jenny, una chica procedente de algún lugar de Europa con intención de probar suerte en ese norte aristocrático que era la ciudad. No recuerdo día alguno en que hubiera ni media docena de personas, cada una a su manera, arracimadas en la barra; en una de las mesas, únicamente mis folios, la Parker y yo. Aquella camarera no tendría más de veintipocos años y me dejaba anotado su nombre en el ticket ("le atendió Jenny"), algo popular actualmente en este lado del océano, pero no entonces. Yo no conseguía dar forma a mi novela, menos aún supe burlar las formulaciones del New Criticism; pero tampoco la muchacha ganaba más de un puñado de dólares dejados como propina por insomnes como yo, Arthur Miller o un director de banco que abría su sucursal a las siete en punto de la mañana. Ella tenía un medio novio italiano que conducía un camión por la Ruta 66 y al que nunca veía, cuidaba de un gato enfermo y vivía en un caro apartamento sin ventilación del Upper East Side, más o menos cerca de mi casa. Confieso que una noche de nieve, solos ambos en el Café, confesamos nuestras penas con un café rebajado con whisky. Entonces yo no tenía un centavo ni había publicado más de dos o tres críticas teatrales sobre Miller en The New Yorker, pero estuve a punto de pedirle que se viniera a vivir conmigo. El día que lo supe fue una mañana sin preaviso en que su compañera Dorothy me dijo inexpresiva que había sido deportada.

23 de enero de 2022

El pasado sobre la mesa

El pasado, a veces, se convierte en un incómodo presente. Aquella tarde intuí que, tras tantos años de olvido, me correspondería ocupar un lugar a su lado en la mesa del tribunal de oposición ad hoc. Mi tren había llegado con retraso a la ciudad de provincias y yo a la Facultad tras sortear un inmenso atasco. Saludé a los diez o doce opositores, ocupé mi lugar a su lado y con gesto competente fui escuchando las disertaciones orales de todos los candidatos. Mientras, recordé las horas que había pasado, años atrás, en la biblioteca junto a ella; los momentos de estudio; el brillo de sus ojos al explicarme cualquier cosa; el singular sonido de sus pasos cuando llegaba tarde y corría hacia mí... Observé cómo ahora anotaba algo en su cuaderno y me vinieron a la mente los post-it con su singular letra indicándome cualquier cosa, incluidas las fotocopias que necesitaba para sus trabajos. Cuestiones del pasado, en fin. Quince años sin saber nada y ahora, sin dirigirnos la palabra, debíamos decidir el futuro profesional de algunas buenas personas, competentes en lo suyo. En un receso necesité enviar un mensaje a otra persona, quizás para espantar los fantasmas de ese incómodo pasado. Acabó el proceso, firmé el acta y observé en sus manos el paso del tiempo, como para mí. Me despedí de todo y fui en busca de un taxi. En la puerta, la opositora número uno me pidió colaborar en mi investigación sobre... Me sentí incómodo porque algo similar pasó en... En fin, quise decirle que no, "para no cometer de nuevo el mismo error de hace quince años". Pero quince años lo cambian todo... o igual nada.

11 de diciembre de 2021

Las viejas cartas

Después de muchísimo tiempo vuelvo al pueblo y percibo que la casa guarda el frío de diez o quince años sin habitar: los demás herederos me han encargado cerrarla definitivamente, pues apenas tienen interés en ella y yo no reúno el dinero suficiente para quedármela. Enciendo la chimenea decorada con ciertas ínfulas, pues la caldera dejó de funcionar más o menos antes de la Revolución Gloriosa y me sirvo uno de los magníficos vinos de la bodega. Es el momento de sentarme en el codiciado sillón de los veranos de mil novecientos... De un cajón del salón saco antiguas cartas: aquellas misivas que intercambiaba con las compañeras del Instituto y, más adelante, de la Facultad. Noticias, vaivenes, cotilleos y buenos deseos de cuando no existía internet ni tampoco whatsapp. Confieso que me ha costado recordar algunos nombres, más claros tras salir su aspecto actual en el buscador del móvil. A pesar del tiempo, el papel está aún blanco, los sellos visibles... y el recuerdo de ir al buzón y recoger la carta o la postal; responder y esperar... Se me hace aquel un tiempo lento, pero hermoso. Aquellas letras, íes con un círculo arriba, mayúsculas adornadas... la premura del amor, la incertidumbre del reproche, guardar la carta junto a las otras... De una de ellas cae una foto de carné, con una dedicatoria por detrás: ahora caigo en que es X, casada creo y con hijos. No sé qué estudió, pero se fue a una ciudad de provincias y apenas se deja ver desde entonces... Otra me recuerda una cita para septiembre, tal día a tal hora en tal sitio: "allí nos vemos y lo hablamos". ¿Fui o no fui? ¡Joder!, aseguro que no lo recuerdo. Cogidas con una goma hay un montón de cartas de la que fue mi mejor amiga y ahora ni nos hablamos por algo que no recuerdo. La primera inercia es acercarme a la chimenea y quemarlas todas; total, no soy nadie tan importante como para que sean leídas dentro de treinta o cuarenta años... Cuando me acerco al fuego paro, lo pienso, respiro hondo, tomo un sorbo de vino y...

