Ayer por la tarde, en lugar de quedarme tirado viendo una película en casa decidí ir a la Feria del Libro. No tenía intención de comprar nada, a priori, aunque al final acabé hablando con Andrés Trapiello, excelente prosista, de la crítica que un amigo común le ha realizado a su última novela “Los confines” (un amor imposible: una historia imposible) en un diario de tirada nacional, ABC. Y se la compré aplazando leerme otra suya más adelante. Alguna cosa más conversamos pero debe quedar entre él y yo, porque afecta a nuestro común interés por un amigo nuestro que lo está pasando muy mal. Saludé, como no podía ser menos, a Luis Alberto de Cuenca y a Alicia Mariño, su mujer. Después de lo obligado, quedé espantado por una enorme masa de gente que pululaba por El Retiro vagabundeando sin mirar libros ni intención de comprar, solo por ver a algún escritor que sale en la tele y molestando e impidiendo caminar a los que sí íbamos mirando cosas; en el meollo de la gente se introducían papás con carritos de bebé, como si el amplísimo perímetro del parque no fuese suficiente y tuvieran que jugar al tetris con el carrito de marras; incluso hubo gente mayor, con bastón, que se quejaba de la muchedumbre que los pisoteaba sin cesar. Me enamoré de una morena con amplísimo escote que, vestida de Drácula, regalaba a los más jóvenes (a mí me debió tomar por vampiro o por viejo porque no me ‘propagandeó’) una bebida energética desconocida. No vi ni a Luis García Montero ni a Mario Vargas Llosa (este último no firma este año) y la novela de Andrés Neuman que consulté, aunque meritoria y premiada, argumentalmente no me llama. Me quedé con las ganas de saludar a Fermín Bocos por la trama de su novela, aunque con un lenguaje demasiado ligth: pensé, obviamente, que el crítico soy yo y no voy a buscar a los escritores, que deben venir. Luisgé Martín firmaba: primero que lea mi crítica a su novela en http://www.literaturas.com/ y luego que me firme, pensé igualmente. Otra cosa es que Luis Alberto de Cuenca sea amigo o Ana Merino nos diga por Facebook que firma su libro juvenil mañana. Mañana iré por última vez con la narradora Irene Rodríguez Aseijas a comprar un ladrillo de Andrés Bello (qepd) que solo los filólogos nos podemos tragar. La Feria del Libro no es lo que era: ni los que firman tampoco.(Nota bene: Aunque el sistema ponga arriba otra cosa, este post se publica el domingo 31 de mayo de 2009 a la 1.35)






