29 de noviembre de 2021

En una gélida noche

 

Cuando el tren se deslizó lentamente por esa estación de provincias intuí que pasaríamos la noche tirados en mitad de la nada. La nive aún caía tímidamente y el frío calaba nuestros huesos como nunca antes. El jefe de Estación nos pidió calma y a continuación explicó la situación: más allá de los montes el temporal impedía seguir ruta. Sería cosa de una única noche y en la pequeña sala habilitada para los cinco o seis pasajeros había espacio suficiente. Me acomodé junto a la chimenea, al lado de una chica más o menos joven. Se presentó como adjunta a la dirección de una compañía de Bohemia-Moravia, no recuerdo bien. Hablaba perfectamente castellano y la noche se nos pasó entre libros, comidas, viajes y otras conversaciones más o menos amenas. En aquella estación rural, cuyo nombre era algo así como Bastilia, o por el estilo, nos dieron café, pastas y varias cosas más durante la gélida madrugada. Me gustó mucho su acento, pero también sus ojos me impactaron... Cuando llegué a la capital, con tiempo suficiente para enlazar con el avión a Madrid, adquirí un mapa e intenté comprobar el lugar en donde había pasado la noche: no aparecía. Pensé que el pequeño pueblo era poco más que una aldea, nada importante. Sin embargo, la duda o la sorpresa me atenazó cuando alguien de Información del Aeropuerto me explicó que la compañía anotada en la tarjeta de mi compañera nocturna de viajes no existía. Al subir al avión y escucharlo, apenas pude creer el mensaje del comandante: "Señores viajeros, la temperatura actual en Bohemia y Moravia es de treinta grados, propia del verano local. Abróchense los cinturones y...".

21 de septiembre de 2021

A contracorriente


Mientras espero, advierto ser el único que ha leído la indicación de la entrada ("máximo dos personas"), pues en el comercio debe haber, en ese instante, seis o siete individuos. ¡Qué más da! Además, en tiempos de dedo fácil y lectura radicalmente incomprensiva, tampoco sigo la corriente a las dos fumadoras que se ríen de la metereóloga Isabel Z. por no haber dicho lo que los memes dicen que sí dijo. Como suelo hablar con algún dato -a veces incluso con media docena-, la chica preguntó para los bomberos: "bueno, ya no como se apaga un volcán, obviamente, sino cómo se apagan los posibles incendios que se puedan producir a su alrededor, qué consejos les daría". ¡Qué sacaría con reíme de una persona que sabe más física que yo, por ejemplo! Sigo adelante con mi paseo, casi bajo la lluvia, saludando poco después a algunas personas, entre otras a una chica con El sí de las niñas en las manos; como me relaciona con la literatura, me explica que "está muy chulo", aunque su madre cree que los 8,74 euros que cuesta son un dineral, no así los 659 del móvil que se ha comprado tras el último, que se le cayó descuidadamente al váter. Al fin y al cabo, pensará, la Cultura está a un click de su dedo, ese del 40% de españolitos de a pie que no saben si una noticia es falsa o real o medio manipulada, por eso Reuters resalta con asombro que el estar informado cada vez va a menos, así como la indiferencia ante los ataques de la prensa. ¡Lo que estarán disfrutando algunos poderes fácticos! En esas, paro en el kiosko, compro el periódico en papel y me siento a leerlo, lentamente, tomando un café, porque la más de las veces sienta bien ir contracorriente.